Mundo Musical Almería - Historia

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Juan Segura Santisteban

AUTOR DE LA FUENTE DE LOS DELFINES
(Aportación de R. L. Aguilera)

De un tiempo atrás se está recuperando de forma magistral a aquellas personas, generalmente almerienses, que con su arte en la pintura, la escultura, la imaginería, el bordado, la literatura, etcétera, han aportado sus sentires a la cultura almeriense, y que el paso del tiempo los ha ido dejando en el rescoldo de las tibiezas. No buscaban fama ni dinero, solo contribuir a la sociedad con su sencilla y bondadosa forma de entender la cultura desde este ínclito y vetusto entorno de desértica aridez. Juan Segura Santisteban murió el 1 de septiembre de 2010.

Juan Segura Santisteban, a quien tuve ocasión de conocer en el Ayuntamiento de Roquetas de Mar con un boceto de un campesinado agricultor, tras su vuelta de Ultramar a la mediterránea tierra que le amamantó en sus comienzos, y de donde metabolizó ese espíritu indaliano de tan compleja definición dramatúrgica y sociológica, y que por su carácter bohemio se adentró en esos otros plurales caminos que abrió el Movimiento Indaliano en los polifacéticos artistas, dejando plasmado su saber y entender en aspectos cotidianos de la vida, sin más ambición que ver la cultura como un arcoíris y un grito de libertad de pensamiento y expresión en un momento de grandes tribulaciones sociales impuestas por el sistema imperante de carácter totalitario.

Cursó estudios en la posguerra, en la Escuela de Artes y Oficios Artísticos, obteniendo la calificación del Premio a la Constancia en el Taller de Electricidad y Sobresaliente en Mecánica, Física y Química, y de quién el Fiscal del Tribunal Supremo Manuel Jesús Dolz Lago hizo un emotivo y sentimental obituario del autor de Los Delfines, situados éstos a la entrada al Parque Nicolás Salmerón por el silenciado Gran Hotel y frente a la Comandancia Militar de Marina, Juan Segura Santisteban es otro de los artistas almerienses que por su idiosincrasia personal ha tenido el reconocimiento expreso de la cultura almeriense.

Quien dedicó un panegírico de belleza literaria salida de pluma poética y narrativa es Ana María Romero Yebra, quien expresó con gran sentido estético, que la obra artística de Juan Segura Santisteban, inaugurada un 25 de julio de 1970, y construida en poliéster con un armazón de hierro, los cinco hermosos delfines, los cuales juegan sobre las olas en el centro de un estanque rectangular con la envoltura de un secular clamor medio ambiental: ¡El agua. Siempre el agua!". Y su presencia nos hace soñar arrullados por su rumor.

Rescatado por JOSE ANGEL PEREZ

https://www.diariodealmeria.es/opinion/articulos/fuente-delfines_0_1131787336.html


Juan Segura Santiesteban
En memoria del escultor almeriense Juan Segura
Manuel-Jesús Dolz Lago - Fiscal del Tribunal Supremo

¿Qué se puede decir de la vida de un hombre? Entre el natalicio y el obituario transcurre no sólo el tiempo, el lento y, a veces, rápido reflejo de la eternidad, también transitan los sueños, las realidades, esas gotas de rocío al amanecer en unos labios entreabiertos por el deseo, la caricia del viento, la brisa marina que al anochecer nos envuelve en una plácida calma acunada por un horizonte tenuemente enrojecido por el ocaso, las risas de las celebraciones y los estallidos multicolores de los abrazos, la sombría soledad nostálgica del pasado, el duro presente, ese dolor agudo de nuestro cuerpo que transforma todo en un infierno, el cielo del éxtasis, la familia agridulce, la luna conquistada tras un largo y penoso viaje, la travesía del desierto, el oasis, los pájaros que aletean nerviosos ante la impredecible esencia del destino, las obras regaladas, Venus triplicándose en onduladas formas verdinegras, el estrellado horóscopo con sus signos zodiacales, ese alegre bodegón de frutas luminosas, el rejoneo al toro de la vida, América, la lejanía de tu tierra, el paisaje desértico y cinematográfico de Tabernas, que querías envolver en celofán rojo, como la sangre, herido por la indiferencia.

¿Qué se puede decir en la muerte de un hombre? Su doloroso trance, la dosis de felicidad que tuvo, su imaginada y amarga agonía, su artística locura, la extraña, solitaria, extravagante vida bohemia en la que pasaba sus últimos días, tan alejada de la vida doméstica común, ¿quiénes somos nosotros para juzgarle?, muy pocos familiares incondicionales.

¿Qué se puede decir de la vida y la muerte de Juan Segura Santisteban? Tal vez, nada. Tal vez, todo. O, tal vez, sólo contemplar las formas que dio con sus manos al contradictorio espíritu de su tiempo, de nuestro tiempo, como su mejor recuerdo, reavivado por la íntima memoria familiar. En el parque Nicolás Salmerón de Almería, esos delfines ligeros como el aire, en colectiva e inocente ruta hacia ninguna parte, volando sobre las crestas de una mar bravía, amenazada con fundirse en la tierra seca del olvido, en la oquedad de la silueta de nadie.



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