Mundo Musical Almería - Historia

Información sobre la historia musical almeriense

Historia Musical en el Blog de Rick

(Blog importante - Mostramos aquí una pequeña parte)

https://eltugurioderick.blogspot.com/

https://mega.nz/#!XU9XHL4R!...
https://mega.nz/#!SZtwwQTL!...
https://mega.co.nz/#!6BVn1IgJ!...

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/07/espana-la-travesia-del-desierto-xviii.html

Nuestro paseo por la Ciudad Condal termina con una visita no menos obligatoria que el parque Güell o la casa Batlló. Se trata de Los Mustang. Aunque las razones son muy distintas, ya que la excelencia de Gaudí tiene poco que ver con las escasas pretensiones de este conjunto: si en el caso del genial arquitecto la obligatoriedad viene dada por el arrobo natural que la visión de sus obras produce en cualquier espíritu medianamente sensible, a ellos hay que citarlos por su tremendo impacto comercial. Los Mustang fueron el primer grupo español que consiguió ventas de seis cifras, un hecho que trajo consigo un notable aumento en el parque móvil de tocadiscos. Y una vez que ese maldito artefacto se apodera de la casa, las consecuencias son imprevisibles.

Los Mustangs (con "s" final) comienzan en 1959 como trío de cuerdas: dos guitarras (Marco Rossi, solista, y Antonio Mercadé, rítmica) y un bajo (Miguel Navarro). Su mayor influencia son los Shadows, pero no solo por sus piezas instrumentales sino también por su trabajo junto a Cliff Richard; por tanto, además de un batería necesitan también un cantante. Y en 1961 fichan a los dos elementos que necesitaban: a la batería tenemos a Tony Mier y ante el micro a Santi Carulla, que había pasado brevemente por los Sírex. Técnicamente son bastante buenos, y Carulla muy guapo: la suma de ambas potencias hace que se prodiguen por todos los locales de la ciudad y que pronto tengan un club de fans, fenómeno este que comienza a resultar muy importante para la buena marcha de cualquier oferta musical que se precie. No tardan en ser reclutados por EMI, la disquera más poderosa del momento, y antes de que acabe 1962 ya los tenemos grabando su primer EP, en el que se incluyen, además de tres versiones de éxitos del momento, una canción compuesta por el maestro José Solá (el que luego creará "Muchacha bonita" para los Sirex). He elegido esta porque las otras tres no aportan nada nuevo y se supone que, por ser un encargo, una pieza nueva para un grupo determinado, debería mostrar al menos en parte el supuesto espíritu de dicho grupo.

El disco no es que sea un éxito; pero consiguen unas cuantas actuaciones en Francia, donde, en sus primeros tiempos, se hacen casi tan populares como en Barcelona (llegan a actuar en la televisión francesa antes que en la española). Esto es debido a su buen nivel técnico y a su facilidad para el repertorio melódico, y además de ser un buen rodaje les sirve para traerse algunas canciones que luego versionarán aquí. Parece ser que ninguno de ellos tiene habilidades para la composición, pero sí una gran destreza con los instrumentos; por tanto su baza está en ese hecho y en el desconocimiento de los artistas originales que sufre el país en aquella época. Y su mérito, compartido con la mayor parte de los grupos nacionales de entonces, es el de popularizar el repertorio de esas figuras extranjeras que gracias a ellos se van haciendo conocidas entre el público nacional, y luego ya que ese público decida (siempre habrá gente rara con la extraña manía de leer los nombres entre paréntesis que vienen escritos junto al título de las canciones).

Estamos ya en 1963, y hay un nuevo nombre que está causando mucho revuelo allá en la Isla. Se trata de The Beatles, que sacaron su primer single a finales del año pasado, como nuestros amigos. Al principio daban la impresión de ser un grupito más, pero tras el segundo disco la cosa parece seria: comienzan a ser considerados como la Gran Esperanza Blanca, y Los Mustang (la "s" ha caído) se ponen a investigar. De esa investigación sale a la luz otro single que inicialmente solo había sido publicado en Alemania como parte de unas grabaciones como banda acompañante (bajo el nombre de Beat Brothers) de un tal Tony Sheridan, allá por el 61, y cuyo desconocimiento fue el que llevó a otro tal Brian Epstein a asistir a uno de sus conciertos y convertirse en su manager. Pero ahora ese disco ya está disponible en Britania y su canción principal se titula "My bonnie", un rock and roll que los Mustang incluyen en su segundo EP de ese año y que, tal vez sin que ellos lo sepan aún, inicia una profunda conexión con Beatles que marcará su carrera definitivamente. La versión no está mal, aunque no tiene ni de lejos la fuerza de la original; eso sí, va cantada en inglés, y todo.

Las ventas, aunque poco a poco, siguen aumentando. Y su primer disco de 1964 ya denota abiertamente su querencia por los Beatles: "Dizzy miss Lizzy" viene incluida en él, además de copiar la versión que los británicos habían hecho de "A taste of honey". Esas dos piezas no son nada del otro mundo, pero la evocación de un grupo que incluso aquí comienza a ser muy popular les ayuda a vender una gran cantidad de copias. Y alternando a los de Liverpool con canciones italianas, francesas, americanas y de algunos otros autores británicos (el mercado emergente), aumenta su repertorio al mismo tiempo que su habilidad con los instrumentos se hace proverbial. En substancia, los Mustang están adoptando el papel de alternativa moderna, a través de los discos, a las orquestas populares tradicionales: ya parece claro que nunca tendrán una sola canción de su autoría, y su objetivo es el de animar a la gente joven con los éxitos del momento interpretados con toda la fidelidad posible, fidelidad que aumentará con el paso del tiempo hasta llegar a la pura cover. Por otra parte su actitud es justo la preferida por las discográficas españolas, cuya secreta ilusión sería que todos los grupos hiciesen lo mismo, y de este modo las cosas van rodadas: su éxito se compone de una sagaz elección de los temas a copiar y de la fuerte promoción que EMI suministra a su conjunto estrella. Más no se puede pedir. Aquí les dejo el "Maybe baby" de Buddy Holy, también en 1964, y que aún tiene un cierto carácter propio: dentro de poco, las copias serán casi exactas.

En 1965, con ocasión de la visita de los Beatles a España, EMI consigue un acuerdo con Brian Epstein por el cual las piezas de sus protegidos que los Mustang vayan a copiar serán publicadas aquí un mes antes que las originales. Para el señor Epstein no hay peligro, ya que los verdaderos fans comprarán también las de sus chicos: hasta cierto punto los Mustang harán de introductores con una especie de "copia promocional" inocua, y las ventas no se resentirán. Y los Mustang, encantados. Ese truco ya se está utilizando, aunque de modo subrepticio, por otros sellos (que retrasan intencionadamente las publicaciones de algunas piezas foráneas dos o tres semanas para dar tiempo a "los suyos" a que cojan un poco de vuelo), pero esta es la primera vez que dicho truco adquiere forma de compromiso legal. Y abandonamos Barcelona despidiéndonos de estos muchachos, que están dispuestos a hacerse de oro durante toda la década como los reyes españoles de las covers. Es una táctica tan respetable como cualquier otra, pero comprenderán ustedes que nos deja sin nada interesante que contar.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/08/espana-la-travesia-del-desierto-xix.html

Aquí estamos otra vez, prosiguiendo con nuestro viaje por las catacumbas yeyés nacionales. Tras despedirnos de Barcelona bajamos a la vecina comunidad valenciana, donde a principios de la década de los 60 también las influencias francesa e italiana son predominantes, como ocurre en toda la zona mediterránea incluyendo las Baleares (al menos de momento: el segundo quinquenio en esas islas ya será más variado). Por otra parte y gracias al turismo incipiente que comienza a poblar la costa desde años antes, surgen algunas agrupaciones "híbridas", a medio camino entre orquesta y conjunto, que consiguen vivir con soltura actuando en salas de fiestas o en hoteles con su propio espacio para bailes: la mayoría de esos grupos se limitan, al estilo de las orquestas, a retransmitir con la mayor fidelidad posible los grandes éxitos de cada uno de los géneros de moda, que en aquella época eran los hispanoamericanos. Y una de esas agrupaciones, creada ya en 1952, quedará para la Historia como el primer conjunto español, con los matices que son del caso: se trata de los Javaloyas, que serán también los más longevos ya que a través de sucesivos cambios de plantilla duraron casi cincuenta años.

A los Javaloyas el tiempo no los ha tratado bien, a pesar de que su producción discográfica es muy amplia y en los años 60 fueron casi tan populares como Mustang o Sírex, además de tener unas cuantas piezas propias. Es de suponer que hay un cierto desdén hacia ellos por esos orígenes híbridos de los que hablaba antes: carecen del pedigrí "vanguardista" de los Estudiantes o Lone Star, verdaderos conjuntos desde el principio, seguidores de los géneros más modernos, arriesgados; pero en su estilo tenían un calidad técnica imbatible, y supieron ir amoldándose poco a poco a la actualidad aunque sin perder de vista su vocación de animadores profesionales. El creador y líder de esta agrupación es Luis Javaloyas, un músico valenciano que recluta a otros cuatro camaradas para amenizar fiestas y demás saraos en su comunidad, pronto también en las Baleares y luego en media España a base de sambas, boleros y demás material en boga por entonces. Su profesionalidad es absoluta, y al estilo de las orquestas se presentan uniformados, sin dar una nota de más y con una férrea disciplina; esa seriedad, unida a un gran dominio técnico de los instrumentos (aunque con el paso del tiempo ha habido muchos cambios, casi todos los que han estado en este grupo tienen carrera musical) y un profundo conocimiento de los géneros, hace que su fama los lleve ya en 1953 a Argel, donde además de las actuaciones entrarán por primera vez en un estudio de grabación.

Antes de que comience la década de los años 60, los Javaloyas han actuado en medio mundo: Francia, Italia, Alemania e incluso países más exóticos como Japón, Jordania o Irán conocen ya su amplio dominio de todo tipo de estilos, y han participado en películas además de grabar algunos discos y acompañar en Francia a luminarias como Luis Mariano o Charles Aznavour. Y por cierto, son también los primeros políglotas del negocio en España, ya que no tienen ningún reparo en cantar en inglés, francés o italiano. En 1961 llegaron a compartir escenario en el Star Club de Hamburgo junto a unos desconocidos Beatles, y durante toda esa década su fama tanto en España como en gran parte de Hispanoamérica fue muy grande. Sin embargo, su predilección por las piezas tradicionales del repertorio "latino" hizo que el público moderno nunca los tomase en serio: según su criterio, los Javaloyas eran un grupo para mayores. Pero no se puede negar su tremenda popularidad y la ingente cantidad de discos que grabaron. Y también, de vez en cuando, se atrevían con canciones más actuales, donde el bueno de Luis se lucía con esa voz digna de mayores hazañas. He aquí tres buenas muestras: "Hippy hippy shake", "Skinny Minnie" y "Gimme some lovin". Aunque en las dos primeras se nota su querencia de orquesta tradicional, la de Winwood y sus amigos ya tenía otro vuelo.

Creo que los Javaloyas, como otras agrupaciones de este estilo, merecen al menos un recuerdo. No pasarán a la Historia como innovadores, pero esa profesionalidad y una trayectoria tan extensa los dignifica. Y la misma dignidad tuvieron los Tamara en Galicia (ya se me ha visto el plumero), los Archiduques en Asturias y algunos más cuya memoria casi ha desaparecido pero que en muchas ocasiones supieron actualizarse y cumplieron un papel tan importante como los "respetados": gracias a la radio y a sus actuaciones en los puntos más recónditos de la geografía, a muchos jovenzuelos de provincias les entró el gusanillo en el cuerpo y se pusieron luego a investigar otras opciones. Y es de bien nacidos ser agradecidos.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/09/espana-la-travesia-del-desierto-xx.html

Después de haber rendido homenaje a los Javaloyas (el nombre más popular de la zona con mucha diferencia) y por extensión a todas esas sufridas agrupaciones que animaron el panorama musical de aquella oscura España, seguimos nuestro viaje levantino en la búsqueda de ofertas un poco más ajustadas a nuestras querencias. Y el primer grupo decididamente "moderno" de la comunidad valenciana son los Milos, un trío de corta existencia pero que en su momento resultó novedoso ya que su repertorio, a diferencia de la mayoría de sus paisanos, se basa principalmente en los ritmos americanos antes que los italianos o franceses aunque también tengan piezas de ese estilo. Por otra parte fue la agrupación que dio a conocer a una de las grandes voces rockeras nacionales: Bruno Lomas, nada menos.

Hay que reconocer que su actitud es casi heroica: alternando los estudios con la afición musical (a pesar de alguna oposición paterna) y con una instrumentación primitiva supieron hacer de la necesidad virtud, ya que en sus principios los Milos disponían de dos guitarras acústicas y una eléctrica de construcción artesanal. Sin bajo ni batería, era evidente que su única posibilidad estaba en conseguir unas voces bien conjuntadas, al estilo de los Everly Brothers o la escuela duduá de Dion con los Belmonts, y a ello se ponen a finales de 1959 Emilio Balldoví (voz principal y guitarra ocasional), Salvador Blesa (guitarra solista y voz) y Vicente Castelló (rítmica y voz). Hubo en los primeros tiempos un cuarto componente llamado Ramón Pellejero, que se marchará muy pronto y que poco después comenzará a hacerse conocido con su nombre en catalán: se trata del señor Raimon, uno de los máximos exponentes de la Nova Cançó. Vicente, el mayor, tiene amistades en los Estados Unidos, y gracias a eso van recibiendo información y discos que definitivamente revolucionan a los otros dos. Y el más afectado por la exposición a tales sonidos resulta ser Emilio, admirador de Buddy Holly hasta tal extremo que adopta su estética gafapasta y se nos presenta en las fotografías con ese adminículo innecesario en él; pero además el trío luce en sus primeros tiempos unos vistosos pantalones de cuero negro, un hecho que hoy nos puede parecer nimio pero que resultó poco menos que revolucionario en el apacible Levante de la época.

Sus comienzos resultan meteóricos, ya que en menos de un año actúan en varias salas, ganan un concurso de nuevos talentos, saltan a Barcelona, llegan a la televisión y de ahí a grabar su primer EP. Por desgracia Discophon, el sello recién creado que les toca en suerte, no es precisamente un prodigio tecnológico; y ese hecho, sumado a la pobre instrumentación del trío -acompañado por una base rítmica de alquiler- hace que nos hallemos ante un artefacto de sonido rudimentario. Por otra parte, aún están verdes: la selección no es mala ("Be bop a-lula" o "Teddy girl", por ejemplo), pero se nota que necesitan rodaje. Tal vez deberían haber esperado un poco más. El disco pasa casi desapercibido, pero en 1961 la situación mejora bastante con el segundo: aunque el sonido sigue siendo deficiente, se les ve más conjuntados. Y como era de esperar, por fin llega el homenaje debido a Buddy Holly: "Rave on", que ellos traducen como "Estoy chispa". No tiene la fuerza del original -con esa instrumentación es imposible- pero sus voces bien empastadas la defienden con dignidad. Por otra parte, y a pesar de algún detalle sonrojante como esos "Love me for ever" que se oyen a veces, Emilio ya suelta algún gritito y Salvador demuestra su habilidad con los punteos.

Aunque esa grabación no sea precisamente un éxito, los hace suficientemente populares como para dedicarse con más empeño a la profesión y mejorar su equipo. Y poco después, a finales del verano del 61, llega el momento cumbre de los Milos con su siguiente disco, ya que en él se encuentran las dos versiones más recordadas del trío: la inevitable "Zapatos azules de gamuza", el gran y único éxito del señor Perkins, y "Lucille", demostrando con ella que también el rock and roll negro de los santones como Little Richard estaba en sus preferencias. Ah, y el bueno de Emilio comienza a desatarse, sobre todo con la de Richard.

Y llegamos a 1962, un año turbulento que marca el final del trío. Salvador, el más serio, decide que aquel no es su mundo y abandona para seguir sus estudios, siendo sustituido por Pascual Olivas; con él graban su cuarto disco, que resulta ser horroroso y no porque yo lo diga sino porque ellos mismos lo reconocieron: el sonido es especialmente malo, y el salto del rock and roll al madison los convierte en un supuesto grupo de baile con un estilo que no es el suyo. Son contratados para una actuación en Valencia junto a Johnny Hallyday poco después, y el mánager de Johnny les ofrece una gira por el sur de Francia. Pero lo que pudo haber sido un relanzamiento se convierte en el golpe de gracia, ya que solo Emilio acepta el reto; los otros dos, que consiguen un nuevo contrato con EMI, se desentienden de él e intentan seguir adelante con nuevos miembros. Y resulta que Discophon es la propietaria del nombre, lo cual les obliga a buscar uno nuevo: a partir de ahora serán los Top-Son, que arrancan a finales del 63 como dúo y del que hablaremos pronto.

Aunque hablaremos antes de Emilio, que se asocia a toda prisa con los Diávolos (un pequeño grupo valenciano) para que le acompañen a Francia. Y a la vuelta se encuentra con el lío Milos/Top-Son, del cual nadie le había informado. Así que decide olvidarse de sus antiguos compañeros, rebautiza a los nuevos como "Los Rockeros" y vuelve a Francia, donde también él se rebautiza: ahora se hace llamar Bruno Lomas. Y claro, dicho esto ya se pueden imaginar de qué va el próximo rollo que les aguarda en este tugurio.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/09/espana-la-travesia-del-desierto-xxi.html

Aquí lo tenemos: Bruno Lomas, el nombre que faltaba para completar la trinidad de los grandes solistas rockeros españoles en los años 60 junto a Miguel Ríos y Micky. Es la mejor voz de las tres -de eso no hay duda- aunque su carrera está infravalorada por las mismas razones que las de los otros dos: una trayectoria musical un tanto errática, lastrada por el hecho de que al abandonar a su grupo y seguir en solitario su sello le obligó a mantener un perfil de baladista que no le hizo ningún favor. Pero además hay que añadir un carácter inmaduro con rasgos conflictivos: su excesiva afición por los coches veloces y las armas, sumada a una ideología de extrema derecha que lo llevó a Fuerza Nueva (por no hablar de su obsesión con el esoterismo y los ovnis), constituyen una carnaza biográfica que los medios periodísticos no dudaron en aprovechar. Y con su muerte en uno de sus incontables accidentes automovilísticos pareció morir también su obra, ya que las citas que suelen hacerse de él son cortas y apresuradas. Da la impresión de que los comentaristas se sienten incómodos ante la evocación de su nombre, de que aún no se le han perdonado aquellas veleidades.

Habíamos dejado a Emilio Balldoví volviendo a Francia en 1963 con los Diávolos tras la ruptura con los Milos, sus anteriores socios, gracias a una oferta de Johnny Stark, el manager de Johnny Hallyday. Una oferta que tiene toda su lógica, ya que son dos estilos similares: tal vez Stark haya comprendido que el español tiene mucho futuro si se da a conocer en un país con menos estrecheces que las que sufre por entonces su patria. En este segundo viaje el destino final es París, donde actúan en varios locales hasta llegar al Olympia, la cumbre. Y justo en tal olimpo es donde Bruno Coquatrix, el dueño de esa sala entre otras muchas cosas, rebautiza a Emilio con su propio nombre: Bruno et ses Rockeros recorren media Francia durante casi un año -donde graban un single patrocinado por Coquatrix-, la gira se amplía a varios paises del centro y norte de Europa y vuelven a España forrados, con un equipo que será la envidia de los músicos nacionales. Para completar la metamorfosis se desprende de sus gafas, se cambia el flequillo y se adjunta el "Lomas" (en honor según él a unas lomas que veía al pasar por una carretera de Valencia).

El single en cuestión resume muy bien la ambivalencia de Bruno: la cara B contiene "Perfidia", un bolero clásico del repertorio latino que los Rockeros "aceleran" dándole un leve tono surf que la hace deliciosa. Y en la cara A encontramos la primera composición propia de nuestro amigo: "Sí sí, nena" un rock and roll blanco del cual en su época se sugirió que tal vez se trataba de una copia del "Whole lotta shakin’ goin’ on" del eximio Jerry Lee Lewis. Es cierto que tiene un aire con ella, pero no tanto como para considerarla un plagio. Es una buena canción, y tal vez por el valor añadido de ser su primer intento como compositor le cogió tanto cariño que la regrabaría para incluirla en su primer disco grabado en España; aunque yo prefiero esta, que muestra con más fidelidad su potente tono vocal.

A finales del año 64, de vuelta aquí y a pesar de su éxito en Francia, Bruno se enfrenta a la evidencia de que ha de volver a empezar desde cero en su propio país: Los Milos fueron un grupo minoritario, y solo Valencia conoce el increíble magnetismo de su voz. El modo más rápido de trascender es presentarse y por supuesto ganar en un concurso musical de talla como es "Salto a la fama", un salto que lo lleva directamente al gigante EMI, donde vivirá su mejor época grabando en el subsello Regal. Poco a poco se va haciendo conocido a nivel nacional, y la mejor demostración es que en 1965, el primer año de su nueva carrera, graba nada menos que siete Eps, algo que ningún debutante había conseguido hasta entonces. Pero como la época del rock and roll está declinando, la mayor parte de su material se inspirará en el beat y las piezas melódicas: en su primer EP vemos una digna versión de "La casa del sol naciente" (aunque no llega a la altura de la que hicieron Lone Star) y otra del "Sweets for my sweet" de los Drifters, que él convierte en "Por ese amor", muy bien defendida. Las otras dos canciones son suyas: el "Sí sí, nena" que había escrito para su single francés, y "Ahora sé", una bonita canción que reitera la talla de Bruno como compositor, sin nada que envidiar al resto de la producción nacional. En cuanto a los Rockeros, ya le están disputando a los Relámpagos el título de mejor grupo de acompañamiento.

Su fama, que en Levante es enorme, se va ampliando al resto de España a base de grandes versiones del rock and roll tradicional y el moderno beat alternando con baladas en las que se le ve muy cómodo, gracias a ese chorro de voz que posee. Y su definitiva inclusión entre los grandes llega con un nuevo festival, esta vez el de la Canción Mediterránea, en pleno verano: con "El mensaje", compuesta por el Dúo Dinámico, consigue el segundo puesto y la fama nacional (aunque se trata de una balada sin mucho gancho, las cosas como son). Desde ahí hasta final del año siguen apareciendo nuevas grabaciones de Bruno con una regularidad casi mensual, lo que por supuesto no es garantía de que todas las canciones hayan sido bien elegidas. En su último disco aparece una versión excelente del "I got a woman" de Ray Charles, donde se demuestra que Bruno sabe dar la talla enfrentándose a los grandes; aunque tal vez tanto EMI como él deberían dosificar con más tranquilidad el ritmo de publicaciones para no quemarse.

Como ya saben los asíduos, esta travesía española abarca el primer quinquenio de la década; lo cual implica que aquí dejamos de momento la trayectoria de Bruno, como hemos hecho con los demás protagonistas de nuestro viaje. Pero puedo adelantarles que en 1966 EMI lo convencerá para que prescinda de los Rockeros y se anuncie con su solo nombre ("eso de Fulanito y los Otros ya no se lleva"). Es una decisión difícil, que lo llevará hacia un terreno más cercano a los crooners y que ya veremos si le compensa o no: con esa duda nos quedamos.

Ah, y una vez más he de recomendarles que se den una vuelta por el local del señor Sebas, que de nuevo supera de largo este post con un sentido y profuso retrato de Bruno: es paisano suyo, y con eso está dicho todo.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/09/espana-la-travesia-del-desierto-xxii.html

Hoy nos toca seguir la pista de Vicente Castelló y Pascual Olivas, los dos antiguos compañeros de Bruno en los Milos. Su idea es seguir adelante sin él y buscar un sello discográfico donde las condiciones técnicas sean mejores que en Discophon, y tienen suerte: EMI, que parece acapararlo todo, los recluta para La Voz de su Amo. Pero Discophon les advierte de que es la propietaria oficial del nombre "Los Milos", un hecho que hoy puede parecer extraño pero que en aquella época era muy frecuente (los músicos españoles, por lo general, solo eran dueños de sus propias vidas. Y aún eso podría discutirse). Así que Vicente decide que a partir de ahora se llamarán los Top-Son.

Pero el lío no termina aquí: es entonces cuando nos enteramos de que los Milos habían dejado grabadas cuatro canciones para un quinto EP que no llegó a salir en Discophon porque ya habían fichado por EMI. Y a finales del 63 su nuevo sello publica ese disco bajo el nombre de los Top-Son... con una bonita portada donde vemos a los tres Milos. Curioso. No me extraña el cabreo de Bruno al volver de su primer viaje francés y encontrarse con los hechos consumados. Porque además de todo lo anterior resulta que ese disco, por mucho que figure el nuevo nombre en la portada, es sin duda alguna el mejor del difunto trío. Hay dos versiones: "La tierra", una de las standards más populares de la década, y "Cien kilos de barro", que no le iba a la zaga -y en ambas Bruno demuestra una gran progresión. Las otras dos son originales, compuestas por Pascual: "Recuerdo de verano", un poco afectada, y "Twist a María Amparo", que causó una revolución en Valencia y más allá. En teoría el gancho del disco era la versión de "La tierra" (que figuraba en letras mayores con el nombre de "Chariot", su título en las versiones francesas), pero María Amparo ganó la partida hasta tal extremo que incluso el propio Bruno la incluyó en su repertorio. Aquí la tienen, con su entrada guitarrera en plan Batman.

Y llegamos a 1964. Conviene publicar ya otro disco para aprovechar el rebufo del anterior; pero el ahora dúo no ha elegido aún sus nuevos acompañantes, así que en la portada de ese disco solo se les ve a ellos dos. En la grabación participan tres músicos adicionales, entre ellos el bajista José Escribá, que pronto será un miembro imprescindible de los Top-Son como arreglista. Este nuevo disco, casi de circunstancias, tiene una pieza original y tres versiones (el "Jersey azul" de Adamo, "Despeinada" de Palito Ortega y "Your baby’s gone surfin" de Duane Eddy) que ya habían sido hechas en España por varios intérpretes y que los Top-Son no superan. La nueva original, "Te encontré", casi acústica y desangelada, no aporta mucho; por otra parte la voz de Vicente, que ha de luchar contra el espectro de Bruno, necesita más rodaje. Algo parecido pasa con el siguiente y último de ese año, aunque al menos ya tenemos definido un quinteto: junto a la confirmación de José Escribá entran Alberto Gómez en la batería y Miguel Herránz en los teclados. Hay otras tres versiones decentes y una pieza original, "Si vuelvo a jugar", que no pasa de mediocre. Pero como curiosidad tal vez les interese la versión de "Lovesick blues" que popularizó Hank Williams y que ellos convierten en la única pieza instrumental de su carrera con el título de "Blues de añoranza". Oyéndola, uno no puede evitar la idea de que tal vez les hubiera ido mejor siguiendo el ejemplo de los Relámpagos; es decir, prescindiendo de la voz, que para mí fue el punto débil de este grupo.

Los Top-Son se han hecho más famosos por sus actuaciones que por sus discos; y eso está muy bien, pero por desgracia su fama no va mucho más allá de Levante, donde son unos verdaderos ídolos: al igual que Bruno en sus primeros tiempos, poca gente los conoce en Madrid, aunque llegaron a actuar allí más de una vez. Y en 1965 llega su último EP, al que los cronistas definen como el mejor pero que en realidad no es muy diferente a los anteriores: es el más vendido, lo cual no significa exactamente lo mismo. Y esas ventas son debidas a una sola canción, que se convierte en el santo y seña del grupo: una vez más la compañía discográfica yerra el tiro poniendo de gancho en la portada del disco "Me has cazado", una versión anodina de "You really got me", que no llega ni de lejos a la altura de otras que se han hecho en español. Pero el verdadero bombazo lo constituye "Viva la gente" (y no, no es esa que ustedes están pensando), una nueva pieza de Pascual, un tanto infantil aunque con tono "reivindicativo", que se convierte casi en un himno por aquellos lares. Gustará o no, pero fue su canto del cisne.

Tras este disco Pascual Olivas, la máquina pensante del grupo, decide marcharse en busca de emociones más fuertes: le han ofrecido un puesto en los Huracanes (nombre a recordar para el próximo quinquenio, ya que será uno de los orgullos de Valencia y en general de todos los españoles de bien). Y aunque las actuaciones van a buen ritmo durante lo que resta del año 65, pronto comienza un trasiego de músicos que preludia el fin: los Top-Son se disuelven poco después. Aunque con el paso del tiempo algunos de los miembros originales volvieron a las andadas: el circuito de la nostalgia los tiene aún hoy en nómina.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/09/espana-la-travesia-del-desierto-xxiii.html

Por lo que hemos visto y veremos, resulta evidente que los músicos valencianos y en general de cualquier otro sitio que no sea Madrid o Barcelona juegan en desventaja: con el único apoyo de las radios y algunas actuaciones esporádicas en esas dos ciudades, resulta muy difícil hacerse un nombre a escala nacional. Por otra parte, el presupuesto que los sellos discográficos destinaban a promoción era muy pequeño y solía emplearse en los grupos consagrados; e incluso sobre las radios habría mucho que hablar, ya que parte de ese presupuesto iba a parar, de un modo u otro, a ellas (por Dios, no me malinterpreten: no estoy sugiriendo que hubiese payola ni nada parecido, ¿eh?). Como consecuencia, los dos únicos nombres realmente populares fuera de Levante eran los Javaloyas y Bruno: de la existencia de los demás solo se enteró un ínfimo porcentaje de aficionados, lo que incidió decisivamente en la carrera de los Milos, los Top-Son y los dos grupos que se presentan hoy aquí, con los que rematamos nuestro viaje valenciano: Los Pantalones Azules y Los Protones.

Los Pantalones Azules fueron tan populares en su tierra como los Milos, hasta tal punto que la masa de fans valencianas tenía el corazón partido entre unos y otros (las milongueras "vs." las pantaloneras: con eso está todo dicho). Se trataba de un dúo (Tito Pemán y Victor Ortiz) inspirado en el Dúo Dinámico, y que como ellos alternaban las versiones de los clásicos del momento con piezas propias. Sin embargo ahí terminaban las similitudes, ya que a diferencia de Manolo y Ramón, que cubrían una gran cantidad de géneros, Tito y Víctor eran decididamente rockeros. Y eso, en aquella época, significaba mucho prestigio pero un futuro dudoso. Su empaste vocal era magnífico, aunque un poco más agudo que el de sus vecinos de Barcelona, y eso les hizo ganar allí un concurso nacional, celebrado en 1961, que los llevó a Discophon (donde ya estaban los Milos). Tras la españolización de su nombre artístico -los Blue Jeans- entran a toda prisa en el estudio para grabar su primer EP.

En ese disco hay dos piezas propias: aparte del "Mess of blues" de Elvis y la standard "Jezabel", encontramos "Cosa buena" y "Baila, nena", que hacen juego perfectamente frente a las otras; la prueba está en que sus ventas fueron magníficas -teniendo en cuenta la época y el lugar- e hicieron que Discophon apremiase al dúo para publicar un nuevo disco poco después del anterior, y que tal vez por las prisas no tiene material propio. Sin embargo ahí encontramos la primera versión que se hizo en España de "Johnny B. Goode", del maestro Berry, una versión bastante alocada y humorística que nos muestra el risueño carácter de estos muchachos. Y ahí termina la carrera de los Pantalones Azules, ya que poco después Víctor se va a cumplir sus obligaciones militares con la Patria mientras Tito se marcha a Ibiza, se enamora de una señorita americana y volarán juntitos a su país, del que no han de volver: felicidades a la pareja. Pero Víctor, que lleva el veneno el cuerpo, cuando termine la mili nos alegrará la vida creando los Huracanes; sí, el grupo en el que también veremos a Pascual Olivas. Lo cual significa que en los Huracanes se encuentra el espíritu de Milos y Pantalones Azules. ¿No es emocionante?

Pero no adelantemos acontecimientos. Dos discos, grabados en 1961 con el apoyo de músicos de estudio, son en definitiva todo el capital de este dúo. El sonido es deficiente: han de cubrir las carencias técnicas con mucha voluntad y, por qué no decirlo, con un cierto grado de inmadurez... pero quizá por eso se hacen más entrañables. Aquí les dejo una muestra de cada uno: "Cosa buena" y la versión de Berry. Si las juzgan con un poco de benevolencia, es posible que las encuentren encantadoras.

Los Protones pertenecen ya a una segunda oleada de grupos volátiles cuya corta vida se desarrolla entre finales del primer quinquenio y principios del segundo. Fue una época turbulenta en la que muchos músicos aficionados al beat acabaron siendo desbordados por la velocidad evolutiva isleña: la mayor parte de ellos cayeron con la llegada del r´n´b, un estilo al que la mayoría no supo acoplarse. Aunque en este caso nunca sabremos si tenían futuro o no, ya que la maldita mili nos dejó con la duda. Se trataba de cuatro amigos con formación académica que habían comenzado en rondallas y tunas para crear luego su primera agrupación, llamada "El pequeño coro". Sin embargo, la llegada de los Beatles los revolucionó: se pasaron inmediatamente a los instrumentos eléctricos y, capitaneados por Jose Antonio Ferrando -que de la guitarra acústica pasó a la solista-, comenzaron a ensayar "Please please me" como locos -según recuerda Francisco Crespo, que del oboe pasó al órgano y ocasionalmente tocaba la guitarra rítmica. Los otros dos componentes del nuevo conjunto eran Abel Mena, que de pronto desterró su clarinete para colgarse un bajo, y Pepe Morato, estudiante de percusión, que inevitablemente se sentó a la batería. O sea, que estamos ante un caso de enajenación repentina parecido al de Pedro Gené y sus primeros Lone Star.

La producción discográfica de los Protones es tan escuálida como la de los pantaloneros: dos Eps, el primero grabado en 1965 y el segundo al año siguiente. Sin embargo llama la atención el hecho de que su debut está compuesto íntegramente por piezas propias, lo cual no era muy frecuente en la época; y aunque hay una cierta candidez en el tono beat de esas canciones, se nota el dominio instrumental. Al igual que pasó con el dúo, las ventas son suficientes como para que su sello (EMI) se ilusione y proponga la grabación de un segundo disco en el que hay dos versiones olvidables (la comparación de "Time is on my side" de los Stones con la de los Protones resulta lastimosa) y dos nuevas obras propias, que son las que lo salvan. Pero poco después la mili comenzará a llevárselos: a la vuelta solamente seguirán en el negocio Abel Mena y Pepe Morato, que en 1969 pasarán a formar parte de... ¡Los Huracanes!

De su primer EP, otra delicia naif, he elegido "Si alguna vez", una pieza beat acompañada por una escala de guitarra que parece evocar a los Beatles dando la mano a los Shadows (ya, ya sé que no es para tanto; pero algo de fantasía podremos echarle al asunto, ¿no?). Y del segundo, "No te dejaré", que demuestra una evolución hacia un sonido más compacto y que nos hace fantasear con la posibilidad de algo superior en un futuro que no llegó a materializarse por culpa, una vez más, de la Patria y sus urgencias... bueno, y del poco interés real que EMI puso en su difusión, todo hay que decirlo.

Y aquí termina nuestro recorrido valenciano. Pero aprovechando que Mallorca nos queda muy cerca, vamos a dar un salto para ver si ya hay señales de vida por allí (aparte de los Javaloyas, que dominan ambas orillas y a los que muchos consideran mallorquines antes que valencianos). En todo caso y por si no las hubiera, lleven el bañador: algo sacaremos en limpio.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/10/espana-la-travesia-del-desierto-xxiv.html

Bienvenidos a Mallorca, isla y oasis al mismo tiempo: una de las ventajas de la insularidad, además del magnífico clima que se disfruta, es que la sensación de distancia con respecto a España hace que las costumbres y la rigidez impuesta por el Régimen se suavicen un poco. Y como los guiris están ansiosos de fiesta y el turismo hay que cuidarlo, conviene hacer la vista gorda ante algunas de sus rarezas y comportamientos. En lo musical, la zona está poblada de orquestas y pequeños grupos que sobreviven a base de actuaciones en hoteles y chiringuitos interpretando los éxitos de moda, sean del estilo que sean; en ese sentido, los Javaloyas (que como dije el otro día pueden considerarse tan valencianos como de aquí) son el mejor ejemplo del gran bagaje musical y técnico que puede adquirse con ese sistema, al que los modernos hacen ascos pero que es un aprendizaje inmejorable y haría mucho bien a los desnortados y engreídos grupos actuales: solo hay que recordar los orígenes de los Beatles para comprenderlo. En los primeros años 60 pocos conjuntos hay aún que sobresalgan en ese circuito, pero ya tenemos al menos dos de los que hablar: The Four Winds and Dito y Mike and The Runaways. Sí, la influencia guiri hace que sus nombres "sean más comerciales" en inglés que en español. Una excepción a la norma patria, que veremos pronto en otros dos lugares costeros.

The Four Winds and Dito son un grupo de músicos aficionados que comienzan a ensayar por su cuenta y no durarán mucho en este negocio. Sin embargo llama la atención su dominio instrumental y su amplio conocimiento del repertorio tanto americano como británico, que los hace muy populares entre la escasa muchachada moderna que hay en la zona allá por 1963-64, cuando comienzan sus actuaciones. Aunque la información que hay sobre ellos es escasa y no siempre fiable, parece ser que junto a su cantante Dito (Eduardo Vidal) había dos guitarristas: Mito (Jaime Vidal) y José Luis Cubeles; el bajo estaba a cargo de José Massonet y en la batería se sentaba Fernando Baiget. No tardan mucho en convertirse en una leyenda, e incluso hoy en día se les reconoce como el primer conjunto realmente yeyé de Mallorca, un honor que se cimenta con su fichaje por EMI en 1965. Publican a mediados de ese año su primer EP, tres versiones del repertorio yanqui más una británica. Tenemos, junto a una clásica de Little Richard, el "Tijuana" de los Persuaders (una instrumental cruce de tex-mex con surf, basada en trompetas y órgano, a la que los mexicanos Seven Days añadieron letra), que ya habían versionado los inevitables Javaloyas; "You’re no good" de Betty Everett (que no se hizo popular aquí hasta mediados de la década siguiente gracias a Linda Ronstadt -la versión de Bruno Lomas era un poco flojilla) y "Give your lovin’ to me" de los Mojos, un grupo del Mersey que en España solo conocían algunos músicos y poco más. Pero en las cuatro demuestran una talla más que aceptable.

Por desgracia el disco pasa casi desapercibido salvo en Mallorca (tal vez demasiado vanguardista para el momento), pero EMI les da una nueva oportunidad el año siguiente. Y entonces nos sorprenden con otras tres versiones poco frecuentes: el "Turn, turn turn" de los Byrds, "The last very day" de los Hollies y "Something better beginning" de los Kinks. Y añaden la única pieza propia de su corta carrera, "No me dejas vivir en paz", que casa perfectamente con las otras. Su popularidad en Mallorca queda patente con la llegada a la isla de los Kinks, en cuya actuación figuran nuestros amigos como teloneros, pero nunca pasaron de ahí: no hubo más discos, y sus actuaciones fueron declinando hasta su desaparición a finales de la década. Porque la palabra "desaparición" es la más ajustada: salvo Dito, que regentó un bar psicodélico muy popular en la Deya de principios de los años 70 (El bar de Dito), de los demás no se recuerda nada. Pero en fin, quedan sus discos: del primero he elegido la magnífica versión de "You’re no good" y del segundo su única pieza propia, como no podía ser de otro modo. Si no los conocen, puede que les sorprenda su nivel.

Y ahora vamos con Mike y los Runaways. De estos sí conocemos su vida con pelos y señales; no por su fama en aquel momento, y mucho menos por su producción discográfica (un solo EP en España), sino por lo que vino luego. La historia comienza en 1963, cuando un pequeño grupo local llamado Lom and The Cries comienza a actuar en un hotel de la zona. Y al igual que pasó con los Salvajes, Javaloyas y tantos otros grupos mediterráneos, uno de los clientes del hotel resulta ser un alemán que está metido en el negocio musical de su país, y que ante la destreza de estos chicos les propone un viaje a Colonia para actuar durante un mes allí. Por entonces, la alineación del grupo era la siguiente: al micrófono Lucio San Eugenio; Tony Obrador, guitarra solista; Florencio Pacual, rítmica; Miguel Vicens, bajo; Pablo Sanllehí, batería. Pero justo al llegar a Colonia, a mediados del 64, resulta que Lucio, su cantante, se pone enfermo y ha de volver a Mallorca. Ante lo cual sus compañeros, que no quieren renunciar a la posibilidad de hacerse unos ahorros en la potente Alemania, buscan desesperadamente una voz y se encuentran con un tal Michael Kogel, que ya ha grabado algunos singles con el nombre de guerra de Mike Rat, una variante coloquial "punki" de Mickey Mouse. Ese cambio de voz trae consigo un nuevo nombre para el conjunto: Mike Rat and The Runaways.

Entre la demostrada talla técnica del grupo y la voz privilegiada de Mike, los Runaways consiguen que la gira se amplíe del mes inicial a nueve; y sobre todo, algo que ningún otro grupo español consiguió allí: sus actuaciones en el club de Colonia son grabadas y publicadas a principios de 1965 en dos Lps -alemanes, por supuesto. El primero aparece con el título "Live recording from Kaskade Beat Club, Cologne", y lo presenta Ariola; que poco después y por medio de su filial Baccarola aprovecha el material sobrante y lanza otro con el título de "Live recording beat" sustituyendo el nombre del grupo por el de "Beat-Mixers". Si se ponen a buscarlos, ya les aviso de que su rareza los hace carísimos. Pero lo curioso del asunto es lo bien que suenan (claro, grabando en Alemania...) y, mejor aún, lo bien que se desenvuelve el grupo: la sucesión de versiones del repertorio americano más algunas de Beatles, Yardbirds o Stones, demuestran -además de la voz agraciada de Mike, aunque en algunas solo hace labores de acompañamiento- una talla técnica muy notable. Y con esos avales vuelven a Mallorca incluyendo al rubio cantante teutón, aunque él aún no lo tiene muy claro. Ahora son una celebridad en la isla, y EMI (cómo no) los ficha para publicar a toda prisa un EP que saldrá en otoño de 1965 y que, seamos honrados, no es ninguna maravilla: cuatro versiones correctas, de las cuales en dos ni siquiera oimos a Mike (ya sin el Rat), que no tiene ni idea de español y es sustituido por sus compañeros. El disco pasa sin pena ni gloria, un revés al que se añade la caida de su guitarrista Florencio Pascual en las redes de la mili. El futuro se presenta inquietante...

Y es justo entonces cuando los Sonor entran en escena; bueno... la mitad, para ser exactos: recordarán ustedes que ese cuarteto queda reducido a dúo con la marcha de Carlos Guitart para crear los Flecos seguida por la de Jorge Matey con destino a los Pekenikes. Pero poco antes habían actuado en Mallorca, donde coincidieron y congeniaron con los Runaways. Y como el nombre comercial "Sonor" tiene mucho tirón en la capital, Manolo Fernández y Tony Martínez, los dos que quedan, intentan seguir adelante y ofrecen un puesto a Miguel y Pablo... Hombre, y ya puestos no nos vendría mal el vozarrón y la percha del alemán ese... Y se juntan los cinco, y los dioses son propicios, y aunque la primera idea es seguir con el nombre de "Los Sonor"...

Snif... Aquí tienen dos versiones de los Runaways, una de su gira alemana y otra de su EP. La primera es el "Route 66", que graban bajo el nombre de Beat Mixers: no desmerece frente a la de los Stones, y menos aún a la de los Sirex. Sobre la segunda, "Evil hearted you", la pieza de Gouldman con escalas españolas que popularizaron los Yardbirds, circula una leyenda urbana que afirma que el mismísimo Jimmy Page la oyó y quedó encantado... No sé: aunque el nombre de ese guitarrista volverá a aparecer pronto en la carrera de "los nuevos Sonor", y aunque como leyenda tiene un pase, me permito dudarlo. Pero más delirante es la "versión larga", que afirmaba que Page, alucinado con la tremenda voz de Mike, pensó en él para sus futuros Led Zeppelin...

Y no hay más incidentes en Mallorca, de momento. La verdad es que, salvo dos nombres que nos esperan al sur de la península, ya casi hemos completado esta polvorienta travesía. Así que les ruego un último esfuerzo: traten de sobreponerse pensando en la vuelta al hogar y una buena ducha.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/10/espana-la-travesia-del-desierto-xxv.html

Siguiendo nuestro descenso por la costa mediterránea, llegamos hoy al Estrecho de Gibraltar; y no pasaremos de ahí, ya que en esta época la visión del Atlántico sigue señalando el fin del mundo conocido. Pero hay dos destacamentos que guardan muy bien ese paso, uno a cada orilla del Mare Nostrum: The Rocking Boys en la Línea de la Concepción y The Brisk(s) en Ceuta. Cuando comenzamos nuestro viaje, hace ya tanto tiempo, en la introducción se decía que si los madrileños disfrutaban de la benéfica influencia de la base americana de Torrejón los gaditanos tenían la de Rota; y también que el norte de África, por el carácter internacional de algunas zonas de Marruecos y la proximidad de Tánger, ofrecía más oportunidades que la propia España peninsular (bueno, sin ir más lejos yo monté mi tugurio en Casablanca, ¿no?). Así que la existencia de estos dos grupos no es tan extraña como puede parecer a simple vista. Y las carreras de ambos -con permiso de la mili- llegaron casi hasta finales de la década, con una producción muy extensa; aunque irregular, ya que su pertenencia al imprevisible sello Belter, siempre capaz de lo mejor y lo peor, trufó esas carreras de piezas muy dignas junto a bodrios impresentables.

The Rocking Boys son, al igual que muchos grupos madrileños de la primera ola, el perfecto ejemplo de esa benéfica influencia yanqui: tanto su espíritu como su estética, a medio camino entre teddy boy y rockabilly, cumplen perfectamente con los cánones del Tío Sam. Estos muchachos se presentan en público justo al comenzar la década, y durante su época más interesante, que terminará con una desbandada general en 1964 a causa de la mili, su formación será invariable. Se trata de un cuarteto creado por José Gómez, que además de guitarrista es el compositor principal de las escasas piezas propias que publicará el grupo. El bajo queda a cargo del portugués Ricardo Oliveira; la batería es cosa de Agustín Martínez, que por otra parte será su cantante titular, y Carlos Jaime ataca el saxo y ocasionalmente piano. Aunque su instrumentación es bastante pobre, destacan por la actitud tan voluntariosa que los honra tanto a ellos como a muchos otros conjuntos de este sufrido quinquenio. Y su repertorio, que inicialmente se basaba en el rock and roll, pronto se nutre de piezas twist, el último grito cuando ellos comienzan a grabar: hasta la desbandada del 64 que dije antes, casi la mitad de sus discos están compuestos por ese estilo.

Belter los ficha en 1962 y ya en ese año publican cinco Eps, que a pesar de su sonido deficiente se venden bastante bien; cantan en español y, si es necesario, en un inglés "de aquella manera" que los hermana con otros grupos pioneros como los Estudiantes. Es de suponer que su sello discográfico no se esperaba el relativo éxito que obtuvieron desde el principio, porque pronto comienzan las imposiciones: en su tercer EP encontramos el "Twist en Sevilla" -que por otra parte da título al disco-, una castiza alabanza a la ciudad al ritmo de lo que su compositor (Manuel Salina, uno de los fijos del sello, especializado en mambos y baladas latinas) entiende como twist. Y a partir de ahí la carrera de los Rocking Boys es un continuo tira y afloja con Belter, que solo les deja incluir algunas piezas sueltas, tanto propias como ajenas, entre un maremagnum de los géneros de moda que el sello dicta: el madison es el ritmo central de sus grabaciones en 1963, seguido de pequeños horrores como el popeye (una nueva ocurrencia de Chubby Checker). Lo triste del asunto es que en sus actuaciones se redimen, pero eso no les vale de mucho ante la afición del resto del país. En 1964 el grupo de desintegra por las obligaciones militares, y a su vuelta en 1966 es patente que están fuera de juego: aun con la excusa de que Belter sigue haciendo de las suyas, las versiones suenan alejadas del sonido imperante en esa época. Se retiran en 1968, cuando su presencia ya es irrelevante.

En resumen, estamos ante otra víctima de una década tan veloz y de unos sellos discográficos que no sabían cómo encarar los nuevos tiempos. Sin embargo han dejado algunas versiones muy decentes, que demuestran al menos su gran nivel como instrumentistas: oigan por ejemplo "Una rubia de miedo", una de las más famosas del grupo (figuraba en el EP del twist sevillano), que no desmerece frente a la original de Celentano; y mejor aún es una de sus escasas incursiones en la música surf, el "Wipe out" de los Surfaris, con una ejecución magnífica.

Y cruzamos el Estrecho para saludar a los Brisks (habré de ser muy cuidadoso con ellos, ya que el señor Babelain es paisano suyo y estará vigilándome). Se trata de un conjunto nacido a principìos de la década y cuyo planteamiento artístico es similar al de los Javaloyas: atacaban casi todos los géneros de moda, y esa versatilidad les permitió muy pronto ampliar su círculo de acción. De Ceuta pasaron pronto a actuar en todo el norte de Marruecos, para dar luego el salto a la península y hacerse conocidos también en la Costa del Sol, Aragón y Cataluña, donde son detectados por Belter a finales de 1963. También al igual que los Javaloyas, hubo un tránsito muy denso de miembros, entre los cuales destacan tres de los vocalistas a tener en cuenta para el futuro: el granadino Julián Granados, que fue su cantante en la época dorada del grupo y que tras la breve pero fulgurante existencia de Los Buenos comenzará una carrera en solitario a principios de los 70; Teddy Raster, que es la voz de su aclamado último disco y luego lo será en los últimos tiempos de los progresivos Maquina!, y el madrileño Pedro Ample, con el que los Brisks finalizarán su carrera y que con el nombre artístico de "Pedro Ruy-Blas" será una de las voces más potentes y versátiles de España.

En 1964 comienza su producción discográfica con tres Eps en los que se denominan "The Brisk", y parece que les hubiese gustado aquella idea que tuvo Bruno de ponerse unas gafas innecesarias, porque ellos hacen lo mismo: los cinco aparecen con ese adminículo en las portadas de los tres discos. Que incluyen versiones como "My bonnie", "La pecosita", "Money", "Twist and shout"... es decir, piezas rockeras de gran popularidad y con una fuerte inclinación hacia los Beatles. Al igual que pasó con los Rocking Boys, Belter considera que conviene "administrar" el repertorio de los ceutís; así que en 1965, ya sin gafas y añadiendo una "s" final a su nombre, comenzamos a verlos alternando piezas de su elección con otras impuestas por el sello. Desde el punto de vista puramente comercial tal vez tenga razón Belter, ya que ese año se inaugura con su primer éxito nacional, que a la larga será el más recordado: "Pepe será papá", una canción compuesta por el tándem Ricardo Ceratto-Jorge Morell (uno de los más exitosos de la década) y que, nos guste o no, estuvo sonando durante mucho tiempo en las radios nacionales; ah, y la letra tiene mucha gracia... En fin: para compensar, en ese mismo disco viene su primera pieza propia, cantanda en inglés y todo. Se trata de "Baby ye-ye", un cruce de highschool con duduá realmente agradable. Y el éxito hace que este año sea el más prolífico de los Brisks, ya que publicarán nada menos que ocho Eps en los que tratan siempre de mantener el equilibrio entre calidad y comercialidad (y vuelvo a citar a los Javaloyas: son su vivo reflejo). Luego ya vendrá la decadencia, pero de momento tienen la talla suficiente como para que anotemos su nombre en la lista de los grupos a seguir en el próximo quinquenio.

Para que se hagan una idea de su potencial, aquí tienen dos piezas propias correspondientes a 1965, su año estelar: la ya citada "Baby ye ye" y "Si mañana será así", un beat de lo más decente. Quién sabe: si en vez de en Belter hubieran caido en otro sello, tal vez las cosas habrían sido de otro modo.

Creo que ya hemos visitado toda la geografía nacional habitada hasta este momento. Pero nos falta el broche de oro, y para conseguirlo hemos de volver a Madrid. Tranquilos: será el último post. También yo necesito una ducha y las pantuflas, que ya tengo una edad y no estoy para tanto trote.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/10/espana-la-travesia-del-desierto-xxvi.html

Bueno, pues por fin hoy rematamos la travesía. Como suele suceder en cualquier otro viaje, volvemos al sitio del que partimos; y no solo eso, sino que además el círculo se completa de un modo perfecto: si Los Estudiantes fueron el primer grupo moderno español, Los Brincos -sus descendientes- son el primer supergrupo. Se trata de un salto de categoría que se refuerza por el hecho de ser también el primer "producto planificado", por decirlo así: Fernando Árbex, el patriarca entre los grandes nombres del pop español, y el malogrado Luis Sartorius (otro patriarca, un Moisés de la era yeyé que puso en marcha Novola -o sea, nueva ola-, el sello cuyo espíritu supone un paso adelante en el modo de concebir el negocio, pero no llegó a ver el resultado) se habían propuesto crear la alternativa hispana al imperio beat isleño regido por Beatles, Hollies o Searchers. Creo que en algunos momentos rozaron esa altura, y en todo caso hay que reconocer el tremendo éxito y la influencia que tuvieron desde 1964 hasta el comienzo de su decadencia en 1968/69. Gracias a esa planificación y a su brillante capacidad creativa -en toda su carrera no hay una sola versión- se convirtieron en una guía, los más populares representantes españoles de la transición musical que se vivió en occidente partiendo del rock and roll, el twist y luego el beat hasta llegar al pop, el rock e incluso el género progresivo, con el que terminó su carrera al mismo tiempo que la década.

Recordarán ustedes que Los Estudiantes desaparecen poco después de la muerte de Luis Árbex, hermano de Fernando, en la aciaga Semana Santa de 1964. Aunque en un primer momento fichan a Manuel González (ex Blue Shadows) para sustituirlo, seguir adelante resulta imposible. Hay, además del dolor, otros dos factores que desencadenan su desaparición: Fernando es consciente de que están desfasados, que debe emprender otro camino; y mantiene una gran amistad con Luis Sartorius, que a finales del año anterior decidió abandonar el grupo para comenzar una carrera como productor y manager en Philips (el sello donde grababan). Ahora Luis ha dado el salto a Zafiro, cuyos jefes demuestran ser más inteligentes que la media nacional y comprenden el gran potencial del negocio discográfico moderno, aunque no se ven capacitados para encararlo y comienzan a darle poderes: claro, como este chico viene de un grupo yeyé, conoce mejor el ambiente. Para los cánones de la época, ese gesto es admirable. Y no se quedan ahí, sino que además están pensando en crear un subsello, Novola, del que pondrán en sus manos la dirección artística. Pero esto aún puede tardar y Luis tiene planes muy definidos ya antes de entrar en Zafiro, así que convoca a Fernando y a José Barranco y se los expone: un grupo al estilo de los Beatles, con repertorio propio, estructura totalmente profesional e incluso una estética determinada. Si lo acepta Zafiro, o Novola echa a andar pronto, bien; si no, también tiene tratos con Columbia. Barranco no ve claro el asunto y decide seguir su camino, pero Fernando dice que sí a todo y convence a Manuel González para que se suba al carro.

Para entonces, Juan Pardo ya tiene un notable currículo. Acaba de abandonar a Los Pekenikes, antiguos rivales de los Estudiantes, y es una de las caras más conocidas de "Escala en Hi-Fi", el programa musical estrella del momento. Fernando se lo encuentra en una discoteca y, sin rodeos, le propone unirse al proyecto: Juan, que ya tenía en mente algo parecido, acepta de inmediato. Ahora solo queda buscar un guitarra solista que además cante bien, como los otros tres, y Fernando propone a Antonio Morales, a quien ya conocemos como Junior. Su carrera y la de Juan se habían cruzado en los Pekenikes: dejando aparte grupos menores, Junior abandonó a los Pekenikes a principios del 64 para seguir una carrera en solitario que no cuajó (dos EPs son su legado); Juan lo había intentado antes que él, aunque con un solo disco, para luego entrar en ese grupo... sustituyendo precisamente a Junior. Lo curioso es que esa sustitución ya se había propuesto unos meses antes, pero por entonces Hispavox decretó que Juan no daba la talla y volvieron a llamar a Junior; tal vez por eso había una cierta animadversión entre ambos que llevó a Juan a vetar inicialmente la entrada de Junior en los Brincos. Pero al final cedió ante los argumentos de Árbex y Sartorius: este va a ser un grupo serio y necesitamos lo mejor que haya en el mercado; Junior tiene muy buena voz y es un buen guitarrista, así que... procurad llevaros bien.

El siguiente paso es buscar un nombre: se propone el rupturista "Las Ovejas Negras", ya que se trata de niños de buenas familias que no han salido como sus padres deseaban; pero al final Rosa, hermana de Fernando, sugiere "Los Brincos". Y comienzan a ensayar en casa de Pepe Barranco, adonde va todos los días Luis Sartorius en su 600 para verificar los avances de sus chicos hasta que una noche de Septiembre, a la vuelta, el coche patina en plena Puerta de Alcalá, choca contra una farola y termina con la historia de quien podría haber sido el primer Brian Epstein español. Pero lo que ha creado ya es imparable: Novola se substancia, fichan de inmediato y se les asigna como productora a Maryni Callejo, antigua componente del grupo melódico "Los Brujos" y que, como Luis, había entrado en Zafiro poco antes decidida dar el salto al otro lado del negocio. Maryni, a quien con frecuencia se le llama "el quinto Brinco" (¿a que les suena esa denominación?), será otro de los personajes fundamentales en la nueva música española, ya que no solamente ejerce las labores de producción sino que se encarga de los arreglos, todos los aspectos técnicos e incluso de marketing relacionados con este conjunto y con muchas otras figuras que luego pasarán por sus manos.

Zafiro estaba al tanto de las alabanzas que el desaparecido Luis propalaba sobre este naciente grupo; y ahora Novola, espoleada por Maryni, echa la casa por la ventana: adelanta 300.000 pesetas de la época (o sea, el valor de un buen piso) para la compra de equipo y prepara su lanzamiento a todo trapo incluyendo un reportaje televisivo titulado "Así se forma un conjunto", donde se compara el proceso de creación de los Beatles aplicado a los Brincos. En teoría es un trabajo elaborado por Televisión Española, pero ya se pueden imaginar que Zafiro/Novola es la mano que mece la cuna. Vienen luego unas cuantas sesiones fotográficas en las que los vemos ataviados con la racial capa española y por fin, entre Octubre y Diciembre de 1964, llegan al mercado dos singles, dos Eps y la guinda navideña del primer LP de Los Brincos. Nunca se había asumido un riesgo semejante en España; bueno, ni en España ni en ningún otro sitio, que yo recuerde: ni EMI con los Beatles llegó a tanto. Y otra diferencia: llama la atención el hecho de que todas las canciones figuran a nombre del grupo y no de miembros determinados, aun sabiendo como sabemos que la base creativa es el tándem Árbex-Pardo. La atrevida jugada resulta ser un éxito total: salvo el primer single, que "solo" llega al top 20, los discos siguientes, en cualquier formato, se enseñorean de los primeros puestos de todas las listas españolas. Y aunque el LP solo tiene dos canciones nuevas (las demás ya estaban contenidas en los discos pequeños), se aprovecha del enorme tirón que han conseguido los singles y Eps y alcanza unas ventas fabulosas gracias a los completistas y a los que prefieren tener todas las canciones en un solo volumen. Por otra parte, qué mejor regalo de Navidad que ese...

¿Las canciones? Bah, seguro que ya las conocen ustedes de sobra. En ese momento, la diferencia de calidad entre los Brincos y el resto de los grupos nacionales es abismal. El truco no es nuevo, ya que la mayoría del repertorio es beat trufado con escalas españolas y algunas baladas más raciales; pero siempre con una creatividad muy alta y la indisimulada intención de ser oidos en la Isla, ya que muchas canciones se cantan en inglés -perfectible, eso sí (aunque también suele haber la versión española). La tónica será la misma en 1965, año en el que volarán a Italia para grabar su segundo LP, con el cual se mantendrá la misma estrategia de editar singles que luego estarán contenidos en el disco grande. En fin, que la trayectoria de los Brincos a finales de este quinquenio es, simplemente, estelar: España ya tiene a sus Beatles.

Para no romperme la cabeza solventando la ingrata tarea de elegir tres canciones entre un repertorio tan brillante como este, he ido a lo fácil, a lo burocrático. Así que les presento la cara A de su primer single, "Dance the pulga", que es al mismo tiempo el primer número en el catálogo de Novola y consiste en una variación muy potente, casi salvaje -hoy le llamarían "freakbeat"- de la pulga instrumental que cerraba el último disco de los Estudiantes (es por tanto un homenaje a ellos también); la chulesca y racial "Flamenco", con la que su primer EP llegó al número 1 y que ya figuraba como cara B en el segundo single, y el primer número 1 del año 65: la indefinible "Borracho", que a pesar de esa letra tan de coña reafirma la gran calidad instrumental del grupo y es uno de los avances de su segundo LP, que llegará en 1966. Ya me gustaría a mí haber visto las caras de los linajudos padres de estas ovejas negras cuando oyeron semejantes proclamas; no solo por las letras sino también por la actitud, sobre todo en "Dance The Pulga": aunque hoy parece estar oscurecida por muchas de sus compañeras de repertorio, fue una verdadera convulsión en la España de la época, un terremoto que al menos para mí sigue teniendo el mismo vigor generacional de las piezas "inglesas". Yo soy anglófilo, soy un amante del ritmo desaforado isleño de los años 60, no puedo evitarlo, lo llevo en la sangre... pero canciones como esta me reconcilian con la Patria. Porque sus escalas muestran lo evidente: esta pulga es española, aunque canten en inglés (y en 1966 aparecerá en español). Mientras otros grupos trataban de parecer norteños los Brincos jugaban a la contra, orgullosos, sin complejos, y esa es una de sus virtudes impagables.

Y aquí termina la travesía del desierto, tomando un respiro en este oasis imponente que fueron los Brincos. Les doy las gracias por su infinita paciencia ante tanto rollo (veintiseis capítulos cansan a cualquiera) y estoy dispuesto a resarcirles invitándoles a una fiesta de fin de curso: creo que es lo indicado, y por otra parte siempre quedan algunas cancioncillas de pequeños grupos que merecieron tal vez más suerte. Así que ya saben, dentro de unos días nos vemos en el guateque.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2013/10/espana-la-travesia-del-desierto-y-fin.html

Bienvenidos a la fiesta. Bueno... en este caso guateque, que suena igual de español pero mucho más de la época. Hoy trataremos de hacer los honores a unos cuantos nombres que, si no alcanzaron la trayectoria de los que se han visto en esta serie, tienen alguna canción digna de ser recordada (y en muchos casos, más de una). Nombres que, bien por su escasa creatividad, por el desprecio de su propio sello, la guadaña del servicio militar o incluso la oposición paterna, no pasaron a la Historia más que como nota a pie de página. Como es norma en las fiestas de este local, tienen a su disposición 12+1 piezas; y como también suele suceder aquí, nuevamente les ruego su benevolencia ante el sonido defectuoso de algunas de ellas.

Como caballeros que somos, las señoritas primero. No soy yo muy aficionado a las chicas ye-yé españolas, que me parecen por lo general bastante descafeinadas. Pero antes de que ese término se pusiese de moda, hubo al menos una que pudo haber llegado más alto de no ser porque sus papás le cortaron las alas: la madrileña Pilar García De La Mata Y Caballero De Rodas, que a pesar de su envergadura heráldica era bastante bajita; tanto que sus amigos la llamaban "céntimo", y de ahí abrevió ella aún más para llegar a presentarse como Mimo. Bien, pues Mimo es la pionera de las chicas hispanas: nacida en 1942, a finales de los años 50 ya conoce el repertorio de Brenda Lee (la niña prodigio yanki de la época) y de figuras del highschool como Paul Anka. En 1959, sin que sus padres se enteren, se presenta a un concurso musical que gana con su versión de "Diana" y consigue grabar un EP de corta tirada, cantado en inglés y en ese estilo adolescente, bajo el nombre de "Mimo’s rock", acompañada por músicos de estudio. Y aunque la familia García de la Mata (y Caballero de Rodas) se sube por las paredes, la niña sigue incordiando con una trayectoria que deriva hacia el rock and roll y sobre todo el twist: ese es su momento estelar, acompañada por los Jumps, un grupo en el que se encuentran los hermanos Morales -Junior y Ricky-, hasta que por fin los padres se ponen serios y la obligan a retirarse de esta plebeya y pecaminosa ocupación: en 1963 Mimo desaparece entre grandes lagrimones del horizonte yeyé poco después de haber cumplido los veinte años, con cuatro Eps en su haber. A veces se nota un excesivo tono de pijería en su voz, pero no puedo por menos que echar también yo una lágrima por ella. Y he elegido, de su tercer disco titulado genéricamente "Speedy González" (ya ven por dónde van los tiros), su magnífica versión de "Mr. Twist": los Jumps, un simple grupo de acompañamiento que no llegó a grabar nada a su nombre, podían haber sido mejores que los Rocking Boys, y el resultado es que junto a ellos la versión de Mimo y su guitara supera a los gaditanos y a cualquier otra que se haya hecho en España.

A estas alturas ya conocemos a dos de los personajes que se harán imprescindibles en la música española de los años 60 como "manejadores en la sombra": Maryni Callejo y Alain Milhaud. A Maryni la hemos dejado muy ocupada con los Brincos, y al joven suizo despidiéndose de Belter y Cataluña después de haber lanzado a los Gatos Negros para entrar en Columbia, donde en 1964 ya asciende de simple ojeador a productor. Y su bautismo como tal tiene lugar con los madrileños Cefe y Los Gigantes, a los que encuentra actuando en varias salas de baile. Se trata de un grupo beat con un cierto tono garajero que componía gran parte de su material, y que llegó a grabar dos Eps en 1965; pero poco después Ceferino Feito, el líder y principal compositor, cae en la leva militar y el grupo desaparece casi a continuación. No es que fueran unos genios, pero tienen canciones muy agradables como esta "Sin rencor" que abría su primer disco.

Durante la travesía hemos nombrado a algunos conjuntos que fueron lanzados con muchas ilusiones pero que cayeron pronto, y de todos ellos el caso más llamativo fue el de los Flecos. Cuando los Brincos comienzan a convertirse en fenómeno algunas discográficas tratan de buscar un filón parecido, y a ello se puso por ejemplo Vergara, de Barcelona, que era la equivalente en modernura a la madrileña Novola: sus contactos en Madrid consiguieron reunir a Pepe Barranco (Los Estudiantes), Pablo Argote (Los Pekenikes), Carlos Guitart (Los Sonor) y Carlos Sacristán (Los Flaps, un pequeño grupo de la capital que llegó a grabar cuatro Eps). La cosa, como ven, prometía. Vergara gasta también su buen dinero en presentaciones, equipo y trajes, pero al final el grupo se desinfla: tras un buen primer EP, en 1965, llegan otros dos en 1966 que demuestran la difícil adaptación a los nuevos ritmos que están barriendo al beat. Sus tímidas incursiones en el rock y el r’n’b no se ven correspondidas en directo, donde la mayor parte de su repertorio son piezas ajenas de años antes, lo cual indica un curioso desfase. Y ahí termina la carrera de un grupo que, con más creatividad, podría haber sido el puente entre Brincos y Bravos. En fin, aquí tienen "Estás lejos", la canción que inaugura su primer disco.

Algo parecido aunque de menos altura sucedió con los 4 Jets, entre los que había dos personajes conocidos: el batería Eddy Guzmán, que abandonó a los Pekenikes para militar en este grupo, y el también filipino Ricky Morales, que junto a su hermano Junior ya hemos visto que estaba haciéndose un nombre en los Jumps. Sin embargo la cosa no funcionó, ya que sus versiones no se apartaban mucho de la tónica general (surf, escuela Shadows y algo de beat) y las piezas propias eran bastante mediocres: su gran talla como instrumentistas no impidió que después de publicar tres Eps entre 1964 y 1965 desapareciesen. He elegido como muestra de su nivel el "Zorongo gitano" de Lorca, que abría su primer disco y es la mejor versión que se ha hecho de esa pieza inmemorial.

Los Pumas, de Barcelona, son uno de esos conjuntos masacrados por el servicio militar pero que de todos modos probablemente no habrían llegado muy lejos: como otros muchos, lo suyo eran los bolos preferiblemente veraniegos en las salas de fiestas, en su caso por la Costa Brava. Tienen dos Eps, uno del 64 y el otro al año siguiente, compuestos por versiones que van desde Richard Anthony hasta Chuck Berry, lo cual demuestra que eran unos todo terreno. Y aunque ustedes puedan sospechar que mi debilidad por la música surf es la que me hace elegir precisamente "Pequeña Honda" les juro que no: creo que fue su mejor versión. Se trata de una pieza de los Beach Boys que representa muy bien su estilo cantarín y que los Pumas hacen más densa, más compacta. Puede sonar a sacrilegio, pero casi me gusta más que la de los Chicos de la Playa.

Volvemos a Madrid, porque de allí es el Dúo Cramer (yo los tenía "contabilizados" como barceloneses, pero  afortunadamente un alma bondadosa me ha sacado del error). El tremendo éxito que el Dúo Dinámico tuvo desde el principio hizo que por todo el país surgieran parejas de músicos con el mismo tono que ellos; aunque, como en la primera época de los Top-Son, los Cramer son el resultado de la disolución de un grupo anterior: los Teddy Boys, que no llegaron a grabar. Entre 1962 y 1964 este dúo publicó seis discos de versiones que pasaron casi desapercibidos; aunque había alguna pieza realmente buena, y ese el caso de "Twist en blues", contenida en su segundo EP. Claro que... es posible que les sorprenda lo buenos que son los músicos que les acompañan: se trata de los Relámpagos, que estaban por todas partes en aquellos tiempos. Ah, y los Cramer acabaron, cómo no, en la mili.

Y ya que hablamos del Dúo Dinámico, vamos a Valencia. También allí hubo algunos nombres hoy olvidados cuya historia tiene más fondo del que puede parecer, y los Ángeles Negros son un buen ejemplo. Su discografía se resume en un solo EP de 1965, pero desde dos años antes se habían hecho muy populares en las salas de la ciudad por su destreza técnica, que llamó la atención del dúo de moda: durante gran parte del año 64, fueron sus músicos de acompañamiento en varias giras y grabaciones. Por otra parte su cantante se haría famoso años después: se trata del malogrado Juan Camacho, al que oirán ustedes en "Me equivoqué", mi pieza preferida de ese único disco que fue también la primera grabación de Juan. Por desgracia, la muerte en accidente de tráfico de Víctor Perusa, el batería, significó el fin del grupo.

Los Continentales, madrileños, podrían ser considerados casi como unos corredores de fondo, ya que consiguieron mantenerse en el negocio cinco años con cinco discos entre 1964 y 1967. Sus influencias son las clásicas del primer quinquenio, es decir, los sonidos surferos y la devoción a los Shadows; su técnica era muy buena, aunque su creatividad dejaba mucho que desear. Comenzaron fuerte -era uno de los grupos más aplaudidos en las matinales del Price-, pero cuando llegó el declive de las piezas instrumentales se quedaron en tierra de nadie: hay mucha diferencia entre sus dos primeros discos, que tuvieron una relativa popularidad, y la sucesión de palos de ciego que dieron después, entre baladas insulsas y una aproximación final a los ritmos soul que comenzaban a ponerse de moda y a los que llegaron tarde. Así que nosotros nos quedaremos con su época más interesante, que incluye versiones como este "Barco del amor", donde se aprecia la gran maestría de Álvaro Yébenes, guitarra solista que luego fue el bajo en Los Canarios.

Precisamente en la última época de los Continentales militó Quique Martínez, el cantante de uno de los grupos madrileños que podía haber sido mucho más de lo que fue si su sello discográfico los hubiera promocionado en serio y la mili no los liquidase luego: Los Buitres. Forman parte de la segunda ola, que ya se centra en el beat e incluso el r’n’b y cuyas actuaciones resultan rompedoras. Sin embargo solo llegaron a grabar un EP, en 1965, que mereció más apoyo por parte de Columbia. Y poco después desaparecían de escena, aunque el valor de algunos de sus miembros fue reconocido: el batería Diego Cascado y Quique (que pronto abandonó a los Continentales) pasaron a formar parte de los Íberos, uno de los grandes grupos del segundo quinquenio; Y Santiago Villaseñor, el cantante y guitarrista que había sustituido a Quique, llegó luego a Los Ángeles, otra luminaria para el futuro. De ese único disco he elegido "Sensación", la pieza que lo abre: tal vez no sea una joya, pero se nota un avance con respecto a los sonidos de otros grupos del momento.

La transición entre los ritmos del primer quinquenio y el segundo, como ya se ha visto en varios casos, acabó con la carrera de muchos conjuntos que no consiguieron ir tan rápido. Aunque algunos lo intentaron, y un buen ejemplo son los Tiburones, de Barcelona: solo publicaron dos discos, ambos en 1965, pero tratando de abarcar casi todos los géneros del momento. Sin embargo no eran compositores y por otra parte nunca salieron del circuito catalán a pesar de grabar en la todopoderosa EMI. Lo suyo en realidad eran las actuaciones en salas de bailes y circuitos veraniegos, y abandonaron pronto a pesar de su gran dominio de los instrumentos. Oigan si no esta espléndida versión de "Hi-heel sneakers", un número 1 en los States a cargo de Tommy Tucker pero que solo los Tiburones atacaron en España.

Otro caso parecido fue el de los madrileños Shakers: su afinidad con las nuevas bandas británicas y sus vestimentas los hacían figurar como una de las primeras bandas garajeras mod de la capital, con un importante grupo de seguidores; pero la dificultad de trasladar su sonido en directo al disco, su escasa creatividad, el cambio contínuo de miembros y la poca ilusión que la RCA puso con ellos terminó con su carrera tras el segundo EP. Por otra parte eran mal vistos por la competencia, ya que en los Shakers militaban dos hijos y un sobrino de José Luis Saénz de Heredia, y sus frecuentes apariciones en televisión resultaban sospechosas. Sin embargo su solista Vicente Martínez y el trotamundos Ricky Morales, que venía de los 4 Jets y también pasó por los Shakers, acabarán luego en los Brincos, nada menos. Bien, pues de su segundo disco (ya en 1966) elijo "Me reiré", una de sus escasas piezas propias. Es un tanto extraña, pero ya verán como tiene su gracia.

Y por fin... snif... la número 12. Mi favorita. Bueno, mía y de muchos otros frikis tanto nacionales como extranjeros, que también los hay. Verán ustedes: Hank Marvin, la maravilla con gafas de los Shadows, ha sido el referente de muchos guitarristas, tanto en aquella época como después. En una de sus piezas se le ocurrió darle la vuelta a su apellido, que leido así resulta ser "Nivram"... y ese es el nombre elegido por cuatro muchachos de Granollers para crear un grupo que, con solo dos Eps grabados entre 1965 y 66, han conseguido pasar a la Historia del mejor beat garajero de España, aunque España no lo sepa (gracias, básicamente, a la desidia de EMI). La mayor parte de las piezas son propias, y hay al menos dos o tres sobresalientes; pero la mejor, la más tremenda, la joya de la corona beat nacional para muchos coleccionistas, es sin duda alguna "Sombras". Lo tiene todo: una escala obsesiva de guitarra en ocho notas que por momentos preside la canción y durante el desarrollo va semioculta, como una sombra; el acompañamiento de bajo, batería y rítmica es soberbio; hay un saxo que cuando aparece redondea la pieza; los coros proclamando "sombraaaas" animan el conjunto... y la letra es, efectivamente, sombría. Si esta canción llega a ser de los Kinks, los Hollies o cualquier otro grupo isleño de la época ahora estaría en un pedestal, pero la crearon los Nivram, un grupo formado por los tres hermanos Mauri, hijos de músicos profesionales, junto al guitarra solista Josep Sala. La mili, una vez más, acabó con ellos: cuando salieron de esa sombra intentaron volver al negocio, pero su época había pasado.

Fuera de programa, como es norma aquí, se presenta la selección 12+1. Una pieza que salvo en México tal vez sea más conocida por los aficionados al buen cine que a la música yeyé, puesto que fue "descubierta" por Luis Buñuel. Pongámonos en situación: estamos en 1964 y don Luis termina su etapa mexicana rodando "Simón del desierto", que al final se queda en mediometraje por falta de presupuesto. El argumento es la fortaleza de Simón el Estilita en su virtud cristiana, que lo mantiene firme sobre su columna durante seis años... hasta que es tentado por el demonio y baja de ella para no volver. La película termina con el pobre Simón metido en un garito lleno de jóvenes melenudos que bailan pecaminosamente al ritmo de uno de esos grupos enloquecidos que tanto daño han hecho a la moral cristiana: los Sinners, interpretando "Rebelde radioactivo". Se trata de un grupo con una fama relativa en su país, aunque no llegó a formar parte de la invasión hispanoamericana, y don Luis se los encontró actuando en un café. Era justo lo que él buscaba para la escena final: en su entendimiento, tan alejado de tales músicas, una pieza instrumental y con "aullidos indios" como esta debía de ser lo más salvaje del momento, una antítesis perfecta frente al piadoso pasado de Simón e incluso del espectador medio. Se trata de una magnífica composición de tono surf que ha quedado como uno de los momentos más brillantes de los Sinners; así que muchas gracias, don Luis.

Y con este guateque termina la travesía española por el primer quinquenio de los años 60. Espero que no se hayan aburrido mucho. Ahora nos tomaremos un respiro con cualquier otro asunto o época musical, pero cuidado: la patria, más tarde o más temprano, nos reclamará para seguir indagando en esta década heroica. Quedan avisados. Esto es como la mili, al final caeremos. Y para el caso de que algún nostálgico perezoso quiera llevarse a casa el contenido de esta fiesta, aquí lo tiene.

* * *
* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2015/04/espana-ascension-y-caida-xx.html

Una de las características más destacadas en el último trienio de los años 60 es la aparición de los cantautores y los folcloristas. Los cantautores suelen estar inspirados en uno de los dos grandes modelos de la época: el yanqui o el francés. El primero está simbolizado por Pete Seeger (a medio camino entre lo social y lo folclórico) o Woody Guthrie (cuya guitarra "mataba fascistas") hasta la llegada de Bob Dylan, que potencia el elemento musical y le da la misma o mayor importancia que al literario (que también se hace poético). Su alternativa, la escuela francesa, es más sobria y está representada por Georges Brassens y sus "descendientes". Podríamos citar a Manolo Díaz como el primer cantautor nacional, puesto que además de sus composiciones -generalmente de tono social- para los Pasos, Bravos, Massiel y otros cuantos, comienza a grabar a su nombre algunas canciones como "Ayer tuve un sueño" (que primero lanzaron los Pasos) inspirada en Martin Luther King; es curioso su segundo LP, rápidamente censurado en España, en el que se dedicaba una canción a cada uno de los líderes políticos más conocidos en la época. Sin embargo, el carácter un tanto ácrata de Manolo lo llevaba a alternar ese tipo de temas con otros tales como los marcianos o la distopía electrónica, y sus letras a veces eran demasiado infantiles -además de una fuerte tendencia a la declamación que no le favorecía: él mismo reconoció años después que esa no fue su mejor época. Sin duda su verdadero valor llegará luego, cuando abandona el micro, se pasa al otro lado y lanza a Aguaviva o apoya a Vainica Doble y muchos otros.

En cuanto al folclorismo, considerado hasta entonces como un divertimento de profesores estrambóticos que se dedicaban a recorrer el país grabando en un magnetofón cancioncillas rurales de viejas, cancioncillas que solo les interesaban a ellos, parece que la cosa comienza a cambiar: el zamorano Joaquín Díaz, que con dieciocho años ya tiene un grupo estable y que con veinte abandona sus estudios de Derecho y Filosofía para dedicarse por completo al folclore y la etnografía, celebra esos veinte años en 1967 con un gran viaje a Estados Unidos, actuando en varias universidades de postín, repasando su ya extenso conocimiento sobre las piezas tradicionales de aquel país y admirando el trabajo de otros iguales suyos como el gran Alan Lomax, que a su vez ya había estado en España a mediados de la década anterior; bien, pues Joaquín Díaz será nuestro Alan Lomax. Y a la vuelta se reúne con Carlos Guitart, el ex Sonor que tras su paso por los Flecos es ahora el director artístico de Sonoplay/Movieplay (y con esto se redondea el círculo Sonor: Manolo Díaz y Carlos Guitart a un lado del negocio, los Bravos y los Pasos al otro son la herencia de un grupo que, si en su producción musical no tuvo mucha relevancia, como escuela para el futuro es de los más importantes en la historia de España). Carlos ya estaba "espiando" a Joaquín desde un año antes, y por fin consigue cazarlo: en 1967 llega a las tiendas su primer disco, con piezas tradicionales del folklore nacional.

Como es lógico, las ventas del disco son escasas, y seguirán siéndolo las de sus discos posteriores: no hay clientela aún para ese tipo de repertorio, que al gran público le resulta "aburrido". Pero pero por su bajo coste de grabación no dan pérdidas, y a partir de entonces Joaquín será la primera referencia folkie nacional además de participar en otros sellos especializados, dirigir colecciones e irse convirtiendo en una de las mayores autoridades españolas sobre el tema. Pero no disfruta con las actuaciones: su verdadera afición es recolectar piezas perdidas, y por otra parte es consciente de que para hacer popular el folclore ante las nuevas generaciones es necesario darle un poco de "alegría", con buenos juegos de voces y una instrumentación más nutrida. Es entonces cuando se cruza con un grupo de universitarios aficionados al género pero sin una idea muy clara de por dónde tirar. Los muchachos en cuestión solían acudir a un auditorio que celebraba Ángel Álvarez los domingos por la mañana y en el que se charlaba sobre todo tipo de músicas; Joaquín los conoció allí, y poco después se los presentó a Carlos: se trataba de los hermanos Juan y Gabriel Arteche (guitarras, mandolina, bajo y voces), Pilar -Pat- Alonso y Laura Muñoz (voces), Juan Cuadrado (instrumentos de viento), Ignacio Sáenz (eléctrica), Chema Martínez y Jaime Ramiro (acústicas, banjo y voces). Poco después, en Mayo del 68 (menuda coincidencia), entran en el estudio para grabar un LP titulado "El folklore de Nuestro Pequeño Mundo", un disco cuyo éxito sorprenderá a sus propios creadores: Joaquín Díaz escribe en la contraportada, tal vez sin mucha convicción, que "el tiempo del folklore ha llegado", y resulta que acierta.

Nuestro primer gran grupo folk presenta una colección de trece canciones: cinco son del repertorio estadounidense, hay dos irlandesas y una de España, Francia, Israel, Inglaterra, Grecia y "África" (desconozco qué país). Algunas ya fueron popularizadas por Peter, Paul & Mary, los Tokens o Nina y Frederick (y la africana figura en las primeras grabaciones caseras de Joaquín), pero la potencia y la hermosura de los juegos vocales que consiguen nuestros amigos universitarios son tremendas, y en concreto hay una que publicada en single llega al número uno de algunas listas nacionales: "Sinner man". Nosotros éramos aún unos críos, pero la sensación fue extraña y emocionante a la vez: de pronto te sorprendías, o sorprendías a tus colegas yeyés, tarareando esa pieza o incluso otras "mucho peores" como "Me casó mi madre", la española del ramillete, sobre la cual Joaquín resume perfectamente la idea en aquella contraportada: "Ni que decir tiene que ningún cantante español joven que se preciara de serlo hubiera osado interpretar, hace cinco años, "Me casó mi madre" aunque miles de personas se lo estuvieran pidiendo mentalmente con toda sinceridad". Esa es la cuestión, que los españoles sentían vergüenza de su folclore tal vez por la misma razón que la sentían de su bandera: porque después de una salvaje guerra civil en la que los ganadores se apropiaron de España y de todos sus símbolos, el único recurso que le quedó al otro bando fue rechazar cualquier cosa que pudiese asociarse con ellos, empezando por el propio nombre de España: algunos progres ya comenzaban a decir "este país". Y los colectivos más concienciados, como Els Setze Jutges en Cataluña o Voces Ceibes en Galicia, estaban contra la utilización del folclore por considerarlo "reaccionario".

Ante el éxito del LP y sus singles correspondientes, en 1969 llega el segundo, titulado "Buenas noticias de Nuestro Pequeño Mundo". El criterio es muy parecido, pero las piezas españolas comienzan a ser más abundantes aunque la yanqui "Good news" -que da medio título al disco- es también la más popular en single. Las ventas bajan un poco, en parte porque ya se ha amortizado la sorpresa por la novedad y porque los progres que dije antes comienzan a echarles en cara su ausencia de "compromiso": en vez de tantas canciones de viejas, lo que mola es la canción protesta, denunciar el sistema, los burgueses y demás enemigos de la clase proletaria (al estilo más francés que yanqui). Yo, sin ser de un bando ni otro, creo que ambas propuestas son razonables, pero ya saben ustedes que para las mentes sectarias solo cuentan sus idolatrías. El caso es que algunos miembros del grupo comienzan a dudar: entre 1969 y 1970 tienen lugar unas cuantas idas y venidas, junto a algunos proyectos aislados que no siempre son compatibles. Por fin, en 1970 veremos su tercer disco grande, "Uno por uno", título que refleja las tendencias personales de cada uno de los integrantes de grupo en ese momento y que incluye piezas propias. Pero su época más recordada fue esta primera, en la que abrieron el camino para otros; por lo tanto, aquí lo dejamos junto a un paquetillo con mis preferidas de sus dos primeros discos.

Y como dije al principio, pronto veremos a Manolo Díaz apoyando la nueva corriente musical con algunos protegidos suyos; luego vendrán Jarcha, Vino Tinto y otros músicos que, unos más cercanos a la canción de autor y otros al folclore, conseguirán hacerse un sitio. Pero el mérito del visionario es para Joaquín Díaz, un tipo peculiar y valiente.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2015/04/espana-ascension-y-caida-xxi.html

Llegados al universo de los cantautores conviene recordar la disyuntiva de la que hablé el otro día entre la escuela yanqui -más orientada al folk- y la francesa -más "existencialista"; esa diferencia de mentalidades nos recuerda el viejo debate entre fondo y forma que ha marcado al Arte desde el principio de los tiempos. En el caso español hemos de reconocerle a los cantantes de protesta el mérito que tuvieron, ya que su tarea no era fácil: intentar colar mensajes de contenido social o político en un entorno hostil como fue el de la dictadura franquista demuestra valentía, aunque no sea asunto nuestro -ya saben ustedes que en este tugurio prestamos más atención a la música que a las letras. De todos modos hay algunos personajes que supieron moverse con soltura entre dos aguas, y en concreto nuestro invitado de hoy supo mezclar muy inteligentemente las letras con carga social junto a otras más poéticas, buscando siempre la melodía y subrayando el conjunto por un buen acompañamiento musical; esa búsqueda del equilibrio lo llevó a ser el más popular entre los de su estilo y, en poco tiempo, a convertirse en una de las grandes voces españolas, a la misma altura que sus competidores del sector rockero o cualquier otro: efectivamente, se trata de Joan Manuel Serrat.

En Cataluña ha habido siempre un fuerte sentimiento patriótico, incluso en los peores momentos del franquismo; lo cual es debido en gran parte a su potente burguesía, tanto económica como social e intelectual, que sabe influir en las clases populares. Y teniendo un idioma propio, era de esperar que en cuanto la dictadura aflojase un poco lo reivindicarían: a finales de los años 50 algunos personajes destacados de varios sectores comienzan a pedir a sus trovadores "nuevas canciones". Los acontecimientos se precipitan y en 1961 ya hay un sello discográfico que se ocupará de publicar a los artistas que se expresen exclusivamente en catalán: ese sello se llama Edigsa, y el conjunto de músicas recibe el nombre de "Nova Cançó". Aunque se admite todo tipo de estructura, grupal o solista, piezas originales o versiones actualizadas, lo cierto es que al menos en sus primeros años ese movimiento estará representado mayoritariamente por un colectivo de cantautores conocido como "Els Setze Jutges" ("Los dieciséis jueces", un trabalenguas clásico catalán). Una de sus influencias principales es Georges Brassens, que supo alternar su afición por la "chanson" francesa junto a piezas de creación propia y contenido político. Hay por tanto un factor ideológico que los llevará a frecuentes enfrentamientos con algunos "disidentes", pero es innegable su proyección: como idea comunitaria, son lo más recordado de aquella época; y aunque muchos abandonaron pronto, hubo otros que fueron ampliando su base tanto musical como literaria y se han mantenido durante varias décadas -María del Bonet o Lluis Lach son los mejores ejemplos, además de nuestro invitado de hoy.

Joan es otra figura del Poble Sec, un barrio que imprime carácter. En 1965 ocurren dos hechos contradictorios: termina sus estudios de perito agrícola, pero ya sospecha que su verdadera vocación es la música; antes, en la mili, había escuchado a Enric Barbat, uno de los primeros Jutges, e influido por esa escucha comenzó a escribir sus propias canciones. Tras una pequeña temporada acompañado por unos antiguos compañeros militares, decide presentarse en solitario a un programa musical dirigido por Salvador Escamilla, una "figura multimedia", como se dice ahora, que poco antes había creado el programa "Radioscope" en Radio Barcelona y que se convierte en uno de los mayores publicistas de la Nova Cançó. Escamilla, tras escucharlo, no lo duda y lo recomienda a Edigsa: antes de que termine 1965, con veintidós años, Serrat es el número trece de los Dieciséis Jueces y presenta su primer EP, de tipo intimista y donde la estrella es "Una guitarra", homenaje a ese instrumento que le había comprado su padre años antes y que le cambió la vida; en 1966 llega su segundo disco, en el cual viene contenida "Ara que tinc vint anys" otra futura clásica, una especie de oda juvenil que también dará título a su primer LP, publicado en 1967 y que gana el Gran Premio del Disco Catalán. Para entonces, Serrat ya es el más popular de los Jueces y su fama comienza a extenderse por toda España aunque no se le entienda; lo cual demuestra una vez más que con instinto musical y buenas melodías el idioma puede ser un obstáculo salvable.

La confirmación llega poco después -aún en 1967- con la publicación de su tercer EP, cuya pieza principal es "Cançó de matinada". Se trata del primer número uno español cantado en catalán: el empeño de Serrat por acompañar sus letras de una base musical sólida, casi orquestal, ha hecho el milagro. Y como era de temer, comienzan los líos: dejando aparte las veladas críticas en el entorno de los Jueces por una supuesta actitud "comercial" de nuestro amigo, los sectores ultras españoles empiezan a incomodarse ante la pujanza de un cantante que se obstina en usar su idioma "separatista". Durante su infancia y primera juventud Serrat tuvo el catalán como lengua primordial, pero por el uso lógico en su entorno y no por militancia: hijo de catalán y aragonesa, también cantaba con su madre las canciones más populares de la época, mayoritariamente en castellano. Y en homenaje a ella se le ocurrió incluir una estrofa que pertenece al cancionero popular aragonés en su "Cançó de bressol", que figura en su último disco del 67 (su primer single, por otra parte). En una de sus primeras actuaciones en Madrid la canta, esperando que esa estrofa le sirva para congraciarse con un público que mayoritariamente no entiende sus letras, pero el resultado es el contrario: hay un fuerte abucheo por su acento y supongo que por mala leche de cierta parte del personal. Esto ocurre a principios de 1968, uno de los años más convulsos y al mismo tiempo más productivos de su carrera; Serrat se encuentra entre dos fuegos, ya que sus colegas catalanes tampoco ven con buenos ojos esa estrofa ni la deriva general que está tomando, pero no se amilana y decide que a partir de ahora nadie le va a dar órdenes: cantará lo que quiera y en el idioma que quiera. Y luego llega una sucesión de hechos que a los Jueces les suena a provocación: ficha por Novola para publicar el material que vaya a grabar en español, publica su primer single en ese idioma y con el aval de su cara A ("El titiritero"), que alcanza un nivel de ventas notable, presenta su candidatura al festival de Eurovisión.

Lógicamente, la jugada no le sale gratis: Edigsa, presionada por los Jueces y demás guardianes de la ortodoxia, suspende por un tiempo la publicación de su nuevo LP con canciones tradicionales del repertorio catalán, ya que a la decisión de Serrat de ir a Eurovisión se suma el hecho de que, recuerden, "el folclore es reaccionario" (Curiosamente, cuando ya haya pasado el aciago festival y por fin se publique, la mayoría de los catalanes reconocerán el gran mérito que tiene al actualizar piezas tradicionales para las nuevas generaciones). Mientras tanto, el Dúo Dinámico recibe el encargo de escribir una canción, "La, la la", que puede encajar en el estilo de Serrat perfectamente: no es una balada boba sino más bien un canto a la vida; aséptico tal vez, pero aceptable. Serrat comienza a grabarla en varios idiomas, como es norma; pero cuando solo faltan dos semanas para el festival cede y plantea una exigencia que sabe, o debe saber, que es inaceptable: al menos una estrofa ha de ser cantada en catalán. Como es lógico se busca a toda prisa una alternativa, que será Massiel; pero esta salida por la calle de enmedio cabrea tanto a los patriotas catalanes como a los españoles (Fraga prohíbe su presencia en radio y televisión hasta nueva orden), y durante un tiempo Serrat parece un apestado entre las élites de ambas latitudes. Por suerte, al pueblo llano no le importa porque en realidad el pueblo llano, tanto catalán como español, ya no puede pasar sin sus canciones. Y probablemente él ya lo sabe.

Los dos años siguientes son apoteósicos: tras "La paloma", versión sobre un poema de Alberti que de single pasa a ser también el título de su primer LP en castellano -en esencia una recopilación de sus primeras canciones en este idioma- llega el legendario "Dedicado a Antonio Machado, poeta", que será el disco grande más vendido en España hasta entonces. Algunos puristas objetan pequeños cambios de palabras y de ritmo, lo cual demuestra eso, que son puristas: gracias a este disco mucha gente común comenzó a leer a Machado y a otros; comenzó a leer poesía, lo recuerdo perfectamente. Y esa carga poética pero al mismo tiempo social superó las barreras del Régimen, que veía impotente cómo crecía su popularidad a un ritmo imparable; un ritmo que pronto lo llevó a Hispanoamérica, una zona donde por las especiales circunstancias de la época se convirtió en un tótem, una zona a la que ha amado desde entonces. Y en la próxima década se consolidará definitivamente, pero esa ya es otra historia; de momento aquí les dejo unas muestras de sus primeros años, triunfales casi desde el principio, donde se va notando la evolución desde una simple guitarra en sus inicios a un frondoso acompañamiento orquestal tras el que suele estar la mano experta de Ricard Miralles. Serrat es la suma de unas letras magníficas y una música muy refinada, más de lo que puede parecer en una primera escucha.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2015/04/espana-ascension-y-caida-xxii.html

La Nova Cançó era una denominación muy vistosa con una sola norma, la de cantar en catalán; como dije el otro día, cualquier tipo de música o número de músicos eran válidos. De todos modos, y ya que en los primeros tiempos hubo mucha gente que asociaba esa "marca de fábrica" con los Setze Jutges, algunos personajes con la doble vocación de poetas y músicos que comenzaban por entonces sus carreras tuvieron dudas sobre si sería conveniente su militancia en el grupo de los Jueces o no; y entre ellos se encuentra don Pau Riba i Romeva, nuestro invitado de hoy, mi catalán favorito. La verdad es que, con la perspectiva que nos da el tiempo, resulta difícil entender cómo es posible que a semejante individuo se le hubiese ocurrido pertenecer a aquel colectivo (o a cualquier otro, ya puestos); pero tal vez entonces tuviese una cierta lógica, como ahora veremos.

Pau Riba, aunque nacido en Mallorca (1948), pertenece a una familia barcelonesa de raigambre: sus abuelos paternos son los poetas Carles Riba y Clementina Aderiu, mientras que Pau Romeva, su abuelo materno, fue uno de los fundadores de Unió Democrática de Cataluña. Su primer impulso fue puramente literario, pero pronto descubre a Dylan: la transformación del yanqui, que de la soledad compartida con su guitarra acústica pasa a ser acompañado por una banda de rock, le impresiona mucho más que las escuetas músicas de los cantautores franceses; y los frutos de aquella transformación, que junto al nacimiento de la psicodelia dan entidad al folk rock como escuela en la que se asientan los Byrds o los primeros Jefferson Airplane -que a su vez dan forma al naciente movimiento hippie- terminarán de convencerlo. Por otra parte, su vocación de poeta cantante -acústico todavía- en el idioma que ha usado desde niño, le hace suponer que su sitio está entre los Jueces tal vez como alternativa yanqui a la querencia francesa de la mayoría del colectivo. Pero precisamente esa es la razón que esgrimen los Jueces para no admitirlo: nuestro guía es Brassens, no Dylan. Y no queremos folk rock, ni hippies, ni nada de origen yanqui. Ah, y sintiéndolo mucho... tienes voz de regadera. Pobre Pau. Durante un tiempo anduvo cabizbajo, el hombre. Pero pronto se recuperó: "Al final fue una suerte", dijo luego. Y es cierto, porque a partir de entonces no conocerá límites artísticos, sean literarios, musicales, gráficos o de cualquier otro tipo: no solamente será el padre del rock catalán, sino muchas otras cosas que, en conjunto, lo convertirán en "un terrorista cultural", como lo definió Manuel Vázquez Montalbán.

Estamos en 1967. Lo primero que hace es crear, junto a algunos amigos suyos como Sisa, Oriol Tramvía, Jordi Batiste y otros cuantos, una alternativa "yanqui" a los Jueces: el Grup de Folk, mucho más elástico, sin miembros fijos y que, como buena agrupación anarcoide, se disolverá pronto (tras una actuación multitudinaria en Barcelona el Mayo del 68). Casi al mismo tiempo ficha por el sello Concéntric -una escisión de Edigsa- y publica un EP de tres canciones de las cuales la más popular es "Taxista", una delicia tanto por su letra como por su melodía; ah, y la funda también la diseña él, como hará con casi toda su discografía: Pau es ya un artista multimedia con todas las de la Ley. A continuación, junto a Jordi Pujol (no, no es ese), colega del Grupo, cierra el año 67 con una participación en un Lp navideño colectivo, y en 1968 el dúo publica dos discos de folclore tradicional catalán pero con ese tono tan de coña que le caracteriza (a veces). Y tras esos escarceos folclóricos, Pau se consolida definitivamente como figura con nombre propio presentando poco después un nuevo single que marca la transición hacia su nuevo y personal estilo.

Ese estilo, cuyo eje es la canción de autor, se reviste musicalmente con el acompañamiento de un grupo eléctrico -Om, entre cuyos miembros está el guitarrista ex Pic-Nic Toti Soler; Jordi Sabatés al piano, los hermanos Hodkignson (Peter, batería; Tim, instrumentos de viento) y Manolo Elías, bajista. El planteamiento recuerda inevitablemente a Dylan, pero su objetivo es aún más amplio: desde el puro folk hasta la psicodelia, pasando por todos los tipos de rock que comienzan a despuntar por entonces; el progresivo, el jazz o el free rock que a veces nos recordará a Zappa, todo va a ser posible. Y la primera prueba la tenemos en su nuevo disco pequeño, un single cuya portada diseña él, claro: "Els morts de l’any 40" tiene un tono general de canto colectivo acompañado por una instrumentación lánguida, un tanto psicodélica, que va muy a tono con la letra ("Somos los muertos del año 40, que venimos del Paraíso, del Cielo / La vida es blanca y estar allí se hace aburrido"), mientras que la cara B, "Noia de porcelana", es una magnífica canción de estilo casi "habanero" y cuya letra expresa la vacuidad de cierto tipo de mujeres. Esa canción reaparecerá, con modificaciones, en su primer LP, "Dioptría"; un disco que iba a ser doble pero que finalmente se distribuye en dos sencillos entre finales de 1969 y 1970. Esa es nuestra coartada para no comentarlo ahora: su reinado es de la década siguiente -y posteriores-, y por otra parte tal vez deberíamos dedicarle una entrada solo a él. Estamos ante el mejor disco de rock catalán de la historia, por extensión de los mejores de España; un disco denso y revolucionario, que si lo hubiese grabado un sajón (no digamos ya Dylan) estaría ahora en los puestos más altos de esas listas clásicas que tanto gustan a la Rolling Stone (entre Madonna y Nirvana, por ejemplo). Así que esperaremos.

De momento y puesto que su discografía es aún diminuta, aquí les dejo sus dos discos pequeños más algunas piezas de su época con Jordi. Y recomiendo a quien no conozca "Dioptría" que se lo vaya pensando: no sabe lo que se pierde.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2015/04/espana-ascension-y-caida-xxiii.html

Hoy nos toca hacer un pequeño viaje a Mallorca, uno de los puntos con más actividad musical de España, aunque ya hemos comprobado que todo lo que no sea Madrid o Barcelona resulta anecdótico para la industria y la mayoría del público. La isla, que comenzó a ser un hervidero desde los primeros años de la década gracias a su nutrida población de guiris, tiene algunos grupos realmente notables y avanzados que, si en su época no fueron muy conocidos fuera de aquel ámbito, hoy en día son respetados entre la población de nostálgicos. Y de entre ellos los más populares son los Z-66, que simbolizan muy bien la ascensión y caída de la música yeyé española porque en su corta pero densa historia se encuentran gran parte de los tópicos que la aquejaron.

La mayoría de los músicos mallorquines comenzaron sus carreras haciendo versiones en pequeños grupillos que actuaban en los locales de moda frecuentados por la fauna extranjera más variopinta; es evidente que la proximidad con ese tipo de público crea una interacción que no se da en el resto de España, y que eleva los conocimientos de los músicos por encima de la media nacional. De entre esos músicos, cinco crean un nuevo grupo con el nombre de Z-66 y comienzan a resaltar entre los demás porque en su repertorio ya casi no hay piezas beat, sustituidas por las novedades del primer pop psicodélico o el soul (antes también que los grupos de la Península). Sin embargo la mayoría de esas piezas son instrumentales hasta que a finales de ese año 66 consiguen atraer a una voz agraciada: Lorenzo Roselló, un cantante muy moderno que está haciendo soul en los Bríos, otro grupillo popular en el ambiente isleño aunque no tan vanguardista. Es esa vocación de vanguardia la que convence a Lorenzo para cambiar de banda y también de apellido, que en honor a su pueblo de nacimiento será "Santamaría".

En 1967, tras algunos cambios de plantilla, Lorenzo queda acompañado del guitarrista Vicens Caldentey; Leopoldo Gonzalez al bajo, Manolo Marí en la batería, Pep Noguera como teclista y Manolo "Ness" Martínez al saxo. Es un año de mucho trabajo culminado por su fichaje con EMI, que los incluye en el subsello Regal y a principios del 68 lanza su primer disco; se trata de un Ep en el que hay un dominio técnico poco frecuente para un grupo que empieza, lo cual prueba la cantidad de horas de trabajo que han acumulado a base de patearse todos los locales modernos de la isla. La segunda prueba es su gran variedad de repertorio, ya que habiendo un tono pop (notable sobre todo en "Mr. Bus driver", sin nada que envidiar a Bruce Channel), también se atreven con la tendencia psych de los Herd en "From the underworld": la voz de Lorenzo casi me gusta más que la del guapito de Frampton, y sus compañeros están a la altura. Y por supuesto siempre hay alguna concesión al soul, aunque "Gimme little sign", la elegida, no sea de mis favoritas. El disco -a escala isleña- es un éxito que hace volver pronto a los Z66 a los estudios de la EMI, y su primer año en la cumbre se completa con dos singles en los que mantienen la misma línea: el soul pop de "Tryin’ to get you" supera la versión de los Feathers; más difícil es llegar a la altura de los Moody Blues en sus "Noches de blanco satén", pero el intento es bueno. La que tal vez sea su obra más ambiciosa es "Morning dew", que me recuerda a la versión de Jeff Beck con Stewart: tanto Lorenzo como el grupo están soberbios.

Desde poco después de su llegada, Lorenzo es en la práctica el líder de los Z-66: a falta de un repertorio propio, él se convierte en uno de sus valores más importantes junto a la talla técnica de los músicos. Y puede presumir de haber recibido lecciones del mismísimo Eric Burdon, uno de los visitantes ocasionales de la isla, que le recomendó prescindir de ecos y demás artilugios eléctricos para potenciar la voz: "El eco está en tu garganta, no en un aparato", dicen que le dijo. EMI también es consciente del valor de Lorenzo y, aunque de momento no le hace una oferta directa, comienza a halagarlo "ascendiendo" en 1969 al grupo a Odeón; ese año se publica un LP donde se contienen todas sus grabaciones anteriores más otras cuatro nuevas, de las cuales dos aparecen además en formato single. Del single destaca su cara A, "Carrera del diablo", un novedoso hard/heavy al que ellos dan un aroma de pop underground con órgano al estilo Deep Purple; otra vez demuestran estar a la altura de las originales (en este caso la de los Gun) además de su visión de futuro, ya que nadie en España estaba haciendo ese tipo de sonido aún. Y queda en el LP otra grande: "Wake me, shake me", un blues rock de Al Kooper con Blues Project que los Z-66 introducen en España con todos los honores (tampoco ese estilo era muy conocido aquí, precisamente).

La década termina, y la perspectiva es muy negra. Como dije arriba, en los Z-66 tenemos varias de las características que llevan a la música moderna española al valle de lágrimas en el que ha de penar hasta bien entrado el segundo quinquenio de los años 70. Su primer enemigo es su propio sello, como casi siempre: al igual que hizo con los Huracanes, EMI los desprecia considerándolos como un fenómeno local, y su distribución en la Península es muy pequeña. Por otra parte ellos mismos son conscientes de que ya no se puede mantener una carrera discográfica a base de versiones, por muy vanguardistas que sean; esa época pasó hace tiempo, cuando las originales eran mejoradas fácilmente. Los nuevos grupos extranjeros suelen hacer piezas de muy difícil superación, en el mercado español ya se publica mucho más material suyo que unos años antes y teniendo buenas originales nadie quiere copias. Los sellos solo tienen que verificar su nivel de ventas para tomar la decisión lógica en un sistema capitalista: "desguazar" para extraer lo mejor de cada uno y desechar el resto. Del mismo modo que en otros grupos reclutará a sus mejores músicos para emplearlos en su estudio o para crear bandas de apoyo a solistas, EMI intensifica la presión sobre Lorenzo, que antes de abandonar a los Z-66 grabará con ellos en 1970 los dos últimos singles. Se nota una decadencia, probablemente a causa de la desesperanza, pero aún mantienen el tipo por momentos: abandonando sus intentos progresivos vuelven al soul y nos entregan piezas como "Love (is just the game)", de lo más defendible.

Como era de esperar, Lorenzo sigue una carrera como cantante melódico y los Z-66 sobreviven algunos años más con sus actuaciones en los locales modernos de la isla; Lorenzo, a veces melancólico por su pasado yeyé, ha grabado algún disco suelto en plan rockero y otras veces se ha reunido con su viejo grupo para desentumecerse en algunas actuaciones esporádicas. Y eso es todo. Yo les dejo aquí unas cuantas evidencias de lo buenos que eran, aunque en su época no tuviesen muchas ocasiones de demostrarlo en la península.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2015/05/espana-ascension-y-caida-xxiv.html

Volvemos a Madrid para ir rematando esta segunda ola que comenzó con el beat y se va diluyendo en los últimos coletazos del "Spanish Soul" y la psicodelia; es una época confusa, sin un futuro claro, en la que nacen unos cuantos grupos cuya vida será corta pero que en aquel momento fueron muy aclamados. Por ejemplo, Henry and The Seven y Los Buenos: ambos tenían una potencia y un nivel técnico muy poco frecuentes en España, parecían destinados a triunfar y a pequeña escala lo consiguieron; sin embargo, pronto se vio que eran flor de un día. La historia de este tipo de grupos muestra además la gran brecha que está surgiendo entre los aficionados a la música pop de consumo (Los Diablos, Los Puntos, etc) y los más inquietos, que son pocos, cada vez más especializados y ya prefieren dedicarse a escuchar exclusivamente las grabaciones extranjeras: la ascensión que comenzó a mediados de la década ya se ha completado y, a falta de un estilo propio para seguir adelante, la caída es inevitable.
Henry and The Seven, con ese nombre tan british, es una agrupación de curtidos músicos nacionales entre los que destaca el cantante Enrique Martínez, que de los Buitres pasó a los Continentales y ahora se hace llamar Henry; junto a él está el guitarrista Manolo Barrera, que viene de los Flames (el grupo más famoso de Almería) y otros cuantos veteranos más, todos juntos como orquesta de baile con actuaciones fijas en varios locales de Madrid. Entre 1967 y 68 se consolidan como grupo de soul -la moda del momento- y su dominio técnico llama la atención de José Luis Álvarez, el director de la influyente revista Fonorama, que les consigue un contrato con CEM, un pequeño sello que había comenzado a funcionar poco antes y cuyo estilo es parecido al de la trompetera Belter. Para cuando llegan a grabar su primer single, los ahora Henry and The Seven son una banda cuyo sonido ya se ha hecho famoso en la capital: nadie toca tan fuerte como ellos; y aún encima tienen repertorio propio, puesto que ambas canciones son suyas.

Esas dos primeras canciones, cantadas en castellano, ya tienen gancho aunque no muestren la contundencia que pueden alcanzar en directo: "Llévame allí", la cara A, es una transición entre pop y soul muy decente, mientras que "Cuando vuelva" un poco más oscura, tiene un cierto ramalazo de progresivo melancólico al estilo de unos Aphrodite’s Child, aunque como siempre la sección de metales y la voz de Henry son magníficos. Y antes de que acabe el año llega su obra cumbre, el single que trae "Come" en la cara A y la explosiva "You love me" en la B; dos piezas de tremendo soul blanco al mejor estilo americano y que por supuesto no tiene nada que envidiar a Canarios ni a cualquier otra banda nacional de su estilo. La cara B (que en buena lógica debería haber sido A) es la canción que elige Iván Zulueta para incluir al grupo en la legendaria "Un dos tres, al escondite inglés" estrenada en 1969, un año en el que no tienen nuevas grabaciones, sustituidas por unas cuantas giras y la mili de alguno de sus integrantes.

La llegada de la nueva década marca su final: la popularidad de este grupo, como le pasó a otros, se circunscribe a Madrid, Barcelona y en general las zonas urbanas, más actualizadas que el resto del país; su sello no tiene la potencia de los grandes, y en consecuencia la promoción es muy deficiente; y por último, es posible que, también como otros, no supiesen evolucionar desde un soul que ya estaba pasando de moda hacia otra cosa, fuese la que fuese: en 1970 presentan su tercer y último single, cuya cara A se titula "It’s all right", en la onda brass band de unos Chicago o Blood, Sweat and Tears, mientras que la B, "It used to be", tiene un aire de "marcha fúnebre" que no cuadra mucho con todo lo que habían hecho antes. Las ventas caen y poco después la banda se disuelve: algunos músicos abandonan, otros vuelven al circuito de orquestas y solo seguiremos oyendo hablar, unos años después, de su guitarrista Francis Cervera y el bajista José Panizo, que formarán parte de Aguaviva. Curiosamente, de Henry y su tremendo vozarrón nunca más se supo en el negocio.
Los Buenos hacían honor a su nombre: al igual que Enrique y los Siete, su destreza era producto de la veteranía. El más conocido es su cantante, Julián Granados, que ya ha pasado por los Ángeles Azules y los Brisks antes hacerse amigo de algunos músicos aficionados al soul/blues, entre los cuales vemos al organista Rod Mayall, hermanísimo del gran John; el guitarrista portugués Johnny Galvao, que junto a sus compatriotas Os Duques se afincó en España en el 65 y han grabado algunos singles; el bajo queda en manos de Iñaki Egaña, ex de Los Tañidores y otro histórico para el futuro del pop nacional, mientras que a la batería se sienta Jorge Moreno, ex de Los Brujos: vamos, lo que se dice un supergrupo con todas las de la Ley. Se hacen llamar los Snobs, pero poco después el director de orquesta Adolfo Waitzman -director musical del nuevo sello Acción (propiedad de la SER)- pasa a ser su manager, les cambia el nombre a Los Buenos y los mete a grabar a toda prisa a finales de 1968. En Enero del 69 ya está en las tiendas su primer single, promocionado intensamente a través de la SER, claro: que tiemblen Canarios, Bravos y demás familia. Sin embargo parece que sus padrinos no tienen muy claro aún cuál es el mercado potencial del grupo, ya que intentando abarcar todo tipo de públicos en la cara A hay una pieza festivalera un poco boba compuesta por Galvao y titulada "Canción", mientras que el verdadero espíritu de Los Buenos está en la cara B: una versión del "Oh, pretty woman" de Albert King que arrasó en las discotecas y obligó al sello a repensar su estrategia para el futuro.

Poco después aparece su segundo single, y esta vez su cara A hace honor al puesto que ocupa: el "Looking back" de Johnny "Guitar" Watson aparece completamente remozado, un r&b convertido en funky con muchas palmas y con el que de nuevo se hacen dueños de las discotecas. La cara B, aunque no tan tremenda, mejora mucho con respecto al primer single: "De mi niña", compuesta por Egaña, es una enternecedora proclama con entrada épica y tono a lo Blood Sweat and Tears cantada por el propio Egaña, cuya voz aguda no llega a la potencia de Granados pero tiene su gracia. Y falta les va a hacer esa voz: recordarán que por entonces algunos Pekenikes (los hermanos Sainz entre ellos) junto a algunos Pasos crearon un nuevo grupo -Taranto’s- que además inauguraba un sello propio -Guitarra. Bien, pues Alfonso Sainz está presionando a Julián Granados para que inicie una carrera en solitario como estrella de ese nuevo sello. Y tal vez tengan razón, ya que los dos singles de los Buenos, a pesar de la promoción de la SER, solo se han vendido en las ciudades grandes (lo mismo que pasa con Henry and The Seven y otros cuantos grupos brillantes pero ajenos al gusto de la gran mayoría del público nacional). Así que, llegada la primavera, Julián abandona el grupo.

El tercer single de Los Buenos trata de enmascarar esa pérdida; solo así se comprende que la cara A vaya ocupada por una anodina "Hola, hi, hello", compuesta y cantada por Egaña sin gancho alguno, mientras que el verdadero cañonazo está en la B: "Groovy woovy", un r&b con marcha rabiosamente bailable y de creación propia que resulta ser la última aportación de Julián antes de su despedida. Es la pieza más famosa y recordada de los Buenos, que se lucen con ella en -cómo no- "Un dos tres, al escondite inglés", siendo además el único single del grupo que llega a rozar el top 20 en las listas. Pero al igual que Julián, la mayoría del grupo parece comprender que es imposible mantener una carrera solamente con las ventas para discotecas y comienzan a pensar en su futuro personal, despidiéndose de la afición poco después de publicar su cuarto y último single. En él, una vez más es mejor la cara B que la A: se titula "Summer talk" y es una buena despedida por su tono de blues arrastrado en el que la voz de Iñaki demuestra haberse hecho mayor. Por cierto, ese error equivocándose de canción (A por B) y por lo tanto de objetivo, es un hecho reincidente en la historia de la música española y ha lastrado carreras por entonces basadas en singles que sonaban en la radio convencional, de onda media: el locutor "todo terreno" de provincias no suele fijarse en las caras B. Pero ya da igual: los Buenos desaparecen del mapa con el fin de 1969, y cuatro singles en ese año son todo su legado. En cuanto a los músicos, la carrera en solitario de Julián es bastante mediocre; Rod se volvió a su Isla; Galvao se estableció como músico de estudio llegando ser de los más cotizados, Moreno parece haberse evaporado y Egaña, reclutado por Fernando Árbex, será el bajista de otra gran luminaria que también quedó en nada: Alacran. Pero luego formará parte de los orígenes de Barrabas, el grupo español más rentable de los años 70, y luego de Iman, y aún sigue en activo.

Como ven, los grupos españoles que tratan de escapar del pop facilón que se está imponiendo en el país lo tienen muy crudo. Pero por supuesto siempre quedará su obra, y aquí les dejo lo más florido de ambos. Que lo disfruten.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2015/05/espana-ascension-y-caida-xxv.html

Hoy nos visitan otros dos grupos que, como los de la semana pasada, parecían tener futuro pero solo consiguieron el gran respeto que ahora se les tiene, tantos años después: primero recordaremos a Los Grimm, que partiendo del soul tocaron muchos palos y llegaron al pop psicodélico-progresivo; Shelly y La Nueva Generación, nuestros siguientes invitados, andaban en un cruce entre soul pop y blues con tonos psicodélicos de vez en cuando. En ambos casos, tenían talla suficiente para mantenerse en un mercado que no fuese tan raquítico como el español, y creo que quien los conozca estará de acuerdo. Pero sus sellos -y estos eran de calibre- no los tomaron en serio, en el caso de los Grimm la promoción fue casi inexistente y, como siempre, trataron de dirigir su carrera hasta acabar con ellos.
Los Grimm son la evolución de Los Gringos, un pequeño grupo nacido en 1964 que comenzó inspirándose en las melodías del Dúo Dinámico y el sonido Shadows para luego acercarse al beat. Su formación más estable queda definida a finales del año siguiente: Jesús Fernández es su líder, guitarra rítmica y compositor; el otro personaje destacado es un chaval de diecisiete años llamado Pedro Ample, cuya voz ya impresiona. Los otros músicos, al igual que Pedro, proceden de pequeños grupos sin pedigrí: José Antonio Rodríguez es el guitarra solista, Carlos de la Iglesia el batería y Víctor Martín el bajo. En 1966 Jesús, que trabaja como delineante en el estudio de un arquitecto, consigue que este los financie y compran un equipo decente; con ese equipo consiguen, entre otras cosas, un contrato como banda de a bordo en un crucero que hace el viaje Bilbao-Nueva York, viaje del que traen nuevos conocimientos: Pedro, por ejemplo, ha quedado impresionado con la potencia vocal de algunos cantantes de soul. De nuevo establecidos en Madrid, comienzan a hacerse famosos en el circuito de clubs y son recomendados por Ricardo Fuster (batería de los Relámpagos) al sello Fonogram, que los ficha a finales de ese año. Por cierto, que José Luis Armenteros, otro Relámpago, está entrando en el mundillo de la producción y los Grimm serán uno de sus primeros trabajos. Como ven, parece que estos muchachos tienen la suerte de cara.

El sello busca un grupo que cubra el sector del folk pop para hacerle la competencia a Hispavox y sus triunfantes Pasos. Decide bautizar a su nuevo fichaje como Los Grimm y les adjudica un compositor que, para hacer juego con el nombre del grupo, presenta algunas letras con marcado carácter de cuento y fábula; Jesús compone la música y poco después, a principios del 67, vemos su primer single: "La amistad" y "Un día soñé" son perfectamente intercambiables, con un tono musical de folk eléctrico que en el segundo caso se acerca a la balada blues. Los ventas son decentes, y poco después llega su segundo disco con la misma propuesta. Tal vez por esa reiteración la mezcla comienza a resultar un poco cargante, y Pedro, gran admirador de Otis Redding, impone su criterio consiguiendo que el siguiente cierre el año con dos magníficas piezas de soul. La cara A, "Pobre hombre", es una más que decente versión de "Down in the valley"; la cara B, "Mientras viva", tiene espíritu de balada que nos recuerda los momentos más intimistas del propio Redding. Pedro está soberbio en esas interpretaciones, que lo consagran; justo por entonces Teddy Bautista tiene que abandonar los Canarios para ir a la mili y ha pensado en Pedro para que lo sustituya en su ausencia; Pedro acepta y los Grimm han de buscarse otro cantante.

El substituto es otro Pedro, "Leré" Talavera, cuya voz no llega a la altura de su antecesor pero tampoco la necesita porque sus ideas son otras: el cambio de cantante implica cambio de estilo, del soul a la psicodelia. Estamos en 1968 y los nuevos Grimm publican su cuarto single, que trae dos versiones realmente tremendas: "Amor de niña" y "Viaje en la alfombra mágica". La primera es el "Love child" de las Supremes; la B es "Magic carpet ride", de Steppenwolf, y su aproximación desde el pop psicodélico resuelve las dos con mucha dignidad. Pero, una vez más, las ventas son discretas y Fonogram comienza a impacientarse. Entre unas cosas y otras no vuelven al estudio hasta el año siguiente, y tal vez por la presión del sello su nuevo disco sea menos brillante: una nueva versión de los Supremes que no aporta nada y el "Crimson and Clover" de Tommy James un poco deslucido. Comienza entonces un desfile de músicos que no augura nada bueno, aunque mejora la técnica y se añade una nueva sonoridad con el teclado del portugués Joao Vidal. El grupo sigue evolucionando y su nuevo disco presenta una cara A que nos lleva al hard rock con el "Hot smoke and Sasafrass" de Bubble Puppy, y una psicodélica "Tengo sueños", pieza propia, para la cara B. Una vez más el disco pasa sin pena ni gloria, justo en un momento en el que hay otra llamada a filas: esta vez le toca a Pedro Talavera ponerse el uniforme. Los Grimm, desanimados, deciden abandonar; pero antes graban un último single con una nueva voz: un tal Pablo Abraira, que viene de hacer versiones de los Beatles en un grupillo de la capital, se pone ante el micro y nos ofrece su interpretación del "No face, no name, no number" de Traffic, nada menos. Y es una versión muy digna, pueden creerme, se lo dice un fan de esos señores (por otra parte, qué curiosa es la vida: Pedro Ample, otro adorador de Stevie Winwood, nunca grabó nada de Spencer Davis Group; y en cambio, llega Pablo y se atreve con Traffic). La cara B, escrita por Pablo, es la sorprendente "Want my love again", en plan soul funky -al estilo de los Buenos, por ejemplo- y por supuesto cantada en inglés. No hace falta decir que una vez más el nuevo trabajo de los Grimm pasó desapercibido. Y que hoy en día son uno de esos nombres de culto respetadísimos por los fans más informados.

Algunos músicos de este grupo pasaron al olvido, pero no todos: Pedro Ample, tras la sustitución en los Canarios, cubre las últimas actuaciones de los moribundos Brisks y corre a la llamada de Alain Milhaud, que ya estaba impaciente por echarle el guante, cambiar su apellido a "Ruy-Blas" y lanzarlo en su sello Poplandia, donde debuta con "A los que hirió el amor", cañonazo bestial que será número uno en 1970/71 y nos muestra a un cantante de solera que con los años se irá colocando en un lugar más cercano al jazz: su carrera aún sigue hoy en día. Pablo Abraira también será un solista bastante popular: "Gavilán o paloma", ¿recuerdan? Pero también ha hecho trabajos como actor y otras cosas; yo lo vi actuar hace años como integrante del Teatro Nacional, y no era malo del todo. Carlos de la Iglesia será el batería de Cecilia y morirá con ella en aquel maldito accidente, mientras que el portugués Vidal tendrá una buena proyección en Barrabas.
Pueden ustedes respirar aliviados: si la historia de los Grimm es densa y florida, la de Shelly y Nueva Generación nos llevará muy poco rato. Shelly es María Concepción Gutiérrez, nacida en Maracaibo, Venezuela, hija de emigrantes españoles, que se establece en Madrid y antes de cumplir los veinte años ya ha conseguido encontrar un grupillo en el que desarrollar su afición yeyé. Pronto pasa a ser la figura de ese grupillo, que tras llamarse "Los Driblings" y luego "Nosotros" adquiere el nombre definitivo, más largo pero revelador. Tras unas cuantas actuaciones por las discotecas madrileñas con un repertorio que va desde el soul hasta los ritmos brasileiros, una espectadora de excepción se fija en ella: Maryni Callejo, que en ese momento ya es una de las mentes creativas de Philips y ofrece al grupo un contrato con el sello. La impresión que debió de causarle tuvo que ser enorme, ya que se convierte en su manager y tendrá como productores a Alfonso Sáinz en su primer single y a Pepe Nieto en los otros dos; ambos son ya dos personalidades en el mundo de la producción. Tras algunos cambios en el grupo, la guitarra queda a cargo de Jorge "El Cubano"; Miguel Rojas, "Bibi", es el bajista; Luis Fornés a los teclados, y la ignorancia me obliga a escribir un simple "Manuel" en la batería: la historia de este grupo es tan extraña que, a pesar de la sorprendente proyección que tuvieron con solo tres singles, los datos son muy escasos.

El verano de 1968 termina con la publicación de su primer single:"Mr. Train, hurry up/I’m a poor girl", escritas por Miguel Rojas y Shelly. La primera arranca casi al estilo surf para llevarnos luego por un juego de sonidos entre soul, rock y psicodelia que efectivamente recuerda el ritmo de un tren; la cara B, igual de buena que la A, es una especie de balada soul en la que Shelly demuestra una solvencia admirable, como si llevase toda la vida haciendo eso. Las discotecas se emplean a fondo con la cara A para la sesión "rápida" y la B para la lenta, los fans más exquisitos flipan y el single consigue unas ventas decentes. Maryni consigue colar al grupo en un programa de televisión, donde interpretan la cara B, y a finales de año llega el segundo single, no menos impresionante que el primero: la cara A, titulada "Devil woman", es una verdadera fiesta de sonidos a medio camino entre lo tribal y cualquier otra cosa, mientras que "I’m just a fool" es un soul rock de gran potencia que elige don Ivan Zulueta para -¿a que ya lo han adivinado?- "Un dos tres, al escondite inglés". En ese momento Shelly y su grupo son probablemente lo más exportable que tendríamos si pudiésemos exportar algo; Maryni les consigue una gira que los ha de llevar por Estados Unidos y México nada menos, una gira que comenzará después de que se publique su tercer single, en la primavera del 69. En ese disco Shelly canta en castellano las dos últimas piezas que forman parte de la leyenda: la deliciosa "Vestido azul", versión de una pieza brasileira y que en manos del grupo se convierte en una de esas canciones que justifica la existencia de nosotros los poppies, y "No puedo olvidarte, chico", de un tono parecido y que demuestra una vez más que este grupo no tiene caras B, que todas son A. También la televisión nacional guarda recuerdo de ambas: vayan a Youtube.

Pero la bruma se apodera del grupo en su gira americana, y a partir de entonces todo "parece": parece que comenzó a haber disensiones; parece que Shelly quería comenzar una carrera en solitario, que Maryni pensaba en ella como cantante melódica pero Shelly tenía otros planes; al mismo tiempo parece que Philips, ante el poco éxito del grupo, tampoco quiso lanzar a Shelly en solitario, pero eso no cuadra con la versión de que Maryni sí quería... Por otra parte, ¿qué fue de los músicos? (salvo Pablo Weeber, que entró en la última época del grupo y luego fichó por Franklin), ¿qué fue de la propia Shelly?, ¿por qué hay más de una biografía "nubosa" entre los protegidos tanto de Maryni como de Alain Milhaud?, ¿por qué alguien no hace una película ya? Este y otros misterios nos serán aclarados en la próxima reencarnación, seguramente; pero mientras tanto, y junto a un paquetillo con lo mejor de los Grimm, aquí les dejo las seis canciones de Shelly y Nueva Generación: no podía ser menos. Algunas figuran en recopilatorios, otras no, y en cualquier caso no se sabe si las cintas han sobrevivido ya que nunca han sido reeditadas en CD. Por tanto, el sonido está sacado del vinilo; poco a poco, a lo largo de los años, he ido buscando y sustituyendo hasta conseguir el nivel de calidad de las que tengo ahora, y si alguien tiene algo mejor le rogaría que me lo pasase. Recuerden "Blade Runner": este tipo de momentos no puede perderse como lágrimas en la lluvia.

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2015/05/espana-ascension-y-caida-xxvi.html

Enhorabuena, estimados clientes de este garito: hoy terminamos por fin con la segunda ola yeyé nacional, es decir, con las músicas que se oyeron aquí en el segundo quinquenio de los años 60. Y como siempre queda bien despedirse a lo grande (aunque si hablamos de música española tal grandeza sea muy relativa), he reservado para este final a dos figuras que en su momento estuvieron en lo más alto de las listas: tanto Juan y Junior como los Íberos son un buen ejemplo de un estilo musical, el pop, cuyo encanto quedará hibernado durante unos cuantos años, suplantado por el cortoplacismo de unos sellos discográficos para los que ese género solo es negociable si se infantiliza (ya saben, los Diablos y demás familia). El futuro inmediato de la música moderna española, en términos de rentabilidad, corresponde salvo muy escasas excepciones a ese tipo de pop o a los cantantes melódicos.
En el otoño de 1966 Juan y Junior causan baja en los Brincos, tras fallarles el golpe de mano que habían intentado contra Fernando Árbex. De todos modos, más tarde o más temprano la separación acabaría siendo inevitable porque las perspectivas eran distintas: mientras Fernando abandonará el beat para acercarse al pop/rock con aromas progresivos, el dúo es pop puro sin la menor duda. Y la demostración llega en la primavera del 67, con su primer single: "La caza / Nada", que sirve perfectamente para describir su estilo: un equilibrio entre melodías alegres o melancólicas cantadas con un exquisito juego de voces, empastado a veces en unos arreglos orquestales muy eficientes aunque un poco pasados de vueltas; esa mezcla los colocará en lo más alto de las listas de ventas casi hasta el final de su corta trayectoria. Su objetivo es el pop grandioso, preciosista, que funciona muy bien en el estudio; en directo se notan las carencias, pero ese tipo de detalles trae sin cuidado a sus fans -como buenos poperos que son. Por cierto, la presentación oficial tiene lugar en una nueva discoteca madrileña que se llamará J&J en honor a ellos.

La sucesión de éxitos del 67 prosigue con otros dos singles (el formato clásico para este tipo de canciones): "Nos falta fe / Bajo el sol" es perfecto, y curiosamente la cara B -tal vez mi canción favorita del dúo- todavía mejora con la regrabación para su único LP, aunque precisamente la calidad de grabación es uno de sus puntos débiles por mucho que vayan a grabar a Italia. Luego llega "A dos niñas / Tres días": la primera está dedicada supuestamente a sus novias oficiales, que resultaban ser Rocío Dúrcal (Juan) y Marisol (Junior); sí, por ese orden. "Tres días" tiene un punto eléctrico con ramalazos psych muy agradables y además, siguiendo el tono elegido para las caras B, dan un sonido muy de grupo, sin arreglos orquestales. Para entonces Juan y Junior son tan populares en las revistas musicales como en las del corazón, gracias a sus noviazgos, y de ahí al cine hay un paso: en 1968 ruedan una película musical a las órdenes del casi inevitable Pedro Olea, titulada "Un mundo diferente" que se verá en 1969. Lamento no poder opinar sobre ella, porque no la he visto; aunque según testimonio de algunos que sí la vieron, no me he perdido nada. En lo musical, su primer single del 68 es otro cañonazo: Pardo inicia su querencia por los asuntos gallegos con "Anduriña", la cara A, que ha quedado como la canción más famosa del dúo. "Para verte reír", la B, es otra pieza de pop muy agradable; sin embargo en ambas canciones se nota una sobrecarga de arreglos orquestales, y tanta grandiosidad acaba cansando.

Ese single resulta ser el que marca el comienzo de la decadencia: el siguiente y último del 68. "Tiempo de amor /En San Juan", vuelve a sonar sobrecargado, tremendista, con unas líneas melódicas decentes pero un tanto inconexas. Y al mismo tiempo comienzan los rumores sobre conflictos tanto sentimentales como profesionales: Marisol desaparece de escena y Rocío Dúrcal pasa a ser la novia oficial del guapo Junior, que por otra parte está oyendo cantos de sirena para que emprenda una carrera en solitario -que puede ampliarse a la incursión en el mundo del cine- mientras que Juan, posiblemente molesto por la situación, está componiendo algunas piezas a su aire. Como ven, estamos ante un culebrón de los que hacen época. Llegados a 1969 hay un último disco, el peor de su carrera, y Novola publica de paso un LP conteniendo todas sus grabaciones oficiales hasta entonces casi al mismo tiempo que el dúo anuncia su desaparición: al parecer Junior se ha enfadado porque Juan eliminó su voz en una canción (es de suponer que esa es una excusa oficial, pero ya no importa). La prensa musical, tan astuta como siempre, augura un gran futuro a Junior y uno más gris a Juan; como luego vimos, la cosa fue exactamente al revés: Juan, encorajinado por un nuevo golpe artístico y personal, queda frente a frente con su verdadero rival, que siempre ha sido Fernando Árbex. Esa competición no declarada será el mejor acicate para las carreras de ambos, carreras completamente distintas pero notables en los primeros años de la década que está a punto de comenzar.
Los Íberos son el resultado de un empeño personal: Enrique Lozano, un joven malagueño que comenzó trabajando como barman en Torremolinos, crea en 1961/62 un híbrido entre grupo y orquesta que comienza a ser conocido en toda la zona y que con el paso del tiempo llegará a Londres; tras unas cuantas actuaciones en esa ciudad, su manager les consigue una gira por Irlanda, Suiza y Alemania. La gira se va ampliando, los meses se convierten en años y nuestro amigo vuelve a España cansado ya de tantas vueltas sin un futuro claro (sus compañeros han preferido quedarse por allá arriba). Pero sí tiene claras las ideas: el beat ha sido superado por el pop, y con un buen planteamiento se puede entrar en ese mercado. Estamos en 1966, Enrique es ya un guitarrista notable con un gran conocimiento del negocio y reúne un nuevo grupo que en 1967 se establece en Madrid. Su primer trabajo es como conjunto fijo en una discoteca, y de ahí pasan a ser caras conocidas de "Escala en Hi-Fi", el programa musical de moda en la rudimentaria televisión de entonces; ya saben, poner el tipo en los playbacks de las canciones que triunfan en las listas. Esa relativa popularidad permite a Lozano rechazar una oferta discográfica de Movieplay: solo ficharán con un sello que les ofrezca grabar en Londres, como debe ser. Esa chulería tiene su premio, porque poco después actúan como teloneros de los Bravos; la actuación de los Íberos resalta frente a las estrellas, y el personal de Columbia que está en la sala toma nota: poco después firman con el sello, cuyo planteamiento para ellos es exactamente el de grupo alternativo a Mike y sus socios. O sea, que también ellos irán a grabar a Londres.

Atrás quedan casi siete años de trabajo, un grave accidente de tráfico en el verano del 67 con un muerto y algunos heridos -entre ellos el propio Enrique- y varios cambios de plantilla que finalmente, a la hora de grabar, queda así: además de Enrique, que es el guitarrista oficial y frecuente compositor, tenemos a Adolfo Rodríguez, voz principal y segundo guitarrista; Cristóbal de Haro, el bajista, es un ex Flames, y el batería Diego Cascado viene de los Brujos. Columbia está ilusionada y financia la grabación en Londres de temas suficientes para un LP -ya digo, como los Bravos; el disco se compone de piezas propias, alguna versión sorprendente y otras compuestas por los señores Waddington y Bickerton (dos monstruos del pop británico de los años 60: el repertorio casi completo de las Flirtations o los Rubettes es suyo, además de varias canciones para Tom Jones o la producción de cosas tan extrañas como el disco de Fripp con los hermanos Giles). Hoy en día se le considera una de las obras cumbres del pop español, pero en realidad no se publicó hasta bien entrado 1969 ya que, como era norma en nuestro raquítico mercado, se troceó en varios singles que comenzaron a publicarse un año antes. El primero de ellos ya fue número uno: "Summertime girl / Hiding behind my smile" es una pareja de joyas del pop compuestas por los dos viejos zorros isleños, y para los aficionados su cara A forma parte del triunvirato divino del verano del 1968 junto a "Bring a little loving" de los Bravos y "Get on your knees" de los Canarios. Qué año, madre mía; las máquinas de discos de los bares y tugurios de futbolines o billares echaban humo...

Poco después, al rebufo de su primer single tan british, llega otro netamente racial, español de los pies a la cabeza, con dos de las piezas compuestas por Enrique: "Las tres de la noche / Corto y ancho", un delicioso cambio de estilo que remata 1968 para volver al pop en 1969 con "Nightime / Why can’t we be friends?", ambas con un tono más orquestal. Viene luego una de sus escasas y sorprendentes versiones: el "Liar, liar" de los Castaways, nada menos; y suena muy bien, demostrando que es posible la transición del garaje al pop. Los Iberos están en la élite, y como era de esperar Iván Zulueta vuelve a aparecer en este garito con su "Un dos tres, al escondite inglés": "Hiding behind my smile", la cara B de su primer single, queda inmortalizada en esa película. Que es seguida por "Topical Spanish", otra de no tanto relumbrón porque en su época estuvo "casi" censurada; ahí se lucen con "Amar en silencio", cara B de su primer single en 1970, y "Fantastic girl / Back in time", el segundo y último de ese año. Pero entonces se retira Enrique, que arrastra secuelas de aquel accidente de dos años antes y no puede seguir manteniendo el tipo: su recuperación será muy lenta. El grupo, sin su líder, comienza a dar tumbos; y el material de aquel LP fabuloso se ha agotado, por lo que necesitan recurrir a compositores ajenos. Uno de ellos será Óscar Lasprilla, teclista que fue de los últimos Brincos, en ese momento en Alacrán, y que denota en sus composiciones la escuela de aquel otro grupo mítico; pero en cualquier caso la hora de los Íberos ha pasado y en 1973 deciden darse de baja. De sus músicos el más recordado será su cantante, Adolfo Rodríguez, al que dentro de unos años veremos junto a Cánovas, Rodrigo y Guzmán. Y sus mejores canciones -bueno, digamos que mis preferidas- las tienen ustedes aquí, junto a otro ramillete similar de Juan y Junior. Que los disfruten.

Volviendo al principio, hoy terminamos con la saga yeyé española relativa al quinquenio 1965-70. Por supuesto hay nuevos grupos surgiendo uno o dos años antes del final de la década, pero esos ya forman parte de la tercera ola; una de las olas más desafortunadas de la historia musical de nuestro país -lo tendrán todo en contra- pero que por supuesto, algún día, visitarán nuestro tugurio. Por nuestra parte y como siempre, queda pendiente la fiesta-baile con la que solemos rematar estos culebrones; dicha fiesta tendrá lugar dentro de dos semanas, ya que la próxima nos visitan de nuevo los Beatles, ¿recuerdan?

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/2015/06/espana-ascension-y-caida-y-fin.html

Bienvenidos al guateque. Ya se notan algunas diferencias con respecto al que tuvimos en el primer quinquenio de los años 60: el sonido ha mejorado un poco, hay más ambiente y las chicas llevan faldas más cortas. Vamos progresando. Como saben los asiduos al tugurio, en este tipo de fiestas tratamos de rescatar algunas canciones y nombres que no llegaron a tener la popularidad de los que se han detallado en la serie, pero que también merecen un pequeño recordatorio. Y como es norma disfrutarán ustedes de 12+1 selecciones; algunas de las cuales tienen un sonido defectuoso, como por desgracia también es frecuente aquí: gran parte de las cintas que contenían estas piezas ya no existen, con lo cual todo depende del cariño con el que se haya tratado a los vinilos. Allá vamos, pues:

Comenzaremos con una de las obsesiones tan de moda a mediados de la década: desbancar a los Brincos. En este caso se trata de Los Botines, actualización de los Diablos Negros, un grupillo muy rockero, casi canalla, que a principios de los 60 se codeaba con lo más salvaje de Madrid pero cuyas grabaciones nunca estuvieron a la altura. Columbia se fija en su cantante, el canario Manolo Pelayo, héroe del Price al que posiblemente vea como un futuro Miguel Ríos o Bruno Lomas, y le ofrece un contrato; Pelayo exige que se haga a nombre de un grupo y que se mantengan algunos de sus músicos, naciendo así los Botines a principios del 65. Se lanzan a todo trapo -ya digo, los nuevos Brincos- pero se estrellan de inmediato porque una vez más carecen de un buen repertorio propio y las versiones -impuestas generalmente por el sello- son anacrónicas ("El chico ye-yé", "Capri c’est fini", y así sucesivamente). Tras dos únicos EPs, Manolo vuelve a ser tentado por el sello y comienza una mediocre carrera en solitario mientras los Botines graban un último disco en 1966 con un nuevo cantante: Camilo Blanes. Y curiosamente esa es su mejor obra, con dos piezas originales que además los hará aparecer en el cine por partida doble: la infumable "Los chicos del Preu" y la desconocida para mí "Hamelin". El grupo desaparece a mediados del 67, pero también su nuevo cantante comenzará una carrera en solitario, y esta de mucho calibre, cambiando su apellido por "Sesto". Aquí tenemos al bueno de Camilo presentándose en sociedad: "Eres un vago", la cara B de aquel single, tiene su coña y nos recuerda tal vez a un Micky con mejor voz.

El sonido se está haciendo más rugoso, y Barcelona lleva la delantera tanto por sus bandas de garaje como por las de tendencia mod. Uno de los grupos que funden ambos estilos son los No, que parecían tener un gran futuro pero se vieron sobrepasados por las circunstancias; se dan a conocer a principios de 1966, son músicos ya veteranos y su potencia tanto escénica como musical los lleva a grabar casi de inmediato, tras ganar el concurso "la Hora de los Conjuntos" de Radio Juventud (a medias con los Go-Go, a los que escucharemos a continuación). Su primer EP se abre con "La llave", pieza propia que ha quedado como la más definitoria y una de las clásicas en los recopilatorios nacionales, junto a tres versiones de gran calibre. Pero a finales de ese año coincide su segundo disco con el referéndum franquista sobre la Ley Orgánica del Estado: hay que votar simplemente "sí" o "no". Como es lógico la opción "deseable" es la afirmativa -que acabó ganando por una sospechosa goleada- y un grupo cuyo nombre es la opción contraria resulta inconveniente. Para acabar de arreglarlo, la canción que abre ese nuevo disco se titula "Moscovit" (que no hace propaganda a favor de la URSS, sino más bien lo contrario): los huidizos locutores se niegan a radiar a los "enemigos del Régimen". Lo curioso es que a pesar de todo se rehicieron y el año siguiente llegaron a representar a España en el festival del MIDEM, pero no conseguían ventas ni actuaciones y finalmente decidieron separarse. Hubo una reunión en 1971 para grabar un nuevo disco (un single) pero resultó anecdótico. Y para la Historia quedan piezas como esta magnífica "llave", que aún hoy resulta sorprendente si tenemos en cuenta la fecha en que fue grabada.

Pronto vemos que Barcelona es una gran potencia también en el nuevo campo de los estilos negros: los Go-Go, que se han repartido el premio del concurso radiofónico con los No, graban tres singles entre 1966 y 67; su estilo es mucho más amplio, y abarca el blues, r&b, soul e incluso llegan hasta el pop progresivo. Pero todo esto lo vamos comprobando por medio de sus versiones, ya que no tienen piezas propias: desde Chubby Checker hasta Procol Harum pasando por Spencer Davis Group o Ray Charles, sus influencias son muy variadas. Como era de esperar, ese tipo de sonidos no cala en un público que aún no ha llegado a esas alturas y que por otra parte comienza a exigir piezas originales: tras apoyar una tímida carrera en solitario de su cantante Jordi Querol, los Go-Go desaparecen en 1968. Jordi creará poco después Vértice, uno de los primeros grupos progresivos nacionales, junto a dos jóvenes con futuro, Tapi y Max Sunyer, antes de irse a la mili. Nosotros nos quedaremos con otra clásica de los recopilatorios: "¡Hey tú, loca Marabú!", que había hecho Chubby poco antes con un título parecido. Tal vez no sea su mejor versión, pero a mí me encanta esa marchita y esa gracia que tiene.

Seguimos en Barcelona. Los Polares son otro de esos grupos que enamoran a los frikis porque lo tienen todo: actitud, presencia y técnica. Formados en 1964, el año siguiente ya estaban metidos en actuaciones por media Alemania al igual que Salvajes, Huracanes y otros cuantos; e incluso, como los Runaways, llegaron a grabar dos singles allí, hoy imposibles de localizar. Con esos avales parecía sencillo triunfar a su vuelta en 1966, y de hecho consiguieron grabar muy pronto -en otoño de ese mismo año-, pero la falta de repertorio propio y un sonido quizá excesivamente "moderno" los alejó del gran público: únicamente tienen un EP, de sonido deficiente (como muchos otros discos de Sonoplay) en el cual destaca su versión de "LSD" de los Pretty Things, que ellos traducen como "La droga" y que no tuvo problemas con la censura: su letra nos previene contra esas substancias demoníacas, y por otra parte el Régimen no tenía muy claro aún cómo enfocar el problema (aquí las drogas, en 1966, eran algo exótico y por supuesto de consumo muy minoritario: cosas de artistas y gente rara). Pero lo importante es cómo tratan esa canción, que para mí supera la original y demuestra la gran calidad de un grupo que poco después desapareció del mapa.

Y hablando de drogas, vamos ahora con los Zooms. Se trata de una banda creada por Tony Ronald, el holandés hiperactivo que se estableció en España a finales de los años 50 y a mediados de los 60 ya ha formado parte de un dúo, ha estado al frente de un grupo y en sus ratos libres ejerce de manager y productor. Tony es un tipo muy avanzado (¡las primeras "gogós" que se vieron en España las trajo él!) y decide organizar una agrupación que pueda competir con lo más moderno que venga de la Isla. Reúne a dos españoles y dos holandeses, y presenta su primer single a mediados del 67: "La droga / Alguien ha de escuchar". Ambas canciones, compuestas por el grupo en tono oscuro y melancólico, son magníficas, pero en concreto la cara A (que no tiene nada que ver con la de Pretty Things) es un imponente relato de un mal viaje, algo que en España resulta ininteligible. Poco después llega el segundo disco, otra pareja de canciones muy por encima de la media nacional, pero cuyas mínimas ventas convencen definitivamente a Tony y al grupo de la inutilidad de seguir intentando un estilo como ese aquí: tras un nuevo single de promoción para la revista "Fonorama" con dos piezas ya publicadas (una de ellas en inglés), el grupo se disuelve a finales del 68. Aquí tienen "La droga" de los Zooms: aún hoy sorprende que esta sea una grabación española. Si llega a ser una de esas "oscuras lisergias tejanas" cantadas en inglés, no quiero imaginar qué precio alcanzaría el single.

Más droga: ya hemos visto que el soul pop comienza a despuntar aquí entre 1966/67 y en poco tiempo se convierte en una especie de plaga nacional, tal vez por esa querencia que gran parte del oyente medio siente por los instrumentos de viento que suenan en las incontables orquestas que pueblan el país por entonces. Eso permite a muchos grupos la supervivencia alternando el circuito de fiestas con el de salas, y la habilidad de algunos les permite llegar a grabar aunque su trayectoria no dure mucho. Este es el caso de los Kifers, que ganan en 1968 el Campeonato de Grupos de Cataluña y consiguen un contrato con Vergara. Poco después aparece su primer single: "Oye mis ansias de vivir / Una aventura", cuya cara A, de creación propia, es tremendamente cañera; y lo mismo ocurre con el segundo y último, cuya cara A se titula "El sol es una droga" (versión del "Beggar for your lovin" de los Explosion, banda de referencia para los Kifers). Las ventas no fueron muy allá, y hay que reconocer que el cantante, a pesar de su buena voz, resulta un poco infantil desgañitándose con unas letras bastante flojitas. Pero el grupo sonaba bien, y esa canción sobre el sol ha dado lugar mucho más tarde a una de las series recopilatorias españolas más famosas: "El soul es una droga". En cuanto a los Kifers, la mili se cebó con ellos; reconvertidos luego en "Palabras" lo intentaron de nuevo, pero su tiempo había pasado.

También hemos visto la tremenda desigualdad en la que competían los grupos "de provincias", lejanos al duopolio Madrid-Barcelona: el caso de los valencianos Huracanes es de libro. Y por supuesto había muchos otros conjuntos en aquella ciudad, de gran tradición musical; por ejemplo, Els 5 Xics tuvieron una vida relativamente longeva y su popularidad en Valencia no tenía nada que envidiarles. Su carrera comenzó a mediados de la década, como grupo a medio camino entre grupo y orquesta; grabaron varios discos, generalmente de versiones y baladas, que no fueron mucho más allá de su territorio y llegaron hasta principios de los años 70. Pero tienen algunas cosas de las que presumir: fueron de los primeros en grabar piezas en su idioma y casi todos sus miembros viven aún hoy de la música porque su talla técnica era muy alta, como buenos corredores de fondo que eran. De esas versiones, algunas son realmente interesantes; oigan si no este "Soy muy hombre", traducción un poco vergonzante del "I am a man" de los Spencer Davis Group pero muy bien desarrollada.

Ya que andamos por el Mediterráneo podemos aprovechar para hacer una pequeña excursión a Murcia y encontrarnos con una de esas rarezas que encantan a los frikis: se trata de los Roller, un grupo del cual se sabe muy poco porque únicamente grabó un single y dejó otras dos canciones para un recopilatorio del sello Belter en 1969 (la leyenda dice que el batería era Julián Ruíz). Sin embargo es posible que hubiesen merecido mejor suerte, porque además de dos piezas supongo que propias –y más que decentes- tienen dos versiones tremendamente modernas: en el single publicaron el "Touch me" de los Doors, y en la recopilación "Crossroads" siguiendo el patrón que habían marcado Cream. Pero casi nadie se enteró hasta que comenzó la fiebre por las excavaciones sesenteras nacionales, hace unos años: Belter, que como dije alguna vez era capaz de lo mejor y lo peor, tuvo el mismo valor para ficharlos como luego cobardía para promocionarlos, y no es el único caso ni mucho menos. En fin, aquí tienen "Camino cortado", esa versión al estilo Cream cuya eficacia sorprende.

Ahora, un salto a Mallorca. Más de una vez hemos hablado del extraordinario ambiente que propició allí la llegada de las invasiones guiris desde principios de los años 60, y que gracias a ese público los grupos de la zona mejoraron en conocimientos y técnica. El más popular fueron los Z-66, que ya pasaron por este local, pero hubo otros que con menos brillo se constituyeron en corredores de fondo durante muchos años; ese es el caso de los Beta Quartet, una agrupación de tipo orquesta que comenzó su carrera en 1964 alegrando fiestas y demás saraos con un repertorio "ecléctico" que iba desde la copla hasta versiones de los Beatles, grabando unos cuantos discos para consumo isleño. En 1967 se convierten en "Los Beta", a secas, tras varios cambios de personal, y su estilo va evolucionando poco a poco hasta que publican entre 1968 y 69 algunas piezas realmente interesantes, entre ellas dos que acabarán haciéndose famosas: "Hey girl", que veremos en la inevitable "Un dos tres, al escondite inglés" del señor Zulueta, y una versión realmente psicodélica de "Misión Hiroshima", que es la que escucharemos aquí. Las ventas volvieron a ser tan minoritarias como siempre, pero los Beta aún tuvieron otros tres o cuatro años más de trabajo pateándose la isla.

Otro grupo mallorquín que comienza en los primeros años de la década pero no se "destapa" hasta bien entrado el segundo quinquenio son los Pops, que al igual que los Beta se curten en el circuito de salas y fiestas con todo tipo de repertorios. Cuando consiguen grabar su primer disco, en 1967, ya son realmente populares en la isla entre los más jóvenes por su inclinación garajera: en ese disco se incluye "No, no, no" una pieza propia que figura en algunos recopilatorios y que los define perfectamente. Sin embargo ese estilo ya está pasando de moda, las ventas son casi inexistentes y en su segundo disco -es de suponer que por presiones del sello- hay un batiburrillo que incluye dos piezas veraniegas, una balada y una floja versión de los Troggs. El resultado comercial es peor aún, y el año termina con su último Ep; en él nos encontramos con esta gran versión de -otra vez- los Troggs: "Hierba larga". Y ahí termina su carrera discográfica, aunque como los Beta todavía tuvieron trabajo en las salas de fiestas hasta bien entrados los años 70.

Y si los grupos mediterráneos sufrieron las consecuencias de su situación geográfica, imagínense ustedes lo que podría esperarle a un grupo de Santander, pongamos por caso. De allí eran los Dixies, que para muchos aficionados nacionales es una de las grandes promesas perdidas: solo llegaron a publicar un single, autofinanciado y con dos versiones, pero eso parece ser suficiente para ponerlos en un altar. Sin embargo hay que reconocer que tanto su calidad técnica como el buen gusto a la hora de elegir esas dos versiones demuestra que tal vez hubieran tenido un buen futuro si la mili, la escasez de clientela, su procedencia y el accidente de tráfico que postró durante dos años a su cantante y líder no los hubiese liquidado. Esas dos versiones son la muy legendaria "Georgia on my mind" y el "Black cat" de Brian Auger. Pero ya digo, la cosa no duró mucho. Y nosotros, respetuosos con la tradición, escucharemos ese emocionante homenaje a una señora que tuvo la suerte de llamarse igual que un estado (o la suerte la tuvo el estado, porque ahora es su himno nacional). Hubo varias versiones de esa canción en España (entre ellas la de los Go-Go), pero creo que esta es la mejor.

Y terminamos nuestro viaje en Asturias, zona mítica: ya saben, allí comenzó la Reconquista. La agrupación estrella del Principado son Los Archiduques, que nacieron a principìos de la década y están a medio camino entre grupo y orquesta; su escasa discografía -versiones y originales, casi siempre baladas- suele ser para consumo de la zona. En 1967 su cantante enferma y han de buscar un sustituto: hay un crío de 17 años, muy moderno, que tiene una voz privilegiada y ya destaca al frente de su grupillo, los Zafiros Negros. Se llama José Celestino Casal y una de sus obsesiones son los hermanos Ryan, de los cuales ya tiene algunas piezas en el repertorio. Su llegada revoluciona a los Archiduques, que parecen otros en su nuevo single; cuya cara A, "No le ames", de creación propia y tono beat, está construida al estilo Beach Boys, y es realmente buena... Pero como bien saben todos los frikis nacionales, la joya está oculta en la cara B: "Lamento de gaitas". Primero, la fría descripción: se trata de "I love how you love me", que las Paris Sisters presentan en 1961 en una balada ñoña muy de la época. Pero Paul y Barry Ryan le dan la vuelta en 1966 haciendo una pieza de british pop con gaitas y todo; y por supuesto esa es la versión que utiliza Tino Casal para superarla, darle un tono de voz grandioso, de crooner dolorido, con una letra dramática y aún encima con una curiosa "anomalía de sonido" que redondea su leyenda: parece ser que la guitarra llevaba un pedal defectuoso que acoplaba con la mesa de mezclas. "Intentamos arreglarlo", dijo Tino, "pero no hubo manera". Pues mucho mejor así, porque el sonido en el puente le da un aire psych que redondea un resultado tremebundo. Luego hubo otros dos singles sin pena ni gloria y Tino abandonó el grupo: su salto a la Historia del pop nacional ya estaba hecho, aunque quizá no fue consciente de ello hasta mucho después.

La selección 12+1, como siempre fuera de programa, es propaganda gubernamental; así, como suena. A principios de los años 60, supongo que por intereses políticos o de cualquier otro tipo, Occidente decide que el café es un artículo muy saludable y que su consumo ha de ser promocionado. En consecuencia se crea el Comité Mundial de Promoción del Café con delegación en varios países, entre ellos España, y los primeros anuncios aparecen en la prensa estatal sobre 1963. Cinco años más tarde, en 1968, las autoridades deciden pasar a mayores y utilizar el gancho que al parecer posee la música ratonera para influir a la gente joven: una agencia publicitaria financia la grabación en los estudios Celada de un single que será de entrega gratuita; para ello se prepara una letra que alabe el café y que será cantada por Henry (el de los Seven) acompañado por la orquesta de dichos estudios. Esa canción es "Lo que puede ocurrir con el café", una pieza realmente buena, al más puro estilo soul pop nacional, que ya está incluida en algunos recopilatorios del género. Así que solo me queda recomendarles que disfruten de tan magnífica publicidad mientras saborean una buena tacita de café, por supuesto.

Supongo que entristecerá un poco, a los que somos más puretas, terminar nuestro viaje por las catacumbas españolas sesenteras, aunque su encanto casi naif malamente consigue ocultar sus muchas carencias y debilidades. De todos modos, tal vez a algunos parroquianos más jóvenes les haya hecho gracia este viaje, así que por si acaso aquí les dejo el paquetillo correspondiente con las canciones que se han pinchado en esta fiesta. Y, ya metidos en gastos.., ¿qué tal si añadimos la película esa tan citada últimamente en el tugurio? Exactamente, "Un dos tres, al escondite inglés", la ópera prima de don Iván Zulueta. Imagino que la mayor parte de nuestros distinguidos parroquianos ya la conocen, pero nunca está de más recordar una historieta tan entrañable, infantil y alocada. Y a quien nunca la haya visto seguro que le corroe la curiosidad, así que...

* * *

https://eltugurioderick.blogspot.com/

* * *

Etiquetas:

0 comentarios:

Publicar un comentario

<< Página principal