Mundo Musical Almería - Historia

Información sobre la historia musical almeriense

Concha Robles

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ROBLES PÉREZ, Concepción del Pilar (Almería, 1887 - Almería, 1922). Actriz teatral.

Un esposo posesivo se cobró dos vidas inocentes en el recién inaugurado teatro Cervantes. La obra dramática Santa Isabel de Ceres tiñó de sangre su escenario. Con el aforo vendido, la expectación era enorme ante el inminente debut de la bella paisana: rubia, dulce en la expresión y de voz cautivadora. Nieta de un fundador de la banda de música municipal, María de la Concepción del Pilar Robles Pérez nació el 7 de octubre de 1887 en el nº. 14 de la calle Real de la Almedina; hija del tramoyista del teatro-circo Variedades y concertista de guitarra Juan Robles y de Pura Pérez, de familia burguesa vinculada a la abogacía. El matrimonio marchó a Madrid y allí floreció la vocación teatral de la joven. Tras el debido aprendizaje, ingresó en las prestigiosas compañías de Rosario Pino, María Guerrero, Fernando Mendoza, María Palou y Ernesto Vílches, consolidándose como primera actriz de reparto en la década inicial de la centuria pasada. En 1918 conoció y se casó con Carlos Berdugo Boti, comandante de Caballería de 45 años y 14 mayor que ella, viudo y padre de dos hijas.

Dado el carácter violento y celoso del militar, la convivencia duró escaso tiempo. Sobrados testimonios (incluido un exhorto judicial) indican que Concepción ya sufrió malos tratos –verbales y físicos- durante una prolongada estancia marital en Granada; motivos por los que decidió apartarse de él y solicitar demanda de anulación matrimonial de un militar profesional de los años veinte, con lo que ello suponía en la sociedad de la época. Pero la almedinera era dueña de un carácter enérgico y de sólidas convicciones éticas, quizás influenciada por su presumible amistad con Carmen de Burgos “Colombine”. Regresó a Madrid junto a su madre, estableciéndose más adelante en Valencia a la espera de reincorporarse a la escena. La compañía dramática de José Monteagudo y Alfonso Tudela realizaba una gira por España llevando en el repertorio, entre otros títulos, Santa Isabel de Ceres, denostada por los "bienpensantes" y diarios católicos ya que evidenciaba sin hipocresía el sórdido submundo de la prostitución, con crudos y realistas pasajes. Conchita Robles encabezaba el elenco artístico.

En enero de 1922 arribaron a la ciudad para cumplir un abono de diez representaciones. La postrera interpretación de Conchita estaba anunciada para el día 21. Enterado su esposo, radicalmente opuesto al regreso teatral, la siguió hasta Almería. La noche del crimen, el céntrico coliseo lucía magnífico, con todas las localidades ocupadas. Carlos Berdugo accedió subrepticiamente por la puerta de actores y oculto entre bastidores esperó el momento de consumar la traición. En el primer acto, cuando la protagonista se disponía a salir a escena, se apercibió de su presencia y de que este empuñaba una pistola. Intentó refugiarse a espaldas del aprendiz de la imprenta “Celedonio Peláez”, Manuel Aguilar Ruescas, pero el asesino disparó sobre ambos. Concha Robles murió en minutos y el chaval a las pocas horas, en el Hospital Provincial. El militar intentó suicidarse con la misma arma aunque no lo consumó.

La rabia y el dolor se apoderaron de la ciudadanía horrorizada ante la doble desgracia: un chiquillo de 16 y una almeriense de 35, famosa y admirada. El entierro constituyó una multitudinaria manifestación de duelo. Carlos Berdugo (con “b” de bandido), a quien los doctores Aráez Pacheco y Gómez Campana le extirparon el ojo derecho, fue atendido espiritualmente por el obispo Martínez Noval, al tiempo que recibía muestras de afecto del estamento militar (su padre alcanzó el generalato) y de influyentes familias castellanas. El juez de Instrucción le tomó declaración. La prensa local no recoge ningún telegrama remitido a las madres de las víctimas dándoles el pésame, ni que el prelado de la diócesis participara en el sepelio. Un consejo de guerra condenó al marido asesino a cadena perpetua por parricidio (el de su esposa) y a catorce años por la muerte del chaval. Condena que comenzó a cumplir en el penal de la isla Chafarinas, en el que presumiblemente le sorprendió el alzamiento militar de Melilla el 17 de julio de 1936, fecha en la que le perdemos el rastro.

Sevillano Miralles Antonio





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Concha Robles Pérez nació el 17 de octubre de 1887 en la calle de la Almedina. Su padre, Juan Robles era compositor y guitarrista. Trabajo en el teatro como tramoyista. La madre se llamaba Purificación Pérez. Cuando murió asesinada tenía 35 años. El autor su ex marido, el comandante Carlos Berdugo Boto de 49 años de edad. Con apenas 12 años sus padres por motivo de trabajo se trasladaron a Madrid. Siendo adolescente y con alma de poetisa se siente atraída por la magia del teatro. A los 25 años consigue entrar en la compañía de Maria Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza condes de Bazalote y Fontamar considerada como la primera compañía artística de España. Ingresar en la compañía fue una tarea bastante dura y compleja ya que las exigencias eran muchísimas. Como dato curioso indicar que una de las pruebas de acceso que debían superar los aspirantes consistía en recitar a la perfección los versos de “El Alcázar de Perlas” obra del poeta almerienses Francisco Villaespesa. En los primeros meses del año 1912 Conchita Robles supera las pruebas y entra en la compañía. En esas fechas colabora en distintos diarios como poeta. Son años difíciles. Por causas que no se explicitaron suficientemente, la compañía de María Guerrero se marcha de gira a América y la actriz almeriense se queda en Madrid. Se comentó entonces que fueron los padres quienes se opusieron al viaje. Las causas reales parecen ser que fueron otras. En ese paréntesis, Conchita Robles se enrola en la compañía de Maria Palov y Ernesto Vilches. En aquellos años, 1920 la almeriense gozaba de un extraordinario prestigio como primera actriz.

Y llegó la tragedia. Fue el 21 de enero de 1922. Esa es la fecha del estreno en Almería de la obra teatral de Alfonso Vidal Planas, "Santa Isabel de Ceres". Una obra, cuyo argumento venía marcado por la polémica y el escándalo. Giraba en torno a la vida de las piadosamente conocidas como las "vendedoras del amor" con toda la difícil problemática que el tema llevaba consigo en una época marcada por el puritanismo de una sociedad encasillada.

El escenario del Teatro Cervantes se pone a punto. El morbo está en la calle. La compañía ultima los ensayos. La prensa católica trata de boicotear la representación calificándola como inmoral e irrespetuosa. Por su parte los empresarios del teatro, de gira por España, avivan los ánimos, advirtiendo al público que en uno de los pasajes de la obra, el drama incluye una escena de disparos y muerte de alguno de sus protagonistas. En la capital hay expectación aunque el público está dividido. Los más conservadores entienden que se trata de una obscenidad, mientras que los jóvenes y de talante progresista cuentan impacientes las horas para que comience la actuación.
La primera actriz de la compañía era una joven de 27 años, Conchita Robles Pérez, recientemente desligada del cuadro artístico de María Guerrero. La bella protagonista, había nacido en Almería, aunque desde su infancia por las calles de la Almedina, cuando sus padres marcharon a otra ciudad, no había venido hasta la capital. Su padre tramoyista, le inculcó desde muy temprana edad la vocación y el amor por el teatro. Su vida sentimental estuvo salpicada de breves amores y de escasa relevancia hasta que en su vida se cruzó Carlos Berdugo, un comandante de Caballería destinado en el Regimiento de Cazadores de Lusitania 12, al que se le conocía entre el pueblo como los “Húsares de la muerte” en alusión clara al distintivo de la unidad, una calavera y dos tibias cruzadas y cuya guarnición se encontraba radicada en Granada.

Carlos Verdugo, estaba viudo con dos hijas y le llevaba catorce años de diferencia a la actriz almeriense. Tras un noviazgo relativamente corto la pareja se casó y fijaron la residencia en la capital de Los Carmenes donde el oficial está destinado. El militar había retirado del teatro a Conchita Robles. El matrimonio no tuvo descendencia y las relaciones entre ambos se fueron enfriando paulatinamente. Conchita echaba de menos el mundo del teatro y el militar, hombre serio y adusto no le dio ninguna facilidad para su regreso por lo que la actriz decidió separarse planteando ante los tribunales la separación judicial. Libre de ataduras, la actriz regresa a Madrid donde vivió con sus padres y meses mas tarde decide volver a los escenarios. Lo hace en el Teatro Eslava de la capital de España como primera actriz de la obra “Santa Isabel de Ceres” escrita por Alfonso Vidal y Planas.
El tema de la obra es polémico. Tiene como fondo la vida y milagros de las prostitutas o “vendedoras del amor”- como se decía entonces-en alusión muy clara a la madrileña calle de Ceres donde abundaban las llamadas casas de “mala nota”. El argumento que escandalizó a gran parte de la sociedad española trataba de alguna manera de “divinizar” a las prostitutas, figura principal sobre el que giraba la representación.

El 11 de enero de 1922 los periódicos de la capital anunciaban la representación de la obra en el Teatro Cervantes de Almería. Al frente de la compañía Tudela-Monteagudo figura como primera actriz la almeriense Conchita Robles. En la calle el ambiente estaba caldeado con opiniones encontradas. El estreno de la obra en la capital polarizaba el argumento de las tertulias en los bares y cafés de la ciudad.

La prensa católica hizo una fuerte campaña contra la obra y su representación. En la propaganda, tachada de inmoral se advertía a los espectadores que durante la representación había escenas fuertes e incluso sonaban disparos. El público agostó las entradas el día del estreno. La presencia de la almeriense como primera actriz no dejó indiferente a sus paisanos.

Y llegó el día 21. El ex marido de la actriz, el comandante Verdugo un día antes se desplazó secretamente desde su lugar de destino, el cuartel de la Remonta en Cuenca, con la idea preconcebida de matar a su ex mujer. Se dice que durante parte de la mañana y tarde se le vio por el Café Colon tomando consumiciones y leyendo los diarios hasta la hora de la función. Cuando estaba a punto de iniciarse la representación el resentido ex marido se presentó en la puerta de entrada de Artistas del teatro. Su presencia intimidó al portero a quien le entregó una tarjeta de visita de un empresario de Ciudad Real para que se la hiciese llegar a Conchita. El militar aguardó entre bastidores a que el portero regresara del camerino con la promesa de la actriz de verle una vez concluida la función ya que la muchacha creyó realmente que se trataba de ese conocido empresario teatral residente en la ciudad castellana.

Berdugo se situó junto a un tramoyista y a poca distancia se encontraba el chaval de 16 años, Manuel Aguilar aprendiz de la imprenta Peláez donde se confeccionó la cartelería y los programas de mano del anuncio de la obra, quien con curiosidad seguía los primeros movimientos escénicos. Al salir Concha del camerino y empezar a bajar las escaleras, se quedó petrificada al ver a su ex marido en actitud amenazante y con una pistola en la mano. La joven actriz despavorida y conociendo las intenciones de Berdugo, por instinto de conservación creyendo que podría aplacar las iras del furibundo militar se colocó detrás del joven aprendiz pensando que no se atrevería a disparar contra un inocente. El oficial sin titubeos hizo varios disparos. Los espectadores del patio de butacas se quedaron atónitos ante el estruendo de las detonaciones. Concha Robles herida de muerte llegó a salir al escenario donde se desplomó. El público comenzó a aplaudir ante “una muerte tan natural” que formaba parte del drama aunque la función apenas llevaba diez minutos. Los aplausos cesaron de raíz, cuando el niño con la camisa ensangrentada tras salir al escenario se desplomó moribundo sobre los espectadores de la segunda fila. Los asistentes al espectáculo desconcertados no sabían nada de lo que estaba ocurriendo. El director de la obra gritaba en medio del escenario intentando explicar lo ocurrido.

Entre los espectadores se encontraban Sixto Espinosa director del periódico “El Faro” y el medico almeriense José Gómez Campana que fueron los primeros en subir al escenario comprendiendo la gravedad de los hechos saltando como resortes de sus butacas. En dos saltos alcanzaron el escenario, recogiendo del suelo el estremecido cuerpo de la actriz que expiró en presencia del gobernador civil de la provincia, César Medina Bocos, que acudió también en auxilio de las victimas. El resto de actores estaban paralizados sin capacidad de reacción. El medico y el periodista colocó el cuerpo de la actriz sobre un sofá que formaba parte del atrezzo tratando de reanimarla. Fue en vano. Sixto Espinosa que conocía al comandante Berdugo y que se encontraba en uno de los laterales del escenario se dirigió hacia el militar increpándole duramente. El oficial con los ojos desencajados y los puños cerrados sin responderle sacó de nuevo la pistola y se disparó un tiro en la sien cayendo al suelo fulminado. La madre de la actriz, Purificación Pérez que se encontraba entre el publico subió también al escenario tratando de detener al asesino antes de que se disparase.

Poco después el moribundo adolescente Manuel Aguilar era trasladado hasta el Hospital Provincial en extrema gravedad. Horas más tarde, de madrugada falleció. El comandante Berdugo fue trasladado hasta la Casa de Socorro y después tras una primera cura de urgencia se le trasladó al Hospital Provincial. Presentaba una herida muy grave en la cabeza pero sin embargo no murió. El obispo de Almería, fray Bernardo Martínez Nova fue a confesarle al centro sanitario. Berdugo quedó tuerto y una vez restablecido de las heridas fue juzgado y condenado a cadena perpetua por los dos asesinatos. El cadáver de Conchita Robles Pérez fue trasladado al domicilio de unos familiares en la calle El Pueblo. El 22 de enero el ataúd de la actriz fue llevado a hombros hasta las puertas del Teatro Cervantes donde le esperaba el féretro del pequeño aprendiz de la imprenta Peláez. Desde allí partió el cortejo fúnebre. En un coche blanco tirado por dos caballos iba el cuerpo sin vida del adolescente y en un coche negro con cuatro caballos el cadáver de la infortunada actriz. Toda Almería salió a la calle. Al frente de la manifestación del duelo figuraban entre otras autoridades el alcalde la ciudad, Fernando Muñoz, el Gobernador Civil, Cesar Medina Bocos y el presidente de la Diputación de Almería, Rufino Brea. La joven Conchita Robles, según crónicas de la época, era una bella e inteligente muchacha ilusionada con su trabajo con una amplia proyección en su carrera artística prematuramente frustrada. Pero la historia de este crimen pasional quedó de alguna manera marcado por la obra "Santa Isabel de Ceres" con otras trágicas consecuencias donde la muerte fue también protagonista, que algunos se apresuraron a calificar como una justa decisión divina.

La sombra alargada de "Santa Isabel de Ceres" se cobró nuevas victimas mortales. El autor de la obra, Alfonso Vidal y Planas mató meses después, en uno de los rellanos del Teatro Eslava de Madrid, al diputado y escritor almeriense Luis Antón de Olmet.

Más tarde, otra persona que intervino en la puesta en escena de la obra en Almería, Tadeo Villalba que había decorado los techos y paredes del recién construido Teatro Cervantes, mató en una reyerta a un duque, que al parecer pretendía quitarle a su novia. La tragedia en tres actos, se cerró cuando ese mismo año, Alfonso Tudela, un actor de elenco artístico de "Santa Isabel de Ceres" moría trágicamente a manos de su suegra, que lo degolló cortándole la tráquea con una navaja de afeitar.

JOSE ANGEL PEREZ

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