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El Crimen del Pianista del Café Suizo

TOCATA Y FUGA DE “CANDY”. EL CRIMEN DEL PIANISTA DEL CAFÉ SUIZO

Adolfo Montero, un profesor de piano que actuaba diariamente en el Café Suizo de la capital, murió brutalmente apuñalado la fría noche del 10 de enero de 1905 en el transcurso una violenta disputa mantenida con el amante de la mujer a la que el músico pretendía, y que según se comentó entonces por el barrio de la plaza de toros, el móvil del homicidio fue debido una cuestión de índole económico.

Esta muerte violenta fue sin duda el caso más popular ocurrido en la capital almeriense durante los primeros años del pasado siglo XX dadas las diversas y variadas circunstancias que concurrieron en el crimen, ya que el músico era una persona muy apreciada y conocida en la ciudad quien solía intervenir de forma altruista en cualquier actividad musical benéfica que fuese requerido.

El popular café Suizo se encontraba en el paseo de Almería, numero 8 y cerró sus puertas al público a mediados del mes de agosto de 1941.

Según declaró en su día ante el juez durante la celebración del juicio, Julio Fernández, el acusado del crimen, esa noche salieron los dos hombres juntos del Café Suizo donde habitualmente actuaba el pianista tras finalizar la actuación de éste, ya casi de madrugada y al parecer ambos con unas copas de más, se dirigieron hasta la calle Méndez, donde vivía Candelaria González conocida como “Candy”, la mujer que desde hacía unos seis años y medio hacia vida marital con el procesado.

Al llegar a la casa, Adolfo Montero tocó la puerta de la vivienda con la intención de ver a la mujer, ya que según se comentaba en aquel tiempo entre los vecinos de la zona, el maduro profesor de piano se entendía con ella con la total anuencia del procesado ya que el pianista solía ser bastante esplendido y generoso con ella, aunque la muchacha bastante más joven que su rendido enamorado repudiaba al músico y llevaba cierto tiempo con ganas de poner fin a la singular relación, pero la mala situación económica por la que atravesaba la pareja fue al parecer el motivo por lo que la joven no rompiese las turbulentas relaciones con el profesor de música.

Franqueada la entrada por la joven, cuando los dos hombres se encontraban ya dentro de la vivienda se escucharon ruidos y fuertes voces seguidas de una detonación por un arma de fuego. Eso fue al menos el testimonio y lo que aseguró a las autoridades Pedro Gómez López el sereno, que fue prácticamente testigo ocular de los hechos y quien logro reducir al procesado. Tras el primer disparo, al poco tiempo, una mujer de mediana edad y en paños menores -la madre de la joven- se asomó a la ventana de la vivienda, gritando desaforadamente y pidiendo desesperadamente auxilio.

Pasaron varios minutos hasta que de repente se abrió la puerta de la casa saliendo precipitadamente un hombre huyendo desesperadamente a la carrera, mientras otro desde el mismo portal armado con una escopeta de caza y a unos treinta metros de distancia efectuaba un nuevo disparo que alcanzó al fugitivo en una pierna cortando en seco la fuga. El infortunado hombre cayó en redondo al suelo retorciéndose de dolor en medio de un charco de sangre.

En ese momento, según declaró en el juicio el sereno Pedro Gómez López que fue la persona que vio estas últimas acciones, el autor de los disparos, se dirigió rápidamente hacia el herido que se encontraba desvanecido en plena calle junto a un carro y cuando daba la impresión de que su intención era de ayudarle, el individuo sacó de entre las ropas una afilada navaja asestándole cuatro puñaladas en el tórax y en el estomago que acabaron con la vida del pianista en el acto.

Una de las cuchilladas le atravesó el corazón seccionándole la arteria pulmonar y otra le abrió un profundo boquete en la región abdominal desangrándose rápidamente. Los vecinos de la calle Méndez y de otras calles adyacentes, despertados por la fuerte algarabía y el estruendo de los disparos, seguían la terrible escena desde los balcones, aunque ninguno de ellos acudió en ayuda del infortunado malherido.

El asesino pudo ser finalmente reducido por el sereno quien durante el forcejeo para desarmar al homicida, resultó herido con diversos cortes en los brazos y manos. Ayudado finalmente por unos vecinos de la calle al percatarse de la violenta situación, el sujeto fue finalmente inmovilizado hasta que avisada la Guardia Civil por los propios vecinos, una pareja de agentes poco más tarde se hacia cargo del asesino.

Julio Fernández fue trasladado a las dependencias de la Benemérita ingresando de inmediato en los calabozos. Una vez instruidas las correspondientes diligencias, el individuo pasó a disposición de las autoridades judiciales quienes decretaron su ingreso en prisión. Un año más tarde fue juzgado en la Audiencia Provincial de Almería y condenado por un delito de asesinato.

Según se comentó. Candelaria González “Candy” la muchacha implicada involuntariamente en el dramático asunto, unos meses más tarde abandonó la capital marchándose junto a su madre a un pueblo de la provincia de Jaén donde vivían unos familiares sin que ya nunca volviese más a la capital. El denominado “crimen del pianista” fue en esos primeros años del pasado siglo XX uno de los casos mas populares entre los almerienses, perpetuándose su recuerdo durante varios años mas eclipsado por la repercusión que tuvo “El crimen de Gador”.

JOSE ANGEL PEREZ

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