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El Amigo de las Tormentas - La Verdad Beatles

Elvis está vivo, pero reside en una isla. Tan sólo se aparece de vez en cuando a los fans obsesivos.

Paul McCartney murió y fue sustituido por un doble. Si analizas algunas letras y portadas de los Beatles encontrarás la verdad.

Marilyn Manson salía en Aquellos maravillosos años. Era el amigo del protagonista.

El 11-M fue culpa de ETA.

Si pensabas que ya habías leído suficientes idioteces y leyendas urbanas a estas alturas de tu vida, te confundías. El pájaro de abajo asegura que The Beatles dejaron de hacer conciertos en 1966 porque eran unos mediocres instrumentistas. A partir de ahí, se limitaron a aparecer en portada de los discos y cobrar royalties. El texto es largo, pero merece la pena echarle un vistazo, ya sea por su desconocimiento total del tema del que habla, por sus citas gratuitas, por su caligrafía furiosa de columnista de Libertad Digital, por sus chascarrillos. Este hombre es un punk y aún no lo sabe...

En julio de 2006 se ha impartido un curso de verano de la universidad de Almería titulado "Los Beatles, su música y su tiempo". Sesudos profesores han venido con su retórica hagiográfica a explicar en profundidad cuán excelsas son la música y la letra de las canciones de los Beatles. Ellos sabrán por qué, pero lo cierto es que, tras leer tales laudas y ditirambos, no tengo más remedio que dar una opinión contraria. Las grabaciones anteriores a 1966 demuestran que los Beatles fueron mediocres instrumentistas y cantantes. Esto fue la causa de que, desde ese año hasta su disolución, no pisaran nunca el escenario; las grabaciones posteriores a dicho año muestran, paradógicamente, a unos músicos excelentes y con dominio de multitud de instrumentos; es decir: no tocan ellos. Cuando el grupo se disuelve y cada uno de sus miembros hace su carrera independiente, nos encontramos nuevamente con unos solistas sin técnica instrumental ni vocal y hasta sin capacidad de invención melódica. No es difícil comprender lo que sucedió para que apareciesen hermosas canciones estupendamente interpretadas; y es que los componentes de The Beatles, guiados ya por la poderosa industria del disco, probablemente se limitaran a aparecer en portada de los discos y a cobrar los derechos de autor. Pero hay una surrealista explicación, encontrada en una de las páginas WEB dedicadas al grupo, en la que se lee que dejaron de actuar en directo porque "agotados por las giras, las presentaciones, las intervenciones públicas, los homenajes, etc., the Beatles abandonan los conciertos en vivo a partir de 1966. Sus canciones también se habían hecho demasiado complejas para ser interpretadas en directo; por todo ello, se dedican a hacer discos". Parece un chiste pero no lo es y por lo tanto queda como un argumento "escrito por un idiota", como diría Shakespeare, pues les hace más daño que bien, y con él se cumple el viejo dicho "La estulticia trabaja siempre en perjuicio propio".

Hablamos, pues, de un grupo 'musical' que llegó a enriquecerse actuando como intérpretes musicales sin necesidad de conocer los rudimentos de la música. Y en Almería se les dedica nada menos que un curso de universidad. ¿Y por qué; qué han hecho estos señores por Almería?, se preguntará el lector sin prejuicios, supongo que asombrado. Nada especial, sólo que uno de ellos visitó la ciudad y provincia durante seis semanas en 1966 con motivo del rodaje de una película por sus desiertos parajes, y aquí se inventó una de sus "más emblemáticas canciones". Si por lo menos su canción estuviese inspirada en o por la ciudad de Almería y se hubiese titulado, por ejemplo, "Cañillo Puerta Purchena forever" o "Desierto de Tabernas forever", podríamos entender algo. Pero no, él se acordaba con nostalgia de su barrio de Liverpool y se decía "¿qué puñetas hago yo aquí en vez de estar en el rincón favorito de mi infancia, aquel campo de fresas?". Sólo falta su estatua en el centro de la ciudad, mas todo llegará; sólo hay que esperar a que se termine de restaurar aquella casa donde dormía y que, convertida en museo, tendrá una habitación a él dedicada.

Cuando se escriben y divulgan tantas hagiografías, ocurre que de tanto repetir lo bueno parece que lo menos bueno no existe, y da lugar a estados mentales de entrega incondicional, con lo que se confirma aquello que decía Helvecio: "El grado de espíritu necesario para complacernos es una medida bastante exacta del grado de espíritu que tenemos". Afirmar que "Los Beatles constituyeron sin lugar a dudas uno de los fenómenos artísticos más importantes e influyentes de la segunda mitad del siglo XX", como dijo en su conferencia un profesor de la universidad de Granada (ver El Mundo del día 19 de julio) es un disparate y un insulto a la inteligencia. Más cierto es que 'la música de los Beatles es a la música lo que un ladrillo a un diamante'. Y leer en El País (también del 19 de julio) un titular a grandes letras que dice "El método Lennon de inglés" porque un profesor usaba las letras de sus canciones para dar sus clases, es desternillante, como mínimo.

De cualquier forma, el "fenómeno Beatles", que ciertamente existe, no es un "fenómeno musical", sino algo enmarcado dentro de un esquema categórico más amplio, en relación exclusivamente con la sociología de las masas. T. W. Adorno lo dijo bien claro: "La cultura masoquista de masas constituye el fenómeno imprescindible para que entre en acción la todopoderosa industria productiva, que deja al consumidor en la actitud del prisionero que ama su celda porque no le han dejado otra cosa a la que amar" . Los promotores de la industria del disco también lo han visto claro, solo que ellos actúan con un pragmatismo brutal y alienante: creen al público tan mediocre que les parece necesario envilecer los objetos que se le destinan. En función de criterios comerciales, el promotor musical prostituye toda la música que pasa por sus manos y así, como dice como dice Roland de Candé, "la industria proporciona un fondo musical espantosamente uniforme: uniformidad en el timbre (el de los altavoces mediocres; el oyente se habitúa al timbre del altavoz y acaba tomándolo por la realidad musical); uniformidad de matices (todo es o demasiado fuerte o demasiado débil); uniformidad de la expresión (los desperdicios del romanticismo musical); uniformidad de la escritura primaria y de los ritmos estereotipados; y uniformidad de una estética simplista, fundada en la adaptación grosera de un sistema caduco".

Quizás a algunos les parezcan duras estas palabras, pero creo que, ante la desproporción que existe entre los hechos (Los Beatles y su mediocridad paseando por Almería) y la respuesta de los responsables municipales (museo, curso en la UAL y otras exageraciones), alguien no condicionado tenía que hacer ver que "el rey va desnudo". Da igual quién lo diga; lo importante es que lo que se afirma esté basado en argumentos propios de la lógica dialéctica y del 'principio de razón suficiente'.

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Este texto, firmado por un tal Nacho, aparecía como comentario a una noticia aparecida en Periodista Digital sobre las desavenencias entre Jesús Cacho y Pedro Jeta. No, yo tampoco encuentro la relación. No sé si este hombre publica en algún medio pero, desde ya, cuenta con un seguro fan. ¡¡Nacho, cuéntales que en realidad a Brian Jones se le cargaron Jagger y Richards!!

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