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Escritos de Juan Miguel Soriano Rubio

juan soriano <juansorianorubio@yahoo.es> 4 ene. 2008 3:23
Rectificaciones al e-mail sobre algunos aspectos de la vida canadiense.

1.- No es cierto que en el hokey canadiense no exista enfrentamiento violento y la pelea declarada, puesto que el árbitro, al menor atisbo de explosión violenta, interrumpe el inicio de la pelea inmovilizando a los contendientes. Eso ocurrió en el encuentro que presencié en Edmonton. Sin embargo, he observado cómo en otros partidos de hokey, sí que los jugadores se enzarzan en una terrible pelea a puñetazos mientras el árbitro espera pacientemente que uno de los contendientes hinque una rodilla en el suelo para iniciar la separación. Lo he visto en la tele.

En mi opinión, aspectos negativos de la cultura canadiense:

Proliferan en todos los bares y restaurantes las pantallas de televisión, perfectamente distribuidas, de manera que cualquier cliente, se encuentre donde se encuentre, pueda vislumbrar con precisión, sin ningún esfuerzo, lo que se proyecta en ese momento. Esto, en principio, sería loable, sino fuera porque lo único que se proyecta son deportes  competitivos y violentos. Pero hay algo peor: constantemente se ofrecen combates de Kárate, de manera que mientras estás comiendo tranquilamente, si se te ocurre levantar la cabeza, es muy probable que te encuentres con una escena sangrienta del deporte más violento y letal que existe en el mundo. Me alegro de que todavía en Europa, para presenciar un combate de Kárate, es imprescindible asistir a un local privado. No creo que ningún estado tenga derecho a imponer a sus ciudadanos los deportes violentos a través de la televisión.

Al igual que hay escuelas de boxeo para niños en Inglaterra, hay escuelas de hokey para niños en Canadá. En ellas se les adiestra en el deporte rey del país. No podrán evitar que los niños, una vez convertidos en jóvenes profesionales del hokey,  internalicen que, una buena parte del espectáculo en el que van a participar, consiste en darse de hostias con un contrincante por una simple mala entrada. Mientras en Europa se intenta por todos los medios erradicar la violencia en el deporte, penalizando, cada vez con mayor severidad, a los violentos, en la cultura norteamericana se sigue adiestrando a los niños y jóvenes en  la cultura de la violencia. ¿No constituirá este ejercicio un entrenamiento necesario para la formación los futuros  integrantes de los ejércitos que han de seguir controlando la energía, las materias primas y los mercados en todo el mundo? 

* * *                               

EL BÚHO GIGANTE CANDIENSE
Al llegar, creí ver una sombra. Estaba en lo cierto, una sombra nos había acompañado todo el camino. Durante el trayecto, un búho gigante nos siguió durante un buen rato, planeando encima del automóvil; se le veía la panza y las enormes alas agitándose con cierto ritmo. A pesar de que sus ojos permanecían ocultos por la noche y su posición con respecto al coche, mi amigo aseguro:

-Es un búho gigante canadiense.
-Es de noche. Cómo puedes asegurarlo?
-Es inconfundible.
-Es como si quisiera acompañarnos- dije mostrando interés.
-No lo creo.

Al cabo de un buen rato, el animal seguía ajetreando sus alas, y su vuelo, que por su propia naturaleza no se mantenía en todo momento sobre el eje central del automóvil, sino que a veces se desplazaba a izquierda y derecha, resultaba perfectamente visible, al menos tal y como el espectro de la noche podía mostrarlo.

-Nos sigue, sin duda- dije abriendo la ventanilla.
-Cierra la ventanilla o moriremos congelados- aseguro con fuerza mi amigo, levantando algo la voz.
-No puedo perderme esto, es demasiado; se trata de una oportunidad única en mi vida.

-Tu vida ya ha estado colmada de aventuras y lances. Que más quieres? Acaso no has tenido bastante?

Desoyendo el juicio de mi amigo, completé la maniobra y extendí mi brazo buscando ingenuamente algo del búho.

-Por Dios! Te has vuelto loco?-grito.
-Ya lo tengo!- grite.

El coche comenzó a zigzaguear a merced del hielo de la carretera. Mi amigo, los ojos desorbitados, resoplaba como un toro, intentando por todos los medios hacerse con el control del vehículo.

-Ya lo tengo! Ya lo tengo! -no paraba yo de gritar.
-Hijo de puta!- exclamaba él.
-Es fantástico! Un prodigio!- exclamaba yo.

Como siempre, nos dirigíamos hacia la muerte, solo que esta vez en auto, a veinte grados bajo cero y acompañados por un búho gigante canadiense.

-Cuántas veces has muerto a lo largo de tu vida?- dije lleno de gozo.
-Canalla! Si salimos de esta me las pagarás!-

Su voz quebrada retumbaba en el ocaso de la noche ciega y cavernosa. Realmente daba pena. Despertó de su sueno glorioso a las monjas insensibles del convento más cercano. A mi no conseguía despertarme.

-Nos dirigimos hacia la gloria!- grité.

Abatido por los acontecimientos, comenzó a echar espuma por la  boca, las manos asidas con fuerza al volante.

El vehículo, finalmente, se salió de la carretera y se incrusto en un cercado que amortiguo el golpe. En medio de la nieve, desde el satélite o desde el cielo, se nos veía como un par de imbéciles atrapados. Desde muy arriba, el minúsculo auto no era nada, como nosotros, como todos los vehículos que circulaban en ese momento, como las monjas, la ciudad, la nación y la esfera terráquea toda.

Te mataré!- dijo sin apenas resuello, intentado sin acierto, con manos temblorosas, enjugarse la boca.

-Lo siento; no pude contenerme- dije dulcemente.

Por alguna instancia, encontró las fuerzas para clavar sus ojos en los míos. Lo hizo. Habitualmente pequeños, se hincharon llenos de ira, las pupilas dilatadas como un canino ante su presa.

-Dónde está el búho?- gritó enardecido.
-No lo sé- aseguré firmemente.
-Pero no lo tenías?- preguntó, a punto de estallar.
-Nunca lo tuve.
-Ni siquiera llegaste a rozarlo?
-Es difícil de precisar.

Por Dios! Hemos estado a un paso de matarnos!-gritó encendido. Y añadió: Te crees que estás solo? Te has pasado la vida buscando no sé qué, perdido, errando, y me temo que aún no has acabado. Hasta cuándo?

-No sé de qué hablas.
-A quién buscabas? Una persona? Una institución? Una nación? A Dios?
-No para de nevar.
-Qué te mueve? La angustia? La duda? La impotencia?
-Aún veo la panza del búho.
-Lo tienes?
-De forma figurada.
-Responde!
-Me aburres.
-Insoportable hijo de puta!
-Me dejé llevar por el entusiasmo, al sentirlo a mi lado.
-A quién?
-Al búho.
-A quién demonios representa el búho en tu mente?
-Solo quise atraparlo, siguiendo un mecanismo que no podría definir.
-Nunca fuiste normal!
-Porque no seguí las pautas de conducta requeridas por la sociedad a la que pertenezco?
-Nunca fuiste normal!
-Porque, incapaz de adaptarme, no intervine en el proceso de reproducción de la propia sociedad?
-Te has estado rascando los huevos, mientras las personas normales hemos contribuido, con más o menos acierto, a que esto continúe.
-Fuerzas que desconoces te superan, haciendo inútil tu actividad, pues el fin de tu vida queda reducido a un simple proceso de adaptación. Si en ese proceso queda algo de tu propio yo, ya puedes darte por satisfecho.

(CONTINUARÁ)


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