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Pepe Berlusconi

EL INCOMBUSTIBLE PEPE BERLUSCONI, PIONERO EN ALMERÍA DE LAS TELES LOCALES. INOLVIDABLE SU “CANAL ALMERIA”
(Aportación de E. Pino)

La televisión de Pepe Fernández, para todos “Pepe Berlusconi·” tenía la proximidad del salón de casa, el calor de la mesa de camilla y la estufa, el recogimiento del sofá con encajes donde presentaba su programa de Servicio Público. “Por mil pesetas al mes, sólo por mil pesetas, pueden anunciarse”, le suplicaba a los empresarios. La emisora de Pepe olía a comida recién hecha en la habitación de al lado, al sudor de los cámaras reconvertidos también en periodistas que improvisaban un informativo con un papel y un bolígrafo en la mano. Allí todo era cercano y provisional sobre un plató desordenado y familiar donde un jarrón de flores se convertía en un lujo dentro del decorado. Aquellas emisiones llevaban impregnadas el aroma a refrito de las escaleras de vecinos, el perfume de la gente que el cámara abordaba en la calle para que contaran un chiste o entonaran una canción. “¿Quiere usted saludar a alguien?”, decía la voz del entrevistador. “Esto que día sale”, contestaba el entrevistado.
El canal de Pepe Berluconi fue la primera televisión local que apareció en escena como una aventura pasional de su creador, José Fernández López, un funcionario del Hospital de Torrecárdenas que a su manera revolucionó la información en la capital con un estilo exclusivo de entender y ejecutar el periodismo televisivo con los mínimos recursos posibles. “Está televisión no es de nadie, solamente de mi esposa y mía. No está subvencionada ni por el Estado ni por nadie”, repetía en sus charlas publicitarias.

La primera vez que emitió fue en 1985 cuando todavía no le había puesto nombre a la emisora. La llamó Vídeos López en homenaje a su madre. Retransmitía desde el número once de la calle Santos Zárate, un último piso donde tenía la antena.

La programación era muy simple: películas de serie C, algún que otro informativo de actualidad local y una batería de anuncios con los que se iba costeando. A esta etapa inicial le siguieron los años dorados del canal. Con el dinero que había ganado en publicidad, invirtió en unos estudios en el barrio de Regiones.

Como el negocio funcionaba, Pepe se permitió el lujo de crear un equipo de periodistas formado por un cámara y un redactor, además de Mari Carmen, su señora, y él mismo, que se convirtió en todo un reportero de la calle, capaz de desarrollar a la vez labores de cámara y de redactor. Una vez que el ministro Solbes vino a Almería a dar una conferencia del foro socialista, Pepe le hizo una pregunta arriesgada y el político, extrañado, le contestó que desde cuando los cámaras hacían preguntas.
Pepe lo fue todo en aquel proyecto casero en el que invirtió los mejores años de su vida. Lo mismo se echaba a las plazas a entrevistar, que iba por los comercios buscando publicidad o lanzaba una arenga al presidente del Almería desde su sillón con encaje de ganchillo. “El señor Blanes nos tiene discriminados”, decía enfadado cuando no lo dejaban grabar imágenes de los partidos.
Él puso de moda la televisión de calle con tres programas que tuvieron mucha aceptación entre los almerienses: ‘Vamos de paseo’, ‘Vamos pa la playa’, que era la versión veraniega del primero, y ‘Vamos pa la Feria’, que respondía al mismo formato que los otros dos, pero con un escenario distinto, el de las noches de Feria.

Como a Pepe le gustaba la tele viva, la capacidad de sorpresa, mandaba a sus redactores a improvisar, a entrevistar al primero que encontraran tumbado en la arena de la playa del Zapillo. Unos contaban su vida y milagros a toda la audiencia, mientras saludaban a familiares y amigos, y otros se ocultaban debajo de las toallas a la vez que con un gesto expresivo de la mano mandaban al cámara de paseo.
Los fines de semana, el canal de Pepe tenía su hora golfa que era la más seguida. A las doce de la noche llegaba el momento del erotismo. “No se vayan. No se muevan de ahí. Ya saben lo que viene ahora”, decía Mari Carmen para presentar la película de la noche. Aquellas cintas amarillentas, gastadas de tanta guerra, se repetían de madrugada hasta la saciedad, por lo que más de uno se sabía los diálogos de memoria. Aquellos actores y actrices ligeros de ropa nos parecían ya de la familia de verlos tantas veces.

En los intermedios, entraba la publicidad hecha a salto de mata, sin maquillajes ni efectos especiales. “Taberna flamenca er Chi-chi”, Video club El Molino”, gritaba una voz que parecía salir de ultratumba. Cuando se jubiló, Pepe decidió dejar la tele, que tantas alegrías y tantos problemas le había creado. Quizá, algún día se decida a contar sus memorias y todas las anécdotas que le ocurrieron cuando se convirtió en el magnate de la tele local de Almería, en el Berlusconi del barrio de Regiones. “Tengo historias para escribir una enciclopedia completa”, me dice. “Ten en cuenta que por mi estudio pasaron los políticos más importantes de la provincia. Quien no salía en Canal Almería era como si no existiera”, confiesa, lleno de orgullo.

Rescatado por JOSE ANGEL PEREZ

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