Mundo Musical Almería - Historia

Información sobre la historia musical almeriense

Venta de Eritaña



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http://noticialmeria.blogspot.com/2016/10/hace-mas-de-28-anos-que-conoci-rocio.html

“Hace más de 28 años que conocí a Rocío Jurado” - octubre 05, 2016
La cantante y actriz almeriense Beatriz Molina cuenta a LA VOZ su vida artística y solidaria, colaborando altruistamente con la Asociación Cultural RJ, La Más Grande.

La almeriense Beatriz Molina se siente artista desde la misma cuna. Ha recorrido España actuando con su orquesta. Actuó en la boda de la hija de Amador Mohedano, Chayo. Ese mismo año, 2011, conoció el museo Rocío Jurado, de Chipiona.  Ha participado como actriz en diversas producciones, siendo su primera participación en la película ‘Aquí viene el Condemor, el pecador de la pradera’, del director Álvaro Sáenz de Heredia. Conoció a Rocío Jurado y al entonces su novio, José Ortega Cano, en un Corpus de Granada, haciendo gran amistad con Rocío. En la actualidad es la representante para Almería de la Asociación Cultural RJ, La Más Grande.
¿Cuándo iniciaste tu carrera artística?
En mi familia nadie ha sido artista. Mi vocación me viene por mi madre.

¿De tu madre?
Mi madre trabajaba en una tienda del Paseo y siempre estaba cantando.  Un día pasó el productor de Celia Gámez y tanto le gustó que habló con su madre. Lo primero que hizo al verla fue pedirle que se subiera el vestido. Mi abuela, a su solicitud le respondió echándolo de casa a bolsazos. La quería como primera vedette para una revista de Celia Gámez.

¿Y tu niñez?
En mi casa, la de mi abuela, era la Venta Eritaña. Era conocida como ‘La Bervely Hills de Almería’. Por allí pasaron los grandes de Hollywood del spaghetti western. Canté en público por primera vez en el Colegio del Milagro, estudiando 5º de EGB y más tarde, en el Teatro Cervantes.

La foto tuya con Rocío Jurado e Imperio Argentina ¿Cómo surgió?
Nos la hicimos en el Tívoli, Málaga, en el año 2003, durante una actuación de Rocío Jurado. Un mes antes del fallecimiento de Imperio Argentina. Allí también estaban sus hijos, Gloria Camila y José Fernando; muy pequeños. Imperio Argentina vino al camerino de Rocío, para darle una sorpresa y así surgió.

¿Cuándo conociste a Rocío Jurado?
Iba con el actor Jorge Núñez por el Corpus de Granada, hace más de 28 años. Vimos a José Ortega, siendo novios y le pidió que me permitiera conocer a La Más Grande. Me la presentó y nos invitó a cenar con ellos. Así empezó mi amistad con Rocío y su hermano, Amador. Rocío Jurado era una madraza, buenísima abuela y amiga de sus amigos.

Se habla del Museo Rocío Jurado de Chipiona
En Junio del año 2011, Amador Mohedano me invitó a la finca Los Naranjos, en Chipiona y tuve ocasión de ver el Museo Rocío Jurado.

¿Cómo lo viste?
Unos meses antes había cantado en la boda de su hija Chayo y celebrada en la finca Yerbabuena. Son dos naves; el museo con parte del vestuario y demás enseres y en frente, en otra nave, estaban el resto de trajes, trofeos y recuerdos de Rocío Jurado. Su primo, Manuel Jurado, dijo en el homenaje a Rocío, que sólo queda la firma del acuerdo entre el Ayuntamiento chipionero y Rocío Carrasco.

¿Cómo es Gloria Camila de cerca?
Es  muy noble y con la cabeza muy bien amueblada.


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https://blogs.lavozdealmeria.com/tal-como-eramos/2015/01/08/la-gruta-mana-y-el-bello-rincon/

La Gruta Mana y el Bello Rincón
enero 8, 2015 by Eduardo Pino
Antonio Forniéles con su novia, Pepi Sánchez, en la puerta de la antigua Gruta Mana. Años sesenta.

La carretera del Cañarete tuvo siempre el encanto que le dio la presencia constante del mar. Su proximidad a la ciudad, y a la vez el aislamiento que le  regalaban las montañas y los malos accesos, hacían de aquellos parajes sitios propicios para negocios discretos. Allí estuvieron desde antiguo dos ventas famosas: la de Ramírez y la mítica Venta de Eritaña, escenario oficial de grandes almuerzos y de mejores juergas.  En los años sesenta la calzada fue mejorando ostensiblemente, y lo que era un camino que serpenteaba por los desfiladeros de la Sierra de Gádor, se fue transformando en una carretera más o menos decente que unía la capital con los pueblos del Poniente, especialmente con Aguadulce, que en aquella década empezó a despuntar como destino turístico principal. El uso de los coches se fue generalizando y acercarse a aquellos lugares se convirtió en un paseo y después en una moda para la juventud de la época.

Con las mejoras en la carretera llegaron los buenos tiempos para los negocios que se instalaron al borde del camino. Allí estaba, en el kilómetro 108 de la Nacional 340, el Bello Rincón, subido sobre un cerro, mirando de frente al mar, tratando de explotar el encanto del paisaje. Su propietario, Nicolás Martínez César, trató de  dinamizar la empresa combinando la comida con el baile, en unos tiempos donde la fiebre de los guateques fue generalizada. En el verano de 1967, el negocio se anunciaba con el siguiente reclamo publicitario: “En el Bello Rincón, extraordinarios bailes los sábados y domingos, amenizados por la orquesta ‘Los Castizos’. En la Gruta Mana, Nicolás les ofrece un servicio esmerado de ambigú”. Y así era. Debajo del Bello Rincón, en el amplio espacio de una profunda cueva, Nicolás Martínez puso en marcha otro negocio al que bautizó como la Gruta Mana. Lo de gruta estaba claro por qué era, pero lo de Mana nadie sabía muy bien si se trataba de un capricho estrambótico del propietario, que un día aclaró que sólo era un homenaje a sus hijos, utilizando las primeras sílabas de sus apellidos, Martínez Navas.

Las familias iban los domingos a comer al Bello Rincón y por la tarde, las parejas se refugiaban en la oscuridad y en el ambiente cómplice de la Gruta Mana, donde no había más luz que la que proporcionaba un grupo electrógeno que alimentaba dos humildes bombillas de escasa potencia. Cuando sonaban las canciones lentas de Adamo allí dentro no se escuchaban otros sonidos que el de la música y el de los besos apasionados de los novios.

A finales de los años sesenta, ese tramo de carretera potenció su atractivo con la inauguración de la discoteca Baroque, que fue el detonante definitivo para convertir la zona en lugar de éxodo los fines de semana.  Durante aquellos años, el Bello Rincón de la carretera de Aguadulce estuvo dirigido por Nicolás Martínez, y desde 1971 por José Pérez Martínez, que se lo quedó en arriendo durante dos años.

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